Por Ramiro García Morete

En la canción “Día del padre” también es el Día de Niño. Tingo suele alterar los tiempos. No sólo alterando la linealidad cronológica, sino también jugando con saltos verbales. Al punto de que una canción concluya en un narrador o espacio distinto al inicial. Como aquel viaje de 2016 en el que recién en el día veinticuatro de los veinticinco halló la guitarra que buscaba. Una Yamaha china color negra que le dio en mano un señor de delantal en una tienda de Barcelona. Era la acústica que había sonado interiormente los veinticuatro días previos mientras componía mentalmente y registraba algo en el voice recorder del celular. Ya no sonaba tan inclasificable como Gospels (2015) ni mucho menos sónico como La Hoz y Tsunami. Estamos hablando de las bandas que a mediados de los noventa, y con Juana La Loca, Peligrosos Gorriones o Demonios de Tazmania de referencia, unieron a este grupo de amigos de Zona Norte, “pero no chetos”.

Eso ocurrió antes de que Tingo y Micaela, su compañera hasta hoy, trajeran a Joaquín al mundo y emigraran a La Rioja. Fueron tres años donde tampoco dejó de tocar e inclusive, solito con su eléctrica, teloneó a Divididos en un estadio y junto a su hermano (y ahora compañero de banda) abrieron un recital de Babasónicos. Pero en 2003 “el país se fue a la mierda”. Tingo sacó un crédito en Credifácil y volvió a Buenos Aires “con 400 pesos y dos hijos”. Ya había nacido Lola (que nada tenía que ver con sus adorados Kinks) y empezó a reclutar a los viejos amigos del barrio. Los mellizos Pels ya no aparecían, pero su nombre quedaría para aquellos primeros ensayos donde lo único claro es que todos adoraban a Frank Blank y los Pixies. Los años hasta Ugo (2009) les darían una voz propia. Fue el querido Frank lo que tuvo en mente, pero era Kate Levon eso que sonó en una juguetería en medio del mismo viaje. Tras preguntarle al dueño del lugar qué sonaba, confirmó el rumbo que el cantante Agustín Zucal (tal es su nombre) tomaría junto a Ignacio Zucal (teclas, voz), Francisco Milne (guitarra, voz), Diego Collins (bajo) y Marcos Tercero (batería).

“Lo que cualquier músico de rock quisiera hacer en un momento: un disco de canciones sencillas y cortas”, dirá. Ojalá fuera tan simple y fácil como suena.

Con la acústica al frente y letras engañosamente simples, las melodías tan adhesivas como sofisticadas se suspenden en un clima casi atemporal. Entre el beat, el pop y el folk, Pels hace de Destellos del futuro un álbum de esos que en un mundo atestado de información y hits edulcorados suena a tesoro escondido. O quizá eso ocurra para recordarnos que como la guitarra Yamaha o las melodías de la juguetería, la belleza siempre está ahí y puede que aparezca sola como que la vayamos a buscar.

Y en Destellos del futuro, los Pels suenan como si hicieran ambas cosas, con el aplomo de un padre y con el candor de un niño.

El tiempo fue central. “También lo fue en el disco anterior -cuenta Zucal-. Es el tema que más me atraviesa. Quizá no sé si por la edad, como veo pasar la estación. Desde un lugar más pasivo que responde a eso.” Y a punto de cumplir los cuarenta, confiesa que el tiempo no sólo incide en el sonido musical, sino en cómo se vincula con la música y algunas expectativas: “Es un click que hice hace un par de años, pero una cosa es racionalizarnos y otra ponerlo en práctica”.

Fue mucho tiempo el que transcurrió para Destellos…. Si bien comenzó en el invierno de 2016 y “teníamos el plan de hacerlo rápidamente en ese transcurso, se nos ocurrió ir a Berlín, el estudio de un amigo. Fuimos y tocamos en distintos lugares de Europa”. Al legar, el lugar colmó sus expectativas y al tener la posibilidad de alojarse en el estudio, les pareció “una picardía estar mezclando frente a un consola y computadora”.

En un fin de semana, ensayaron y grabaron Fankhaus (2017) y el álbum tuvo que esperar al regreso para ser mezclado por Francisco Stuart. “Lo que sí influyó es que es la primera vez en vivo. Somos meticulosos, nos lleva mucho tiempo el proceso de grabación. No sale de una, sino que vamos arreglando mientras lo grabamos”. Por eso Destellos… fue “el primer disco que empezamos a grabar desde un concepto sonoro previo”.

Una de las perlas -precisamente- del disco es la participación de Lito Nebbia en “Cortina para un programa de televisión”: “La relación empezó hace varios años con La Perla Irregular, banda de Pablo Vidal que algunos de nosotros integrábamos. Lito quiso que fuéramos su backing band para un recital que organizó en La Perla del Once en 2014. Hicimos canciones compartidas y quedó una amistad. También nos invitó a Los Pels para un compilado que no vio la luz aún. Es un tipo fantástico y se nos ocurrió que estaba todo dado para llamarlo”.

En vísperas de un año nuevo, la banda planea “un largo descanso, porque dos de los chicos tuvieron hijos recientemente. Pero en marzo será la presentación oficial del álbum y en febrero grabaremos un videoclip”. Después de tanto tiempo, ¿los chicos están bien?: “Creo que sí. Como muchas otras bandas, somos amigos de compartir no sólo la música. Tres de nosotros compramos unos terrenos pasando Pilar, en un lugar en pleno campo. Y planeamos levantar nuestras casitas”.