Cada período de inestabilidad económica trae aparejada, a modo de respuesta, una alternativa. En ese sentido, y de la mano de los avances tecnológicos, un grupo de platenses gestó una nueva manera de esquivar los embates del mercado oficial y apostar a otro modo de acceder a bienes. Se trata de la comunidad de la “Moneda Par”, la primera moneda argentina digital alternativa al peso, que ya empezó a convocar a colectivos de personas que optan por este recurso a la hora de consumir.

El espíritu de esta propuesta surge en los últimos meses tanto de la búsqueda por estimular el consumo autogestivo y sustentable, como de una fuerte desconfianza al mercado tradicional y a los desvaríos que viene sufriendo la economía argentina en los últimos años. Artesanos, productores agrícolas, cooperativas, pequeños emprendimientos, profesionales ofreciendo servicios varios, son algunos de los bienes que gravitan en la asamblea platense que tiene su punto de encuentro cada quince días en el Centro Cultural Olga Vázquez.

“Los valores en los que se funda Moneda Par son el respeto por los demás, la ayuda mutua y la confianza entre las fuerzas propias de cada comunidad. Es el valor de la solidaridad”, explicó Pablo Cabo, uno de los tantos activistas de La Plata que ya se sumaron a la coordinación de esta comunidad.

se trata de una “comunidad organizada” que apunta a que cada parte tenga algo para ofrecer y llevar, para ser autosuficientes.

En diálogo con Contexto, Cabo afirmó que se trata de una “comunidad organizada” que apunta a que cada parte tenga algo para ofrecer y llevar, para ser autosuficientes. En La Plata, la asamblea ya reúne unas cuarenta personas de entre veinte y cuarenta años. Allí también se desarrollan “bolsas de trabajo”, donde muchas personas buscan u ofrecen trabajo acorde a cada necesidad.

“Hay mucha juventud de por medio, que nos conocimos muchos en el Movimiento Agroecológico de La Plata. En ese sentido, hay una desconfianza a todo lo que esté hecho con agrotóxicos, con conservantes, toda la industria química que se aplica en los alimentos”, dijo Cabo. “Si alguien entrega un producto y no necesita llevarse nada del oferente, le queda un saldo a favor en su billetera digital, que lo puede usar cuando lo desee.”

Una moneda en crecimiento

Tal es el caso de Martín Solé, residente de Plátanos, en el vecino distrito de Berazategui, quien encontró en la comunidad Par la oportunidad de comerciar los jabones, dulce y panificados que produce junto a su pareja, Julieta Rodríguez. Solé, como tantos otros, apuesta a la “soberanía alimentaria” como un concepto clave y sostiene que la Moneda Par, todavía en crecimiento, tiene el desafío de instalarse en ámbitos familiares y barriales.

“Todavía es incipiente. Yo noto que en los encuentros del Olga Vázquez todavía hay muchos chicos jóvenes solos, que llegan porque buscan un lugar ‘outsider’, marginal del sistema. Creo que uno tiene que estimular a ir con la familia, con amigos, con gente conocida y que esto cada vez alcance a más gente.”

Moneda Par es la primera moneda electrónica argentina basada en tecnología Blockchain. Según explican, ente sus características se destaca que “no se puede falsificar y se asegura a través de criptografía; se tiene control central del crédito de los participantes, se tiene un registro contable público y brinda transparencia”. La billetera se descarga al celular y funciona como un “banco en el bolsillo”.

Los precios que se fijan, explican sus participantes, son manejados en el momento y se mueven acorde a las necesidades de cada consumidor y productor. “Uno ofrece sus servicios o productos dependiendo de lo que el otro busca, por eso estamos en búsqueda de que todos podamos producir algo. Hay que pensar en las necesidades de los demás. Yo puedo ser ingeniero y decir ‘voy a ofrecer mis servicios como ingeniero’, pero las necesidades son otras, más básicas”.

Comidas veganas, cepillos de dientes de bambú, vinos orgánicos y plantas medicinales, hasta frutas y verduras de huertas familiares, son algunos de los productos que circulan en la comunidad de productores-consumidores sumados al uso de Moneda Par.

Martín Solé, del vecino distrito de Berazategui, encontró en la comunidad Par la oportunidad de comerciar los jabones, dulce y panificados que produce junto a su pareja.

Cabe destacar que una de las características de esta aplicación es que, a diferencia de otro tipo de criptomonedas como el Bitcoin, no puede ser acumulable, lo que obliga a que la transacción se consuma de la manera más expeditiva posible y que el usuario no pueda especular con el ahorro a futuro.

Entre el trueque a la App

La Moneda Par muestra reminiscencias de los viejos “clubes de trueque”, nacidos en el Conurbano bonaerense en la recta final de la década de los noventa, como alternativa a la expulsión del sistema productivo y laboral que sufrieron miles de argentinos como resultado de las políticas del menemismo. Los “créditos” –presentados como “tickets del programa de autosuficiencia regional”– eran la moneda de cambio que regulaba la circulación de productos y servicios en los trueques, que podían ir desde un paquete de yerba o harina, una tarta de ricota o un CD de música, hasta un juego de muebles o un automóvil.

El espacio más importante de estos mercados paralelos fue “La Bernalesa”, establecido en 1995 en el galpón de una vieja fábrica textil abandonada de Bernal, en el partido de Quilmes. Allí se gestó el primer movimiento del trueque que, de algunas decenas de personas en un comienzo, llegó a convocar miles de participantes de toda la provincia e incluso el interior del país. Hoy, como sucedió a mediados de los noventa, la práctica vuelve a asomar cabeza a la sombra de una nueva recesión económica.