Por Ramiro García Morete

“Tengo que frenar, soy feliz al sol/ voy a respirar/ simple canción”. La historia que se esconde tras el nombre carece de relevancia. Poco importa si tiene origen en la Antigua Grecia o la casa de Daniel sobre la calle 22, esa que se convirtió en una sala, estudio y base de operaciones. Sí infiere cierta incidencia el autor del nombre, quien precisamente había pasado a visitar al baterista con la promesa de inhalar el aire más puro sobre el pasto. Ramiro Sagasti era compañero de trabajo de Lolo y esa tarde –tras mostrarle la emocional “Perla” en guitarra– el Flaco se convertiría en algo más que productor: amigo. Inclusive fue su banda la excusa para varias salidas. Pero a estos tres músicos que combinan sencillez y potencia, subidas y bajadas de tempo y cierto aire alternativo, los une una historia no antigua pero sí extensa.

Nicolás ya se colgaba la eléctrica a los diez años en los festivales del Normal 3. Aunque cuando se juntaron con su primo Mariano y Daniel (quien armó una batería con ollas) fue con criolla que compusieron ese rock&roll que decía algo así como “voy caminando por la esquina de un bar…” El tema no prosperó, pero sí una amistad que venía desde el jardín y a la que a esa edad se sumaría Lolo, al arribar al barrio. Beatles, Spinetta y el amplio espectro noventoso que va desde Nirvana hasta Los Piojos sonaba de fondo en sus adolescencias. “Siempre hubo vínculo. La música nos siguió uniendo, más allá de la amistad”, dirán.

Fueron Lolo y Daniel que ya a los veinte armaron Barragán y los Modestos y llegaron a grabar un disco. No como Oriundos de la Nada, la banda entre Nico y Daniel a mediados de los 2000. Serán todas esas combinaciones entre ambos que si bien intercambiaron instrumentos en la sala por un tiempo, ninguno oficial de frontman. Con canciones firmadas y construidas colectivamente, sus voces se empalman casi como una sobre letras concisas que versan sobre estados de ánimos con sutil humor: “Si me decís ‘vos todo bien’, yo no sé qué contestar”. Pero los chicos están bien. Casi como algo que crece por orden de la vida misma, este grupo de amigos –que hace un puñado de años decidió volver a empezar lo que en verdad nunca termina– lanzó recientemente “¿Hoy cómo estás?”. Y en medio del aplastante concreto del mandato y el humo negro de las ciudades, hay un buen lugar donde arrojarse a respirar aire fresco y vital: Pasto.

“Fue un proceso largo –introduce Daniel–. Probar maquetas y demás. Son canciones que hace más o menos tres años que las veníamos tocando. Le metimos mucho porque lo grabamos en casa. Armamos una salita linda y después vino el Oveja de Un Planeta. Nos trajo sus equipos y nos grabó. No tuvimos límite de tiempo. Era todos los días ir a casa así que nos explayamos”.

“Al ser nuestro primer disco queríamos estar más cómodos y no estar atados al tiempo de un estudio grande”, agrega Nicolás. “Si era por el Lolo no grabás más –bromea Daniel–. Porque quería seguir perfeccionándolo”. Aunque acuerdan que el más perfeccionista es Nicolás.

El norte o estilo de la banda ni se discutió: “No, porque ya nos conocíamos. Si bien tenemos gustos distintos, tenemos muchas coincidencias de bandas que nos encantan. Entonces creo que se dio más genuino”. También la modalidad de voces: “Ninguno de los tres somos cantantes. Nos gusta cantar y creemos que podemos hacer una buena triada. Al hacer canciones, nos obliga a cantarlas. Y después nos juntamos los tres, nos gustó”.

La producción estuvo a cargo de la banda en conjunto con la dupla Kubilai Medina y Ramiro Sagasti, quienes junto a su banda Roto también grabaron en la sala de Pasto. “Son buena onda y tienen un oído muy lúcido. Cualquier cosa. Siempre tienen algo para decir copado y para sumar”. Precisamente con Roto tienen pensado presentar sendos materiales más adelante.

Los grandes planes no parecen develarlos. “Somos muy hippies en cierto modo”, reconoce Daniel. Y si bien no lo son de modo dogmático, hay una idea que emerge de la banda: “No es por ser viejo… Yo estoy con Spinetta: mañana es mejor. Pero cada vez vienen cosas más feas, más represión, menos arte, más locura. Más cemento. Es la idea del disco: quiere que brote el pasto en medio del cemento”.