El expresidente de Brasil y líder del Partido de los Trabajadores (PT), cuyas políticas sociales y económicas sacaron a más de 40 millones de brasileros de la pobreza y elevaron al gigante suramericano al lugar de sexta economía a nivel mundial, Luiz Inácio “Lula” da Silva, este domingo 7 de abril cumplió un año preso por una condena arbitraria y sin pruebas en su contra.

En el fallo condenatorio, el juez admitió que no tenía pruebas, pero aseguró tener “la convicción” de que Lula había cometido el delito del que se lo acusaba y afirmó que con eso “era suficiente”.

El juez federal Sergio Moro condenó a Lula, lo proscribió, le prohibió dar entrevistas y participar de la campaña presidencial. Gracias a esas medidas, el ultraderechista Jair Bolsonaro ganó las elecciones y se convirtió en el nuevo presidente de Brasil. Moro, un hombre vinculado al Departamento de Estado de Estados Unidos, hoy es el ministro de Justicia del gobierno que él ayudó a llegar al poder. Bolsonaro, por su parte, le ha devuelto el favor al Departamento de Estado alineándose incondicionalmente a las políticas de Washington –un claro ejemplo es la entrega de la base de Alcántara en la Amazonía al control del Ejército norteamericano–.

A un año de la injustica, Contexto dialogó con Oscar Laborde, diputado del Parlasur y coordinador del Comité Argentino “Lula Libre”. Laborde remarcó: “Todas las personas de buena fe tenemos un profundo sentimiento de pena, un dolor muy grande, porque Lula ha sido condenado por sus méritos, por la venganza de los poderosos que quieren dejar una advertencia para que nunca más un obrero se atreva a presidir un país tan importante”.

“Lula hizo crecer a Brasil. Sacó a 40 millones de brasileros de la pobreza y ahora cumple una injusta condena que no sabemos hasta cuándo lo mantendrá en esta situación”, señaló.

Laborde aseguró que “el encarcelamiento de Lula también es una muestra de hasta dónde está dispuesto a seguir el poder para aplacar los intentos de reconstrucción del campo popular”.

“Hubo un poco de candidez del movimiento popular, un poco de inocencia al creer que la derecha podía actuar de otra manera. Se trata de los mismos sectores que impulsaron intervenciones, dieron los golpes de Estado, hicieron desaparecer a miles de compañeros. Esa voluntad de la derecha de no tener límites para sus fines nunca debió estar en dudas”, afirmó.

El parlamentario sostuvo que “Lula está preso por política y la solución para que esa injusticia termine también depende de la política. Por Lula, el campo popular de Argentina debe ganar las elecciones de octubre. Si ganamos las elecciones en Argentina comenzamos a construir el camino para que Lula salga en libertad, para que Correa vuelva a Ecuador y para volver a pensar en la Patria Grande”.

“El encarcelamiento de Lula es parte de un plan que empezó con la destitución de Dilma Rousseff, que continuó con el encarcelamiento y la proscripción de Lula y con el intento de achicar el peso del Partido de los Trabajadores en Brasil. Todo ello llevó al poder a una personalidad tan brutal y tan primitiva como Bolsonaro”, concluyó Laborde.