Por Carlos Ciappina

Hoy es 31 de diciembre de 2018 y estoy – por los avatares del destino- en mi primera experiencia de fin año (aquí lo llaman Revellion) en Brasil. No es un fin de año cualquiera, pues mañana, 1 de enero , asume Jair Bolsonaro, el presidente recientemente electo del Brasil.

Estoy, además, en una playita de Santa Catarina, uno de los estados –junto a Río Grande do Sul– más educados, alfabetizados y “modernos” del Brasil.  Aquí, en Santa Catarina, el estado más equilibrado y desarrollado del Brasil, Bolsonaro obtuvo en el ballotage nada más y nada menos que el 75,92% de los votos!. Y, en Río Grande do Sul,  el 63,4%. VA nivel nacional lo votaron 57.000.000 de personas.

Camino por la playa que está repleta, pues –como ya dije- es víspera de inicio de año y eso aquí es tomado muy seriamente. Nadie parece preocuparse mucho por casi nada: dos pibas se abrazan y se besan al borde del agua, mientras otras dos les sacan fotos y las cuatro se filman. Recuerdo la frase de Bolsonaro en campaña: «Con el tiempo, debido al libertinaje, las drogas y con las mujeres también trabajando, aumentó bastante el número de homosexuales». Vuelvo a ver la alegría de esas chicas que se quieren, sus sonrisas y no puedo dejar de pensar en la sombra negra que se proyecta sobre todos/as a partir del 1 de enero. Veo también muchas parejas “mixtas” disfrutando de la playa. Viene saliendo del agua una pareja joven de la mano, ambos cultores de los ejercicios físicos, dos cuerpos bellos uno negro –negrísimo- y el otro rubio estilo alemán. Ella y él salen del agua de la mano y nadie parece registrar esa diferencia ni ninguna de las tantas otras parejas mixtas, en un país mestizo de azorianos, portugueses, negros, indígenas. Pero, a mí memoria llegan las frases de Bolsonaro, el presidente que mañana asumirá: «Los afrodescendientes no hacen nada, creo que ni como reproductores sirven más».

¿Y entonces? ¿Cómo llegó esta sociedad, luego de casi cuatro períodos de gobiernos del Partido Trabhalista a erigir a un neofascista como su presidente? ¿Quién lo votó a Bolsonaro?

Si vamos a los porcentajes de voto por sector social nos encontramos con que el electorado femenino lo votó en un 42%. De cada cien mujeres, 42 votaron por un candidato que sostuvo :“Tuve cuatro hijos y en un momento de debilidad, tuve una hija”. O la frase dirigida a una colega diputada nacional: “ella no merece (ser violada), porque ella es muy mala, porque ella es muy fea, no es de mi gusto, jamás la violaría”.

Un previsible 60% del electorado “blanco” acompañó a Bolsonaro; pero un sorprendente 47% del electorado mulato y el 37% del electorado negro votó por un candidato que ha dicho: «indios hediondos, no educados y no hablantes de nuestra lengua». O refiriéndose a la política de cupos: «No es una cuestión de colocar cuotas de mujeres porque sí. Tenemos que colocar gente capacitada. Si colocan mujeres porque sí, voy a tener que contratar negros también».

Brasil tuvo –hoy ya es tarde- la posibilidad de elegir entre un candidato Magister en Economía y Doctor en filosofía, con amplia experiencia en gestión (fue exitoso intendente de Río de Janeiro) o un ex militar paracaidista cuyo mayor logro militar fue reivindicar la feroz dictadura brasileña.

Como hemos visto, el pueblo brasileño eligió a este último. Tuvieron un rol esencialísimo la Red O´Globo y su modo de instalar que la corrupción y la falta de honestidad eran un atributo específico del Partido Trabahlista y de los demás partidos “del sistema” y el poder judicial -en particular el juez Moro- que logró encarcelar a Lula Da Silva (sin dudas y por lejos quien hubiera triunfado en esas elecciones a las que se presentó Haddad) y mantenerlo fuera de la carrera electoral.
Las sombras oscuras se posan sobre ese mismo pueblo brasileño y sobre toda América del Sur. Para encontrar otro caso histórico en donde un personaje anuncia un programa racista, machista, xenófobo y anti minorías y resulta electo por el voto popular hay que retroceder hasta las elecciones que le dieron el triunfo a Hitler en Alemania.

La comparación no es forzada: Mauricio Macri ganó hace tres años en la Argentina con un discurso absolutamente lavado de implicancias derechistas. Diríamos que mintió y lo hizo aceptablemente bien. Lenin Moreno en Ecuador llevó a cabo la misma maniobra, como candidato de Correa se presentó como nacional-popular y luego dio un salto hacia el neoliberalismo.
Bolsonaro es otra cosa: nunca mintió, nunca retrocedió un milímetro en sus barbaridades fascistas, y al igual que Hitler (cuyo programa de gobierno estuvo perfectamente detallado en Mein Kampf) nadie pudo nunca decir que no sabía lo que se proponía hacer; pues si hay un candidato que ha tenido difusión mediáticas en cada una de sus opiniones anti-minorías de género, anti-negros y mestizos, anti-indígenas, anti-marxistas, anti Mercosur y anti-ONU, ese candidato es el señor Bolsonaro.

Brasil, por dimensión territorial y por relevancia económica , siempre ha marcado la historia sudamericana. El ciclo de gobiernos nacional-populares latinoamericanos se inició en Brasil con Getulio Vargas en 1930. Luego, baste con recordar que la primera Dictadura de la Doctrina de la Seguridad Nacional se inauguró aquí en 1964 y duró más que todas las demás (la de Pinochet se inició en 1973, la de Argentina en 1976).

Mientras tanto, los brasileñas y brasileños se preparan para festejar el inicio del nuevo año. Parecen hasta tener cierta esperanza en que haya algún cambio. Con la más absoluta humildad y esperando con todo el corazón equivocar el diagnóstico, Brasil inicia en el 2019 el camino hacia el desastre y la catástrofe social.