Por Ramiro García Morete

“Francisco: yo voy, armo la banda y en un año te venís”. Nicolás Badaracco estaba decidido. Aunque la supuesta razón para llegar a La Plata en aquel verano de 2012 no parecía ser la más franca. Si hasta su padre, que había sido músico de folclore, llegó desde Pringles a la pensión de la calle 2 y atravesó el pasillo largo para poner en palabras lo que todos sabían: no debía estudiar Psicología. “Pero si te vas a dedicar a la música, hacelo en serio.” Y así se lo tomó. En serio, pero con alegría. Como las canciones de esas bandas que tanto le gustaban (Juana La loca, Turf) que, al igual que otros referentes (Los Rodríguez), entienden que el rock y cierto humor van de la mano. A la par de anotarse en Música Popular en Bellas Artes, concretó el plan que en verdad tenía origen allá por 2009, cuando Cabra (su profesor de guitarra) armó una banda (Cabrones, para dejar en claro las cosas) donde tocaba el bajo Francisco Bartoloto. Sí, el que efectivamente viajó una vez que Nicolás estuvo instalado. Juntos habían tocado covers de Pappo, Viejas Locas, Calamaro. Pero ahora era el turno de las canciones propias. Y de darle un nombre a esa aventura que ya tenía una fecha de debut. Aunque a último momento el entonces baterista se bajara y tuvieran que recurrir a un amigo, que se iba aprendiendo los temas en el auto camino al concierto. Poco importó. Seguían decididos y así lo están, cuando ya son cuatro los bateristas que han pasado desde entonces. Pero con Matías Caltroni en las baquetas, Alan Franzino Fernández en guitarra y Luca Meza en viola y saxo, Escuálidos (el nombre que propuso Badaracco) alcanza su punto más alto con Cortejo (2018), su segundo LP tras Furor (2014). Con un audio logrado y sin perder la espontaneidad barrial, la banda construye un trabajo plagado de canciones adhesivas que oscilan entre el rock clásico, cierto aire sónico e historias de romances furtivos. Un repertorio franco e inteligente con un potencial que –en manos de cualquier mega compañía– sería de alta rotación. Escuálidos suenan decididos. Y se sabe que en el inmortal arte del cortejo ese es el principio básico de cualquier buen paso. “Algo bien habremos hecho, para seguir encontrándonos/ algo me dice acá adentro que lo mejor recién empezó.”

“Creo que le pasa a todas la bandas –introduce Badaracco, voz y principal compositor–. En el primer disco estábamos mucho más verdes que este, donde hubo otra preproducción y se laburó más profesionalmente.” Una de las decisiones tuvo que ver con elegir el lugar de grabación y el productor indicado: Maxi Morales, que trabaja en Estudios Panda.

“Como productor fue súper delicado y todo lo que se le ocurría creíamos que era acorde al tema. Delegábamos y confiábamos. Nosotros queríamos aprovechar el estudio a full. Y él nos iba a hacer explotar al conocer el estudio, entender lo máximo posible hasta el último minuto. El resultado es que quedamos re contentos.”

Badaracco considera que hubo avances de todo tipo y que se trata de “un disco más sónico, con sintetizadores. Y por las letras y la influencia”. El joven de veinticinco años no oculta su admiración por grupos como Juana La Loca (con quienes ha compartido escenario en un par de ocasiones) ni lo que han logrado bandas como Turf: tener personalidad y a la vez ser radiales.

“No me considero rebelde en cuanto a que no tengo la fantasía de estar fuera del mercado. Hago la música que me gusta y a la vez, si sirve y encaja, no me molesta. Al contrario.” ¿Tiene el anhelo secreto de lograr la canción perfecta, esa que todos cantan? “No sé si es secreto. Ya es algo a menor escala, pero simplemente ver a alguien que no conocés y que cante un tema tuyo es único e inigualable. No imagino que canten con masividad, sería un sueño. Ni hablar que rotes todo el tiempo en la radio. Un orgullo. Obviamente la banda quiere crecer y la idea sería esa.” Pero deja muy en claro: “A costa de hacer lo que me gusta. No cualquier cosa. No cantaría ‘La mordidita’ en el Luna Park. No me interesa… y no me saldría”.

Romances complejos, historias trasnochadas y amantes que se van por la ventana, el disco versa con ingenio sobre esa clase de vínculos. “Siempre tengo eso en la cabeza. Esto de las relaciones tan fugaces o de ir a los bifes de una en las redes sociales está bien. Pero a mí me encanta la trama. Amar la trama más que el desenlace, canta Drexler. La parte del cortejo me parece súper divertido e interesante. El disco es un homenaje a ese coqueteo, que me parece divertidísimo y hermoso”. En tiempos donde el rock de por sí es interpelado como lenguaje, Badaracco reconoce que está atento a la hora de escribir y que ha cambiado algunas palabras para evitar que se malinterprete alguna frase.

Este viernes, la banda se presenta en Mar del Plata, y ya programa para abril una fecha importante en Guajira, en La Plata.