El mismo día que a lo largo del país miles de mujeres, lesbianas, trans y travestis se convocan a marchar por la implementación del Protocolo de Interrupción Legal del Embarazo (ILE) -que en Argentina rige por tres causales desde 1921-, el diario La Nación publicó “Niñas Madres con mayúsculas”, un editorial -sin firma por lo que representa el pensamiento editorial del medio- que hace ni más ni menos que apología de la violación y la maternidad infantil.

Avalándose en dos supuestos casos en los que las niñas decidieron continuar con sus embarazos a pesar del pedido de interrupción de sus familias, La Nación avanza sobre la construcción de un discurso que romantiza la maternidad infantil “más allá de la forma en que se gestaron los embarazos, claramente nada deseada ni deseable”.

El repudio no se hizo esperar y las redes sociales estallaron bajo el hashtag #NiñasNoMadres, sumándose los trabajadores de la Comisión Interna de La Nación, el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SIPREBA), la Campaña por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, legisladores de diversos partidos, Amnistía Internacional en Argentina y diferentes organismos y referentas del movimiento de mujeres.

Uno de estos organismos resultó ser UNICEF Argentina. La organización internacional aseguró: “El embarazo en la infancia no está vinculado al «instinto materno», es abuso sexual y por tanto el embarazo es forzado. Los adultos (familia, Estado, Instituciones) son responsables de proteger a las niñas y niños frente al abuso sexual #NiñasNoMadres”.

UNICEF: «El embarazo en la infancia no está vinculado al «instinto materno», es abuso sexual y por tanto el embarazo es forzado».

“Resulta admirable y emocionante ver desplegarse el instinto materno”, sostiene el editorial, recurriendo a un discurso biologicista ya saldado incluso por la ciencia. En tiempos donde todos sabemos que la maternidad es una construcción, La Nación vuelve a atrasar. Para los Mitre y Cia., ese supuesto instinto “arrasa con todo lo que se ha dicho y escrito desde una teoría reñida con el derecho a la vida. Despedaza el pañuelo verde, al error inducido del «yo decido sobre mi cuerpo», al feto como desprovisto de vida, entre otras denominaciones eufemísticas creadas para bajar la carga emocional que encierra decir que hablamos de un hijo desde el minuto de la concepción, de un bebé por nacer que se desea eliminar asesinándolo”.

La Nación destaca además la “admiración hacia las niñas madres, madrazas por cierto”. Lo que los Mitre no dicen es que una niña embarazada es una niña violada. Según el Código Penal, toda relación sexual con un menor de 13 años y 364 días se considera sin consentimiento sexual, por ende, un abuso y/o violación. En América Latina, según datos de UNICEF, más de un millón de niñas y adolescentes han sufrido violencia sexual; en Argentina, una de cada cinco.

En nuestro país, según datos aportados por el Ministerio de Salud devenido en Secretaría con la gestión Cambiemos, cada tres horas una niña entre diez a catorce años entra a una sala de parto. Por día nacen en promedio ocho bebés gestados en cuerpos de nenas, siendo anualmente aproximadamente 2.787 los partos. Es decir que cada tres horas, 2.787 veces al año, una niña es sometida a transcurrir su infancia criando.

Por día nacen ocho bebes gestados en cuerpos de nenas, siendo anualmente aproximadamente 2.787 los partos. Es decir que cada tres horas, 2.787 veces al año, una niña es sometida a transcurrir su infancia criando.

El editorial de la “tribuna de doctrina” nada dice tampoco de lo peligroso que resultan estos partos para los cuerpos de las niñas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) las adolescentes menores de dieciséis años corren un riesgo de defunción materna cuatro veces más alto que las mujeres de veinte a treinta años, mientras que las que sobreviven corren riesgo de infecciones, convulsiones, entre otros padecimientos.

La Nación, con su editorial se encarga de romantizar la maternidad de niñas abusadas, destacando, ante todo “el respeto a la vida”. En este marco, quienes interrumpan su embarazo, como permite el protocolo ILE, no serán valientes ni respetarán la vida. Este discurso no resulta casual estos días en que aún está latente el repudio hacia el gobierno de Gerardo Morales en Jujuy, que obligó a parir a una niña de doce años tras dilatar su derecho al Protocolo ILE, en un acto catalogado por diversos organismos como una tortura. Fiel a su estilo, La Nación vuelve a reivindicar estas prácticas.