Por Ramiro García Morete

“Si necesitas baterista, quiero tocar con vos”. Pía, que por entonces ya no tocaba en las Dirty Diamonds pero seguramente acompañaba a algún otro proyecto, quedó fascinada por la presentación y le entregó una tarjeta. “Sí, una tarjeta: Pía Salinas, baterista. Aún la conservo”, recordará Fran Ucin, que allí por el 2012 se presentaba en solitario, fusionando el pop con cierto tenor folclórico. Sin embargo, siempre había querido tener una banda. Quizá desde que tenga memoria, cuando en su casa familiar jugaba con un piano y alrededor de los ocho años comenzó a tomar clases. A los 10 se anotó en el Básico de Bellas Artes, aunque confiesa que el estudio no se le dio bien. Sí en su otra profesión, esa que cual Bruno Díaz formal le da su alimento. Pero la música siempre funcionó mejor desde juego. Así fue que poco tiempo después de ese encuentro casual en La Tropa (una parrilla de Diagonal 74 que sin embargo tenía estrecho vínculo con el ámbito rockero), ambos se juntaron en un formato inusual: batería y guitarra criolla. Instantáneamente Ucin supo que después de tantas “bandas sin nombre” e híbridos que no prosperaron, esta era la dirección. Finalmente podía trazar la geografía adecuada para que sus ideas escaparan de activa conciencia y cambiaran de forma.

Los bajos punzantes de Francisco Lagormarsino aportaron una impronta post punk que aún conservan. Pero su partida los pondría ante una decisión que sin embargo fue rauda. Del mismo modo que en su momento, ante la urgencia de una fecha con Axel Krieger, Ucin no dudó en llamar a Matías Tanco (Destruyan a los Robots, entre otras bandas). Si se conocían de años, si sabían mutuamente sus canciones. No podía fallar. Como tampoco falló la decisión de quedar en formato trío y sin bajo a dos semanas de otra fecha, en el 2015. Ucin tenía la corazonada de que si eso eran, eso podía sonar. Tres años y pico después, es una certeza.

Con “Geografía sobrenatural”, el grupo presenta un trabajo logrado y conciso, que oscila entre la herencia de la canción electro pop pero con sonido orgánico y cierto linaje a Joy Division o New Order. Canciones que combinan elegancia y emocionalidad, con la refinada voz de Ucin sostenida en la solidez de Salinas y el criterio de Tanco. Sin demasiados artificios y basados en la confianza de uno en el otro (principio básico de cualquier juego) la fantasía suena verdadera. El Resplandor de las Luciérnagas ya no es un proyecto de una persona, sino la banda de tres. Y así suena. Eso son, esa es su tarjeta de presentación.

“Es cierto que nos planteamos un sonido y una dinámica de trío. Que eso es lo que terminó ocurriendo felizmente, creemos”, comienza Ucin. “Fue fundamental porque generalmente el bajo determina muchísimo. Llenar lo que había que llenar”, apoya Tanco.

“Fue una adaptación a lo que éramos nosotros -continúa el cantante-. Siento que somos una maquinaria que trabaja con input de la canción y que la elabora y escupe de otra manera. Cuando llevo la canción ahora no la llevo hecha sino apuntada. Porque ya sé que va a cambiar”.

La baterista explica y simplifica el proceso: “Como se nos ocurre. Fran tira la idea… es más o menos esto. Y uno va probando y diciendo ‘fíjate esto o aquello’. Es un juego”.

Más allá de las etiquetas o asociaciones, Ucin deja en claro que “el sonido que buscábamos era en base a lo que cada uno iba a proponer desde su lugar. Y como tocáramos las canciones. No nos pusimos una especie de referencia o vamos a sonar así. Fue ver cómo podemos hacer para que la canción funcione bien en trío y quedó bastante crudo. Yo ya sabía que iba a ser crudo”.

“Lo fantástico creo que es lo principal en el disco -expresa Ucin sobre el contenido lírico-. Son letras que no tienen conexión entre sí. Pero buscándole un poco la vuelta me parecía que había un elemento sobrenatural que estaba presente en todas o en casi todas. Y que de alguna manera también referían a un espacio. Entonces yo lo sitúo geográficamente. Me pareció una manera de poner una etiqueta. Son canciones. Yo hago canciones….”

La banda no se pone de acuerdo en definir un género ni tampoco les importa demasiado. Lo que está claro es el amor por la música. “Para mí no tiene fecha de caducidad. Va a ser para toda la vida. Voy a ser músico”, decreta Tanco quien además de destacar la voz de Ucin, subraya que “lo más lindo de tocar en esta banda es que un aire de sonido. Te traen un tema que no sabés a qué va a sonar, es muy creativo. Me encanta”.

Si bien no están tan familiarizados con las redes, hace el uso necesario para difundir. No hace mucho, Pía tuvo una ocurrencia que pasó de chiste a verdad: los seguidores de Instagram debían adivinar qué canción era con sólo tocar la parte de batería. No sólo hubo respuesta sino que la ganadora de lo que terminó siendo un concurso, expresó personalmente -al recibir el disco- lo que había significado para ella. Ucin no oculta la satisfacción: “Te das cuenta para qué lo hacés. De alguna manera tirás una botella al mar y alguien la junta. Porque cuando haces todo lo que tenés que hacer estás solo. No tenés alguien que te dice sí, adelante. Ni nadie que lo está esperando. Pareciera que es sin sentido. Y por suerte hemos tenido este tipo de encuentros que refuerzan la idea”. Y cierra: “El disco es un poco como sonamos. No hay una re producción de millones de sonidos. La batería es la batería de Pía. Y no hay una orquesta tocando detrás ni miles de tomas. El disco es la banda sonando. Y es de alguna manera lo que nosotros somos, sin demasiado maquillaje ni Photoshop. Y que eso igual produzca, te da la pauta de que un poco lo que intentaste tiene sentido y que ese camino podía llegar a algún lado”.

El Resplandor de las Luciérnagas se presenta este sábado 26 a a las 21 en el ciclo gratuito Música en el Andén (Estación Provincial, 17 y 71).