Desde hace años la ciudad de La Plata se ubica entre las regiones del país con mayores niveles de pobreza y desempleo, situación que se traduce en la creciente cantidad de trabajo informal, changas y rebusques en las calles céntricas. En tanto, la gestión de Cambiemos hace lo posible por sacarse el problema de encima y desplazar a las decenas de vendedores ambulantes y trabajadores callejeros que no encuentran salida a la difícil situación económica del país.

Mientras los medios locales ponen el foco en el incremento de trapitos y en los automovilistas “que deben lidiar con limpiavidrios”, el drama de las poblaciones de la periferia platense encuentra su escenario en las calles del casco urbano, donde decenas de hombres y mujeres de todas las edades sobreviven en la informalidad total.

Tal es el caso de Miguel, pintor y albañil de oficio que, ante la fuerte caída del trabajo en el último año, pasa sus días en la esquina de diagonal 73 y 55 limpiando parabrisas. Con 48 años, se dedica a la changa en las calles junto a su hijo de veinticuatro, que limpia coches desde los dieciséis.

“Tengo un nieto de un año, y la madre está sin trabajo. Tengo que pagar luz, gas, comida. Está muy difícil la situación y cada vez tengo menos ofertas de trabajo de otras cosas”, dijo a Contexto. Llegado desde la provincia de Chaco hace más de veinticinco años, Miguel vive junto a su familia en la zona del Marcado Central. Para él, trabajar en la calle era algo esporádico “cuando sus otros ingresos estaban flojos”. Pero desde hace más de un año la permanencia en la calle es cada vez más frecuente.

“Tengo un nieto de un año, y la madre está sin trabajo. Tengo que pagar luz, gas, comida. Está muy difícil la situación»

Distinto es el caso de Ángel, de veintitrés años, para quien cuidar coches es la única fuente de ingreso que tiene en el presente y como proyecto a futuro. Desde hace diez meses es uno de los «trapitos» del centro platense al igual que su hermano, tres años mayor, que ya lleva cinco años trabajando en la calle.

Ángel habló con Contexto en su “zona”, en la cuadra de 48 e/ 5 y 6. El mismo lugar donde un día antes fue fotografiado por el diario El Día para ser incluido en un informe sobre «los trapitos que vuelven a copar la ciudad”. Lo remarcó él mismo: “Si te fijás, tengo puesta esta misma ropa que tengo ahora”, dijo mientras se señalaba la musculosa y gorra con visera azul.

“Lo que pasa es que hacen esa historia porque hace poco se agarraron a cuchillazos, y también mataron a un pibe en Palermo. Pero por eso mismo caemos todos. Acá en la cuadra nos conoce todo el mundo y jamás tuvimos problemas. Saben que sólo queremos trabajar y listo”, dijo Ángel.

El tema volvió a estar en agenda este mes debido a una pelea entre dos trapitos en la zona de Plaza Moreno que dejó un herido por arma punzante. Desde entonces, reavivaron las versiones mediáticas de “bandas delictivas” y “extorsión a los vecinos”. Mientras tanto, se eluden los números de INDEC que revelan un 10,3% de desempleo en La Plata, cifra que coloca a la ciudad entre las primeras diez de todo el país con mayor desocupación.

Franco, de 42 años, se dedica a cuidar y limpiar coches desde hace un año sobre calle 49. Después de trabajar nueve años en un kiosco gracias al contacto de un conocido, quedó sin empleo y se dedicó a sobrevivir de manera esporádica en las calles del centro de La Plata, donde, según él, “ya es conocido por todos”.

“Es difícil sobrevivir en la calle, hay mucha discriminación. algunos comercios no me dejan entrar porque piensan que los voy a robar»

“Es difícil sobrevivir en la calle, se vive mucha discriminación. Algunos comercios no me dejan entrar porque piensan que los voy a robar. A las nueve, diez de la noche, ya no hay movimiento en el centro, los comercios cierran temprano, todo el mundo cuida lo suyo”, dice Franco a Contexto. Ahora cuida coches en la zona de la peatonal de 8, ya que fue expulsado de otra jurisdicción policial donde, según él, «no puede pisar más».

En muchos casos, los trapitos mantienen un pie en el trabajo informal y otro en la exclusión total. La entrada y salida del mercado laboral es esporádica y la calle es el único sector adonde siempre se puede volver. Mientras tanto, ante la ausencia del Estado para garantizar una salida, las convivencias se tejen día a día entre vecinos, comerciantes, transeúntes y la policía.

“Se hace lo que se puede. Ya sabés que el gobierno no te da bola. Hay de todo por esta zona. Vas para Plaza San Martín y hay chicos que están todo el día escabiando, empastillados», explica Franco mientras pasa una esponja a una camioneta Hilux gris. «Capaz que tienen casa y familias, pero se quedan atrapados en esa vida. Pero algo hay que hacer.”