Por Ramiro García Morete

“¿Qué sería de un club sin el hincha? Una bolsa vacía. El hincha es el alma de los colores. Es el que no se ve, el que da todo sin esperar nada. Eso es el hincha… Eso soy yo.” Si bien en nombre de esa liturgia se ha llegado a lugares oscuros y la bolsa se llenó de otras cosas muy ajenas a la pasión genuina, el siempre vigente Discépolo no deja de representar buena parte la cultura erigida alrededor del fútbol. Porque no hay otra forma de llamarla sino cultura. Apelando a figuras y personajes reconocibles, partiendo desde el humor y con la musicalidad uruguaya como vehículo, Cantata-Tagol toma la pelota como puntapié inicial para desentrañar rasgos de nuestra idiosincrasia. Gustavo Portela, Nicolás Allegro, Pablo De la Fuente, Luciana Guglielmino y Pablo Quiroga (con asistencia de Gabi Díaz) encarnan relatores, hinchas, el choripanero, el trapito, el árbitro y los jugadores, y “se hacen presentes en el espacio de la ficción, para cantarnos y contarnos quiénes son y qué moviliza sus pasiones”. El espectáculo, creado en 2011, encara una nueva temporada nada menos que inaugurando la Sala B de Lucamba, una alternativa que el bello club cultural ofrece y que no sólo se adapta a espectáculos pequeños, sino a tiempos donde la convocatoria se hace difícil. Pero, como tantos espectáculos autogestionados, Cantata-Tagol sigue pateando para adelante. Y es que la pelota… la pelota no se mancha.

“Surge de las ganas de haber vinculado a la murga con reminiscencia uruguaya introduce Pablo Quiroga, parte del elenco. No es una murga uruguaya, porque somos cinco.” Excepto él, cuyo origen y formación es más musical, “el resto tiene mucha experiencia y mucho trabajo en el ámbito del teatros”.

“Hablar de fútbol en el sentido poético es hablar de la idiosincrasia y cultura argentinas asegura Quiroga. Usarlo para hablar de la identidad y las pasiones y las prácticas culturales nos pareció interesante como recurso.” Y agrega: “Por más que haya gente que no es fanática del fútbol o no lo siga mucho, es algo que atraviesa la vida cotidiana. El espectáculo no se mete tanto en cuestiones específicas para un público necesariamente futbolero, sino que es interpelado por lo que decimos que es la argentinidad”.

El espectáculo avanza como analogía de una jornada futbolística, pero no sólo se reduce al humor: “Hay varios momentos emotivos que tienen que ver con las grandes proezas del fútbol que han logrado hacer mella en la historia. Alguna referencia al gol de Maradona a los ingleses, situaciones ligadas al potrero de barrio, desde el pan y queso, hasta jugar en la escuela con un bollito de papel”, agrega.

Otro lugar recurrente es citar el fútbol como “reflejo de la sociedad”. Pues bien, la sociedad cambia. Y el espectáculo también: “Sí, constantemente, cada periodo nos ha sugerido modificar algo. Ya sea algo que nos parecía que debíamos decir o dejar de decir. Incorporar o relacionar cosas que en otro momento fueron pensadas de otra manera, y que ahora decirlas se vincula con algo. Eso lo mantiene vivo”.

Y algo que se refleja en cualquier producción artística de la actualidad es la crisis económica. “No hay forma de que no impacte. El otro día hablábamos de que es imposible llevar adelante el proceso creativo desde cero hasta hoy, en esta coyuntura. Lo hicimos en 2011 con la posibilidad de darle tiempo. Hoy sería imposible, porque estamos tapando agujeros todo el tiempo.” Quiroga cuenta que antes tenían más trabajo y con mejores arreglos. Este sábado, el espectáculo será a la gorra. “Es adaptarse para el público y porque realmente no podríamos hacerlo de otra manera”, dice.

Quiroga bien sabe de los obstáculos no sólo por su condición de artista, sino por ser uno de los responsables de Lucamba, sala de considerable dimensión. “La sala nueva ocupa el espacio del pullman, lo cerramos y lo usamos como una especie de anfiteatro. La capacidad de la Sala B es de cincuenta personas. Entonces es más accesible para fechas de menor caudal.”

“Para mí el hilo es cultural cierra Quiroga vinculando el fútbol con la música. Me parece que ambos, en términos de industria cultural o de negocio mediático, han ido hacia un lugar que fue perdiendo de alguna manera la relación o participación de la gente. Pero realmente tienen una potencia en la posibilidad de generar situaciones sociales muy fuertes. En el fútbol se está haciendo un espectáculo que se vive, no se observa. Y en la música también. No es una situación que sólo se observa. Sino te quedás en tu casa mirando el partido o escuchando un disco.”