El límite entre lo que es verdad y lo que parece verdad muchas veces es difuso. Verosímil es aquello que parece verdad, pero que no necesariamente lo es. La gran ficción mediática construida para justificar la persecución judicial a los opositores políticos del gobierno de Cambiemos se construye sobre el concepto de verosimilitud. Se apoya en ideas instaladas en “el sentido común”, en preconceptos sedimentados por un discurso repetido durante décadas: “los políticos son todos iguales”, “los políticos son todos ladrones”, “los populistas, izquierdistas o peronistas son los más ladrones de todos los políticos”.

Luego, para solidificar ese prejuicio, basta con encontrar un corrupto (por ejemplo: José López) y exponerlo públicamente para justificar el todo por la parte. “Si uno es corrupto, era cierto: todos son corruptos. Y todo lo que se diga sobre ellos es verdad”.

La estrategia no es nueva, sólo cuenta con mayores recursos por el avance de las tecnologías (Facebook, Twitter, WhatsApp, etcétera), que crean la falsa ilusión de una comunicación horizontal, democrática.

La batalla comunicacional siempre tuvo un rol clave. En Argentina, los golpistas y fusiladores del 55 se autodenominaron “la Revolución Libertadora”, aunque nada tenían de revolucionarios ni mucho menos de libertadores. Ellos, que habían hecho un golpe de Estado contra un presidente elegido democráticamente por un amplio margen y que se habían instalado en el gobierno por la fuerza, masacrando a los trabajadores, llamaban a Perón “el tirano prófugo”.

Ya en aquella época construyeron un relato ficcional sobre supuestas bóvedas estatales que antes del gobierno peronista habrían estado “repletas de oro” y que habrían sido vaciadas por el “líder demagógico” (sólo les restaba decir que “los populistas” se habían “robado un PBI entero”). Todo para justificar un brutal ajuste y la transferencia de recursos desde los sectores más vulnerables hacia los de mayor poder económico. La historia se repite: primero como tragedia, luego como farsa.

La estrategia no es nueva, SÓlo cuenta con mayores recursos por el avance de las tecnologías (Facebook, Twitter, WhatsApp, etcétera), que crean la falsa ilusión de una comunicación horizontal, más democrática.

El discurso político-mediático liberal y su posterior vertiente neoliberal (en definitiva, el discurso del poder) sostuvo un relato similar en el resto de los golpes en Argentina. También lo hizo contra todos los líderes regionales a los que trataron de derrocar. Lo hicieron contra Salvador Allende, Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, Lula da Silva, etcétera.

Ahora, como si se tratase de un libreto para una mala serie de Netflix, el relato ficcional, que se construye sobre ese discurso sedimentado por la repetición a lo largo de los años apunta contra la figura de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y tienen como único elemento las fotocopias de algunas hojas de los supuestos “cuadernos” de Oscar Centeno, un chofer de un Ministerio que, a decir de Aníbal Fernández, “habla como Monzón (el reconocido boxeador argentino) y escribe como García Márquez (el novelista colombiano, Premio Nobel de literatura)”.

La mala trama de espionaje sirvió para que jueces y fiscales inescrupulosos, que responden a intereses que van más allá de nuestra frontera, extorsionaran a los empresarios de la denominada “patria contratista”. Empresarios que eran responsables de la obra pública desde décadas antes de que el kirchnerismo llegara al gobierno (y no al poder, que siempre estuvo en las mismas manos).

Al igual que en Brasil con el expresidente Luiz Inácio “Lula” da Silva, las pruebas no importan. Sólo vale el discurso mediático y el testimonio de empresarios extorsionados que, para evitar la cárcel o reducir posibles penas, declaran lo que jueces y fiscales les exigen que declaren.

Oscar Centeno, un chofer de un Ministerio que, a decir de Aníbal Fernández, “habla como Monzón (el reconocido boxeador argentino) y escribe como García Márquez”.

La construcción de la idea de que la exmandataria es una especie de “Al Capone” que mata fiscales, hace negocios con terroristas y se roba toda la bóveda del Banco Central para transformarse en una especie de dictadora que pretendía eternizarse en el poder intentó consolidarse por todas las vías. El discurso mediático incluyó “diagnósticos televisivos” de médicos-periodistas que difícilmente podrían determinar una gripe, pero que con supuestas herramientas de la psiquiatría definieron (a la distancia) que la expresidenta “padecía el síndrome de Hubris” (la enfermedad del poder). Para el discurso mediático dominante, Cristina Fernández de Kirchner era (y es) la suma de todos los males.

La exmandataria y actual senadora es la líder política con mayor intención de voto para las elecciones presidenciales de 2019. La intención de instalar la idea de que fue “la jefa de una asociación ilícita” tomará aun más fuerza a lo largo de todo el año electoral.

El máximo objetivo: conseguir quitarle los fueros como senadora, encarcelarla y quitarla de la escena electoral (igual que a Lula da Silva). El objetivo de mínima: desgastar su imagen y lograr que el voto anti-Cristina les permita una reelección. El objetivo transversal: generar una “cortina de humo” que distraiga al pueblo argentino del desastre económico en que el macrismo ha hundido al país (megadevaluación, aumento de las tarifas de luz, gas, agua y transporte, destrucción del poder adquisitivo de los trabajadores, jubilados y estudiantes, cierre en cascada de las pequeñas y medianas industrias, crecimiento de la desocupación y la pobreza y un enorme endeudamiento externo).

ristina Fernández de Kirchner: “Esta instrumentación del Poder Judicial que se da aquí en Argentina, que se da en Brasil, que se da en Ecuador, es una estrategia regional, no tengo ninguna duda”.

La verdadera asociación ilícita, digitada por el Departamento de Estado de Estados Unidos, está conformada por el Grupo Clarín, el gobierno de Cambiemos y sectores del Poder Judicial para perseguir a los opositores políticos y desfalcar al pueblo argentino.

La fuerte intención de aniquilar al empresariado argentino para que las empresas norteamericanas desembarquen como marines y se apropien de la obra pública también comienza a sonar cada vez más fuerte.

“Esta instrumentación del Poder Judicial que se da aquí en Argentina, que se da en Brasil, que se da en Ecuador, es una estrategia regional, no tengo ninguna duda”, aseguró Cristina Fernández de Kirchner.

Ejecutores regionales y articulación internacional, la construcción del sentido común y la destrucción del Estado de derecho, y con ello de la de democracia, forman parte de los pasos de un saqueo a los que el pueblo argentino deberá ponerle un freno en 2019, para volver a construir una patria con justicia social, soberanía política e independencia económica. El futuro aún no se ha escrito y cada trabajador tiene en su manos el lápiz con el cual escribir su destino, líneas que no serán fotocopiadas por el poder.