Contexto dialogó con Alicia Castro, exembajadora argentina en Venezuela, sobre la situación que atraviesa ese país sudamericano, las agresiones del gobierno de Estados Unidos contra el pueblo y el gobierno venezolano y el rol del gobierno argentino de Mauricio Macri en ese conflicto. La exdiplomática aseguró: “los que piden un golpe de Estado en Venezuela deben mirarse en el espejo de Libia”.

¿Cómo evalúan el rol de los gobiernos de la región, principalmente el de Argentina, frente a la actual situación en Venezuela?

Principalmente hay que tener en claro que ninguna crisis económica, política o social se resuelve con una invasión o con un golpe de Estado. El camino para solucionar la situación de Venezuela es el diálogo. Por eso hay que respaldar la actitud de México, Bolivia y los países del Caricom (Comunidad del Caribe).

A la par, debemos lamentar que –al igual que hizo Jair Bolsonaro en Brasil– Mauricio Macri ha roto con la posición histórica de la República Argentina de no intervención en los asuntos internos de otro países, del respeto a la libre determinación de los pueblos y a la resolución pacífica de las controversias.  Esa había sido, hasta ahora, la posición histórica de Argentina independientemente del signo de los gobiernos. Recordemos, por ejemplo, al presidente Raúl Alfonsín cuando se opuso a la intervención estadounidense en Guatemala. Se trata de defender un principio ordenador de las relaciones exteriores: la igualdad jurídica de los Estados. Nuestro país ha hecho doctrina con la no intervención (la doctrina Drago, la doctrina Calvo).

Castro: “Hay que entender que no se trata de si a alguien le gusta más o menos el presidente Nicolás Maduro, se trata de saber definir si el mundo está regido por el derecho internacional o por el caos”.

¿Por qué el presidente Macri rompe esta posición histórica de la República Argentina y toma esta postura?

Macri ha introducido el caos en la vida cotidiana de los argentinos. Ha generado una cotidianeidad en la que nada es previsible: los estudiantes no saben si podrán pagar el transporte, los adultos mayores tienen que elegir entre comprar los remedios o los alimentos, los obreros no saben si van a perder sus fuentes de trabajo hoy, mañana o el próximo mes porque se han cerrado muchísimas fábricas importantes y se cierran pequeñas empresas todos los días. De la misma manera que suma caos en la política interna lo hace en las relaciones exteriores.

Al poco tiempo de asumir, Macri implosionó el Mercosur con la suspensión ilegal de Venezuela; retiró a Argentina de la Unasur y decidió no participar de la Celac. Desde el inicio de su gestión, Macri actuó como un verdadero agente de la desintegración regional al servicio de los intereses de Estados Unidos.

Recordemos que en el año 2018 vino el canciller norteamericano, Rex Tillerson, a visitar a lo que él denominó sus “socios regionales”, entre los cuales estaba Macri. En esa visita los alentó a promover la destitución del presidente Maduro y a indicar que los países de la región no debían tener relaciones con Rusia y China, sino casi exclusivamente con los Estados Unidos. Esa es la teoría del Destino manifiesto, una teoría religiosa por la cual los Estados Unidos se creen signados por la providencia para ordenarle al resto del mundo en qué sistema político, económico y social se debe vivir. Eso se llama colonialismo, se llama imperialismo. Es inaceptable que Macri rompa la tradición de política exterior de Argentina para colocarla en ese eje.

La postura del presidente argentino va en dirección contraria a los avances que se habían concretado en la región en la última década.

Durante la primera década del siglo XXI, los gobiernos de la región (con Néstor y Cristina Kirchner, Lula da Silva, Hugo Chávez, Tabaré Vázquez, Evo Morales, Rafael Correa, etcétera) habían construido un bloque regional que se institucionalizó en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Ese bloque demostraba que éramos capaces de alcanzar soberanía política, independencia económica y de asegurar un comercio intrarregional organizado y dinámico para proveer beneficios a los 600 millones de habitantes que lo componen.

Como bloque somos el primer productor de alimentos del mundo, el tercer productor de energía y tenemos todos los recursos naturales y humanos para abastecernos. Estados Unidos quiere romper esa unión y Macri sirve a ese propósito.

La construcción de ese bloque regional consolida la estructura de un mundo multipolar donde las naciones se interpelen y negocien como iguales. Macri destruye ese bloque regional, saca a Argentina de ese espacio para servir a la hegemonía de Estados Unidos.

Castro: “Libia era el país más próspero de toda África. Hoy sólo queda un tercio de la población viviendo ahí y paramilitares controlando las reservas petroleras. Han destruido por completo ese país. Eso es lo que algunos buscan para Venezuela”.

El gobierno de Donald Trump parece no tener ningún tipo de prurito para mostrase al frente del intento golpista en Venezuela.

Sabemos que Estados Unidos participó en todos los golpes de Estados de toda América Latina y que entrenó a los torturadores de todas las dictaduras de la región en la Escuela de las Américas. Pero, antes teníamos que esperar veinte o treinta años para que se desclasifiquen los documentos del Departamento de Estado y ahí ver el grado de participación que habían tenido, por ejemplo, en el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile.  Ahora, en estos tiempos con nuevas formas mediáticas, vemos cómo el vicepresidente norteamericano, Mike Pence, en persona, se dirige al pueblo y a las Fuerzas Armadas de Venezuela para promover un golpe de Estado en ese país.

Habiendo un presidente constitucional en Venezuela, que es Nicolás Maduro, Estados Unidos reconoce en su lugar a un diputado ignoto, Juan Guaidó, que se autoproclamó en una plaza y que jamás presentó una plataforma de gobierno ni se sometió al voto popular. Estados Unidos convierte las relaciones internacionales en una parodia. Como también es una parodia que Macri acepte como “representante” del autoproclamado “presidente” a una empleada del PRO de la provincia de Buenos Aires.

Recordemos que en 2002 Washington impulsó un golpe contra Hugo Chávez y puso como presidente a otro títere, Pedro Carmona Estanga, que duró sólo 48 horas en el poder. Desde ese momento Estados Unidos intenta generar las condiciones para un nuevo golpe en Venezuela, por eso ha impuesto este régimen arbitrario y violento de sanciones contra ese pueblo impidiéndole la llegada de alimentos y  medicamentos.

Castro: “ninguna crisis económica, política o social se resuelve con una invasión o con un golpe de Estado. El camino para solucionar la situación de Venezuela es el diálogo”.

A pesar de ello hay sectores, dentro y fuera de Venezuela, que reclaman un golpe de Estado o una invasión.

Los que piden un golpe de Estado o una intervención militar extranjera en Venezuela deben mirarse en el espejo de Libia. Allí demonizaron al presidente Gadafi, crearon una oposición interna y una guerra civil, fabricaron noticias falsas diciendo que el gobierno realizaba ataques sobre civiles, crearon un gobierno paralelo, lo reconocieron y le entregaron las divisas del Estado que habían sido retenidas en el exterior y, finalmente, intervinieron militarmente y asesinaron al presidente Gadafi.

Libia era el país más próspero de toda África. Hoy sólo queda un tercio de la población viviendo ahí y paramilitares controlando las reservas petroleras. Han destruido por completo ese país. Eso es lo que algunos buscan para Venezuela.

Hay que entender que no se trata de si a alguien le gusta más o menos el presidente Nicolás Maduro, se trata de saber definir si el mundo está regido por el derecho internacional o por el caos. Lamentablemente para el pueblo argentino y para toda la región, Macri nos propone el caos.