Por Ramiro García Morete

“Quiero vivir diez vidas de caravana/ quiero sentir la vida después que vos/ ya soy así, este ritmo te lleva a nadar/ ese sueño en tu océano de ilusión”. Inclusive la fiesta más divertida implica algo de esfuerzo, algo de sacrificio. Alguien tiene que cargar el cajón con las bebidas. E inclusive la canción más eufórica debe contener un sesgo de pena, porque sólo así se la baila con el alma. El Petru -como le dicen cuando no le dicen “doctor Iván Petruvic” en el respetable ejercicio de la medicina- lo sabe. Más de una vez, como varios de sus compañeros, ha hecho el raid: viernes a la noche Trelew, tocar sábado a la noche, viajar domingo temprano para estar el lunes a las 8 en su trabajo porteño. Porque entre ambas ciudades transita parte de un camino que, finalmente, los llevaría por muchos puntos del país y hasta Europa. Y fue precisamente sobre autobuses que la broma de un grupo de amigos que cambiaban letras de canciones burlándose de los profesores del Comercial 1 de la ciudad chubutense llegó más lejos que aquel viaje que emprendieron cuando gran parte llegó a la Capital Federal para estudiar de verdad. Algunos, inclusive, obtendrían títulos respetables. Pero jamás dejarían de ser el grupito revoltoso del fondo del autobús. Porque alrededor de 2003 o 2004 aprovechaban la generosidad de algún candidato que ponía a entera disposición transporte para que fueran a votar. Era no sólo la oportunidad de ejercer el deber democrático sino de visitar las familias… y divertirse. Entre el deber y el beber, las largas horas de ruta serían amenizadas con una guitarra, una melódica, un charango. Una de esas noches previas a los comicios, sin demasiado por hacer en Trelew, coparon una diminuta cervecería. Habría veinte o treinta personas que escucharon un tema escrito en el colectivo. Petru, que era el único que no había tenido vínculo directo con instrumentos en su casa, no imaginaba aún que terminaría siendo la voz principal. Por entonces no había Instagram ni Facebook, pero de a poco los testigos del fogón que se expandía sugerían grabar. Sin playa ni patios ni nada del hábitat natural, terminarían pagando una sala en Buenos Aires y asumiendo que eran una banda. Una banda que registraría cuatro discos, DVD en vivo, llenaría desde el importante Niceto hasta el Club Huracán de su ciudad.

Rodrigo Paz (guitarra y voz), Denis Davies (bajo, voz y coros), Ivan Petrunic (voz), Juan Sampini (batería), Juan Fantaguzzi (trompeta), Cepi Funk (saxo), Germán Bogliacino (percusión) y Lautaro Lefuman (guitarra) son Falsa Cubana. Rock, cumbia, ska, punk y, sobre todo, descaro y desprejuicio. El mismo que se conserva en Enciende, EP de 2018 que los muestra en solidez sin perder el espíritu de un viaje que, como la fiesta, tiene para rato.

Tras una pequeña gira de verano, la banda proyecta seguir grabando y completar lo que comenzaron con el último EP. “Es la ventaja que tiene grabar en este formato -cuenta Petru-. Contás con más tiempo para producirlo y preproducirlo y dedicar más tiempo. Te vas focalizando, repartiendo el laburo. Además, hoy sacar discos de entre diez y doce temas es carísimo, lleva mucho tiempo. Es una apuesta, no sólo la producción sino la reproducción.”

El cantante habla sobre la evolución de la banda: “No solamente uno quiere crecer, tener complejidad en letras y melodías. Y crece en el número de primaveras. Vamos a cumplir catorce años… uno se va alejando un poco del fogón que nos vio nacer. Y esas letras que eran 100% festivas, de juntarnos a tocar la guitarra, comer asado, de que la gente se divierta, no se pierde, pero va transformando esa energía”. Y agrega, vinculando con esa recurrencia temática de música bailable que exorciza penas: “No todo es trencito y guirnalda. Pero a algunas situaciones que no son tan buenas les das la vuelta para que tiren para arriba. Nos vamos a quedar en el sillón con temas tristones”.

En esa evolución, la banda con un álbum intitulado Picante (2011) y lírico que más de una vez apunta a la picaresca no ignora el contexto y la responsabilidad: “Lo discutimos, lo hablamos y planteamos. Si da o no da. O en vivo le cambiamos la letra. Otros temas no los tocamos. Cuando los hicimos fueron sin ánimo de ofender. Pero se sabe que con tantos casos que suceden de todo tipo de violencia, hay canciones que no son acordes”.

Asentarse en Capital es difícil. “Desde el momento que lo decidimos, hubo que recorrer el circuito under de San Telmo, Palermo, ir a todo lo que es el Conurbano hasta poder llegar a un Niceto o Trastienda y cruzarte artistas que los veías de chico. Es un periodo bastante largo.”

“Vamos a la guerra con los amigos. En las buenas y en las malas. Lógicamente van cambiando algunos integrantes. Quien está en la batería fue percusionista. El baterista fue guitarrista. Pero siempre con amistad. Nunca poner un aviso en el diario. No importa si necesitamos un guitarrista y viene Roger Waters. Tiene que ser amigo.”

El 4 de marzo, Falsa Cubana participará del ciclo que Carinhosos da Garrafa lleva adelante en La Biblioteca (7 y 48).