Por Ramiro García Morete

“El mundo cambió y ya está. Y cuando ves algo, lo ves para toda la vida.” Aquel fin de semana de 2012 o 2013 en Rosario conoció a un chico. Hablaron, se gustaron, chaparon y algo cambió. No diríamos que su mundo, pero sí que un mundo emergió. Tampoco diríamos que fue el chico en sí. Pero, como siempre, brotó con forma de canción. El mismo mundo que cambió cuando entre los pocos y clásicos álbumes que escuchaba su padre (Greatest Hits II de Queen, El amor después del amor de Fito y alguno de los Beatles) descubrió en un pequeño teclado Casio amarillo “el botoncito que tiraba bases”. Allí podría improvisar, del mismo modo que hace hoy cuando suelta la guitarra y baila entre el público. Ese mundo que también cambió un poco cuando la señora que trabajaba en lo de su primos porteños le obsequió una revista de Luis Miguel. A los doce años pudo ser otra niña enamorada del cantante, pero a ella no le interesaba “Micky” (como gritaban en los recitales), sino lo que pasaba con esa voz, con esas letras. Tanto, que para un cumpleaños le regalaron un micrófono que conectado a los parlantes servía para interpretar toda la discografía del Rey Sol. El chico de Rosario, a quien saludamos afectuosamente resguardando su identidad, pasaría a un segundo plano tarde o temprano. Pero no las canciones que inspiró. “Primero el amor y después la canción”, dice al evocar. Lavial, la banda donde tocaba básicamente la guitarra y metía algunas voces, no tenía lugar para ellas. Su hermano Joaquín se estaba juntando con una baterista y al llamarla para sumar una guitarra les mostró “Me gustás”. La canción efectivamente gustó y al siguiente ensayo no sólo mostró una nueva, sino que convocó a su eterna compañera: Candelaria. Desde Plan B hasta la actualidad –cuando cierran los conciertos con la talentosa guitarrista “tirándole encima” el instrumento a la cantante–, han compartido aventuras musicales y vitales. Fue precisamente en el cumple de Candelaria que antes de tocar surgió el nombre entre sus compañeres y le encantó. Simple y fuerte, con algo de humor… pero con el galope del corazón marchando hacia adelante que la llevó a grandes festivales como el Lollapallooza, a México, a Europa y básicamente a un lugar donde habitan sus intereses. Con la canción como lenguaje, el pop como sonido y el amor como eje temático, Sofía Vitola (de ella estamos hablando) sigue expandiendo ese mundo que ama poniéndole hermosa voz y poderoso rostro a Potra. Y el corazón, sobre todo.

“Mi medio es la canción –define Vitola–. Yo quiero decir cosas, tengo una necesidad de comunicar y expresarme. Y dar algo al otro. La canción es la excusa para llegar al otro. En principio me pasa a mí. Y la segunda instancia es que lo quiero compartir a la gente que le interesa y quiere compartir eso conmigo.”

Su tópico recurrente es el amor, lo cual puede ser doblemente difícil, ya que no sólo es el más abordado, sino que en la actualidad es interpelado por sus posibles subtextos negativos. “El amor es interminable, no pasa de moda. Como la canción, que no pasa de moda.” Y extiende: “Lo que pienso es que si vos escribís lo que sentís, está bien. No porque sea la única forma. Me cuesta escribir algo que no me está pasando. Podría no hacerlo. Lo he hecho para cosas que me encargaron. Pero si uno escribe desde el corazón, si entendés la situación y querés decir algo…”.

“Hay un montón de canciones que no se pueden escuchar más. Punto. El mundo cambió. Nuestras mentes están cambiando, aprendiendo y corriéndose de muchos lugares. Hay un cambio de paradigma”

Aunque aclara: “Hay un montón de canciones que no se pueden escuchar más. Punto. El mundo cambió. Nuestras mentes están cambiando, aprendiendo y corriéndose de muchos lugares. Hay un cambio de paradigma. El mundo cambio y ya está, es otro. Como cuando ves una cosa. Una vez que viste algo, lo viste para toda la vida”.

Por eso la histriónica cantante se despega –con humor, por supuesto– de la idea de “drama queen” en sus canciones: “Un poco me río de mí. Será estar psicoanalizada: reírse de uno, de todo, de las dificultades, de lo que hace el otro… aunque en verdad nadie te hace nada, sino que uno está absorbiendo lo que el otro hace, una manera de canalizar. Siempre desde uno, no desde el reproche. Ese también es el lugar que elijo como mujer en este mundo. Si no, hay una cosa que te pone en el lugar de ser presa de la que espera, donde el hombre propone y la mujer espera. Siempre la mujer está con la respuesta en la mano y nunca con la pregunta. Y en Potra es la mujer la que pregunta si querés que te pase a buscar”.

Respecto de la actuación en Casa Unclan, dice que están contentes. “Es un show de Potra, lleno de energía y de sorpresas. Tocar en La Plata nos encanta. Vamos un montón, nos sentimos muy cómodos y la gente nos recibe muy bien.”

Adepta a las playlist, donde suena mucha bossa, música mexicana y canciones varias que van desde José González a Louta, expresa sus deseos desde lo sonoro: “Tengo ganas de grabar algo acústico. Y después algo electrónico. Se trata de ir respetando el momento de cada cosa. Trato de ser abierta a la música nueva. Si no en dos minutos, es conservador con todo. Ir dentro de lo que esté con uno mismo. Nada te corrompe si hacés lo que te gusta y respetás la voz”.