Por Pablo Pellegrino

La pobreza en Argentina alcanzó en el segundo semestre de 2018 al 32% de las personas, y la indigencia trepó al 6,7%. El dato significa un empeoramiento de las condiciones de vida en el país hacia el final de un año marcado por la crisis cambiaria y financiera, la inflación récord y la caída abrupta de la actividad económica.

Respecto del mismo período de 2017, el salto es de 6,3%, y en relación con el primer semestre de 2018, fue de 4,3 puntos porcentuales. La medición se realiza sobre los aglomerados urbanos de todo el país, pero deja afuera a gran parte de la población –sólo alcanza a unas 27 millones de personas–, por lo que, si se extiende el porcentaje al total de la población, son casi 3 millones más los argentinos que no lograron cubrir la canasta básica total. El índice de pobreza extendido al total de la población superaría el umbral de los 14 millones de personas.

En la ciudad de La Plata, el aumento de la pobreza siguió los pasos del índice a nivel nacional: los ingresos del 30,9% de los platenses no llegaron a superar la línea de pobreza, mientras que la indigencia alcanzó los 7,7 puntos porcentuales. Esos números representan a unas 271 mil personas pobres y poco más de 67.500 indigentes, cuando el año anterior se habían registrado 200.600 y 21.800 casos, respectivamente.

Es decir que en un año la gestión del intendente Julio Garro aumentó en 70 mil las personas pobres en La Plata y sumó más de 45 mil nuevos indigentes. 

En La Plata, 270.933 (30,9%) personas se hallan bajo la línea de pobreza y 67.576 (7,7%) bajo el umbral de la indigencia.

Las preocupantes cifras difundidas por el órgano estadístico se suman a las que publicó días atrás la Universidad Católica Argentina sobre la pobreza en términos multidimensionales, es decir, sumando a la brecha entre ingresos y canasta básica la garantía de otros derechos sociales y económicos. Según la UCA, ese índice alcanzó al 31,3% de la población, número que ubicó el de 2018 como el peor registro de la década en curso.

El miércoles, un día antes de conocerse las cifras de la pobreza y la indigencia, se difundieron también los datos de la canasta básica alimentaria –que determina la línea de indigencia– y la canasta básica total –el umbral que tiene que superar una persona para no ser pobre–. En febrero, registraron un aumento de 5,1% y 4,3% respectivamente, y en términos interanuales acumulan un 59,1% y 57,2%, por encima del índice de inflación.

Según las estimaciones del instituto estadístico, el ingreso promedio de los hogares pobres en los aglomerados urbanos fue de 14.872 pesos, y la brecha con la línea de pobreza en el segundo semestre de 2018 fue del 38,9%. Es decir, se necesitaron casi 10.000 pesos más para no ser pobre.

Luego de la publicación del INDEC, los ministros de Desarrollo Social, Carolina Stanley, y de Producción y Trabajo, Dante Sica, ofrecieron una conferencia de prensa en la que ratificaron el rumbo del programa económico como única vía para reducir las sensibles cifras de pobreza.

“La pobreza duele y hoy es un día triste, porque lamentablemente la pobreza es alta en Argentina”, dijo Stanley, quien destacó, sin embargo, que “hace tiempo decidimos hablar sobre este tema y decir la verdad”. La ministra afirmó que la prioridad del gobierno “sigue siendo bajar la pobreza”, y consultada sobre el eslogan de campaña de 2015 en el que el entonces candidato Mauricio Macri prometía pobreza cero, reiteró que “tenía que ver con un objetivo, con un horizonte”.

Sica, por su parte, ratificó “el rumbo del programa económico”, y agregó que «estamos en un momento en el que el mundo se mueve, tenemos un tipo de cambio flotante que se adapta al resto de las monedas, posiblemente tengamos mayor volatilidad, pero estamos más fortalecidos que durante la crisis”.

“El camino que elegimos es el que nos va a sacar a un sendero de recuperación”, remató el ministro de Producción y Trabajo.