Por Ramiro García Morete

“Mi cerebro se ha superpoblado de ideas/ no preguntes; todas ellas hablan de vos”. Su amigo Coqui, de tantos años en los que también lo había visto en otras bandas, se lo dijo: “Se te ve cómodo en esas canciones”. Ese terreno brumoso y onírico, de apariencia simple y detallada elaboración, donde los versos siempre le hablaban a otra persona sin género ni especificación, finalmente le hablaba a él. O eso sintió. “Una cosa es encontrar la técnica y otra es sincerarse con uno”, dirá. La técnica la ha desarrollado desde los siete u ocho años cuando apenas aprendió los acordes La y Re, escribió sus primeras canciones. Sobre andar en bicicleta o algo así. Lo había tomado de su padre, que siempre compuso y que también le abrió dos grandes puertas. “Los Beatles, como la puerta a todo. Y Charly al departamento argentino”, define con una simpática analogía. La técnica no sólo fue ingresar al Conservatorio en la temprana adolescencia, haber cursado un año en la UNQUI a la par de estudiar Letras en la Universidad Nacional de La Plata. La educación también ha venido por el simple acto de escuchar y analizar. Como cuando a los quince Radiohead le “partió la cabeza” y necesitó descifrar qué ocurría allí. O cuando ya comandando Mes de Mayo (la banda de indie que le dio mayor circulación dentro y fuera de la ciudad) decidió cambiar la rutina: escuchar géneros y no artistas particulares. Así fue como dio con esa tradición llamada Dream Pop. Porque lo que para muchos sería una sencilla etiqueta de publicistas o periodistas, para él es una tradición. Y con razón. Como cuando indagó un par de meses en el tango o estudió técnicas jazz con Néstor Gómez, se sumergió de lleno. Washout, My Bloody Valentina y otros subgéneros le ofrecieron más que una perspectiva: un lugar. Este joven de 27 años halló el espacio para que su cerebro superpoblado condujera las ideas para que emergieran de modo espontáneo. Para Pedro Cervan Lacunza ese lugar se llama Las Trampas. Logradas piezas de pop oscuro que en su momento llamaron la atención del productor Diego Acosta para incorporar a Disco Baby Disco. Aunque el plural ya no responda a una dinámica colectiva porque aletargaba el proceso urgente. Y aunque a pesar de ser partidario de la idea de banda, entienda que este proyecto es muy personal. Pedro es Las Trampas o es en ellas, lejos de las otras, las que a veces no hacemos para decir lo que realmente queremos decir.

Pedro no teme identificarse con un género y dedica gran parte del inicio de la conversación al dream pop: “Me parece que define bastante un ámbito. Por lo menos genera ya desde el nombre a una atmósfera que introduce al oyente. La palabra “dream” no es estar arriba a full, en todo caso estar en una ensoñación”. Y agrega: “El dream pop para mí es un género en el cual me siento cómodo, porque sus alusiones atmosféricas, sus climas, tienen mucho que ver con lo que siento que tengo que decir en mis canciones. Mucho que ver con la introspección. No hago canciones de denuncia o explícitas”.

Sus líricas se asemejan a conversaciones a un cuarto aislado al borde de una fiesta, como diálogos de vínculos enredados y emocionales. “Yo creo que me gusta pensar que esas relaciones afectivas de las que hablo en las canciones no tienen que ver únicamente con el amor o ese tipo de relaciones –expresa–. Yo lo tomo como una especie de metáfora de las relaciones humanas en general. Donde siempre está esta cuestión de cuánto cede uno, cuánto no, cuánto prevé del otro. La música permite conectar dos puntos: alguien que toca, alguien que escucha. En esa conexión hay transferencias”. Y va más allá: “Y creo que mi proyecto como artista es dilucidar un poco en qué consisten esas transferencias y cómo hacer para que todo funcione un poco mejor. En tiempos donde estamos cada vez más en la nuestra. Y la nuestra no es nuestra: es como una especie de pack de cosas que se supone que uno tiene que hacer y donde cada vez es más difícil ser espontáneo. Y creo que la espontaneidad surge de un contacto con el otro, donde se construye algo. Donde no hay pasividad, donde no hay un sólo camino de ida. Me gusta pensar que las canciones van a esa profundidad”.

Comprometido con comprender los lenguajes, asumiéndose también como productor, busca sin embargo alcanzar la espontaneidad. “Creo que la música como sonoridad es un espacio donde no pienso tanto. El género, al ser tan estético y tímbrico, al involucrarlo con la canción, genera un espacio y decimos qué nos pasa ahí”. ¿Y qué es lo que le pasa? “Un poco Las Trampas trata de eso. Tratar de introducir un pensamiento que problematice. Por eso las canciones están escritas a una segunda persona, como si propusieran un diálogo. Evito ponerle género, es decir que cualquiera se puede identificar. En ese sentido, ciertos elementos que conozco por mi carrera me permiten hacer un laburo fino sobre una simpleza que trato de mantener. Justamente porque mi propósito es generar el diálogo, no el ostracismo”.

Con un single inminente –nuevamente coproducido con Diego Acosta– que asimila elementos del hip hop, Las Trampas se presenta esta noche a las 21:30 en La Bicicletería (117 y 40) junto a Pitucardi. Y el 16 de febrero en Rey Lagarto (45 e/ 8 y 9) junto a Justo Antes y Baro Latrubesse.