Por Ramiro García Morete

La escuela era esa. Ni el Normal 3 ni Bellas Artes, de donde se rateaban sistemáticamente. Entonces ninguno tenía celular ¿de qué otro modo hablar con tus amigos cuando tenés trece o catorce años? La escuela era la plaza. Más exactamente, Plaza Rocha. Allí paraban. Con las mesas de pool de Twins cercanas y el Mele (“habitué” de la plaza) rondando, allí comenzó a armarse el círculo. Aunque “parar” es una forma de decir, porque en verdad no dejaban de moverse. Allí, bordeando el monumento central, habrán recortado las cartulinas que hicieron de entrada para algún recital inicial en Asia o Imperio. Allí habrán juntado los volantes que como hoy siguen repartiendo cara a cara, porque no olvidan lo importante que era para ellos recibirlos de mano de bandas como Don Lunfardo entonces. Allí habrán fantaseado con viajes y giras, como aquel verano uruguayo del 2012 donde metieron dieciocho fechas en veinte días, ya fuere en un escenario o enchufando los equipos en la puerta de alguna heladería.

La escuela era la plaza y allí habrán planeado alguno de los veinticuatro recitales en El Ayuntamiento, de los cuales Tomás Rusconi guarda todas las fotos. Pero también era la escuela no sólo el rock argentino de los noventa, sino lo que cada uno traía de su casa. Como la Les Paul Hondo que Rusconi se colgó por primera vez a los tres años y retomó hace unos años, cuando la banda decidió ir más atrás aún y curtir la escuela argentina de los setenta. Aunque justo a mitad de todo este camino, la guitarra quedaría en otro plano cuando el carismático Manuel Rodríguez (actual Sueño de Pescado y cantante original) diera un paso al costado por diferencias. Ni Esteban Penovi (bajo) ni Julián Lizardo (batería) ni Elunén Moreno (guitarra) ni Ricardo Pelatti (saxo) ni ninguno del círculo (que completaría Matías Otonello en guitarra) dudaría en seguir adelante. En “Latiendo de más” tendría que poner la voz, a la par de una búsqueda que iba dejando atrás las fusiones rioplatenses de los primeros años.

Por eso con Círculo Eléctrico (2014), la banda donde todos componen algunos de sus integrantes tienen más años dentro de ella que fuera, se despegaría de eso que las etiquetas llaman “rock barrial”. Con una formación más reducida y un sonido más sólido, la banda no pierde su vitalidad arengadora y suburbana. Pero potencia la química de la sala y desde el hard rock “Fuera de fase” al sutil “De sangre fría”, se advierte un crecimiento en las canciones y la interpretación. Ese crecimiento que, por razones ajenas obviamente, cuesta ser acompañado en medio de la crisis. Por ello es que tras presentar su disco en Niceto, han decidido cerrar el año gratis y a beneficio en Pura Vida. Sí, a metros de la plaza que fue escuela. Pensando en lxs pibxs de hoy, estos pibes que –más allá de algún cambio– mantienen el entusiasmo sin pensar si una fecha sale bien o mal: Se Va El Camello. Más que un círculo cerrado, una rueda que no para de girar.

De otro amanecer

“Nosotros crecemos –introduce Rusconi sobre el disco cuyas bases se grabaron con Álvaro Villagra y el resto con Nelson Pombal–. Ya no somos los chicos que tenían quince años. Hoy la música que nos divierte es otra. Y escuchando música siempre es que vamos yendo para atrás. Porque vemos qué es lo que viene y son como productos que salen del horno con determinadas reglas… ya no hay solos de guitarras o cambios armónicos muy marcados. Somos de la generación del rock de los ’90 pero todo lo que escuchaban nuestros viejos nos marcó. Y creo que hoy vamos para atrás y estamos consumiendo más las obras de Flaco, Hendrix, Zeppelin. Por ahí marco más este disco también estrictamente en el audio”.

Para llegar pulidos a la grabación definitiva, grabaron tres veces el disco: “En el anterior hemos metido muchas capas de sonido para que nos complaciera. Con este disco nos fuimos a lo minimalista de hacerlo que suene en la sala”.

Rusconi reflexiona sobre su rol como vocalista que en su momento lo agarró medio por sorpresa. “Sobre todo porque no quería dejar la guitarra. Pero con muchos arreglos, cantar y tocar es difícil. Costó y me costó encontrar la personalidad. No reniego del disco anterior porque tiene grandes canciones y es una buena primera experiencia para mí. Pero este disco es superador desde las composiciones, desde el sonido y sobre todo desde la impronta de la voz”.

Más de una vez, Rusconi debe cantar canciones escritas por otros integrantes: “Yo me como mi interpretación y lo canto acorde a mi historia. Y la gente lo canta en base a su historia. Por eso cuando nos preguntan sobre este tema o el nombre de la banda, tratamos de que quede a libre interpretación porque es como que pierde la magia.

Fuera de fase

Locuaz y ameno, Rusconi dialoga sobre cómo las redes se impusieron inclusive a “los medios monopolizados”: “Los pibes consumen lo que se ve ahí. Son cosas más cortas y los tiempos que rigen en esas redes. Un tema por semana, etc. Entonces no se genera esa cultura de seguir una banda o una obra que incluya otras obras como es el disco. Lo que apuntamos con la banda es a defender los discos, los formatos físicos, el contacto directo del afiche o el volante en la calle”.

Si bien intentan adaptarse, reconoce: “Somos cabeza de vieja escuela, porque nos gusta diseñar el flyer y que no pase por la compu. Imprimirlo, ver cómo salió, dárselo en mano y de paso charlar un rato. No es lo mismo vos pasar con el dedo entre mil cosas y ver un flyer, a que venga un tipo a la salida de un lugar y vos le preguntes y que te cuente”.

El día de la oscuridad

Este viernes la banda se presentará a las 21 hs en Pura Vida, con entrada gratuita y la opción de donar un juguete: “Va muy relacionado al momento actual. El país, la economía, los pibes. De las gestiones culturales, las trabas. Si bien hace tres años que venimos bastante mal, en el último semestre cayó todo. La gente tiene que recortar y lo primero es lo que no es necesario: el entretenimiento, la cultura. Para nosotros es importante mostrar la música. Que vaya toda la gente posible. Y de última haremos unos mangos vendiendo una remera”. Y en esto surge el tema de que se acerca la fiesta y muchos chicos no van a poder tener nada para navidad. Nos pareció justo que el que quiera ir y no pueda aportar, todo bien, va a entrar. Pero lo importante es tratar de ayudar con un juguete que vamos a estar recolectando y haciendo visitas por algunos lugares para entregarlos”.

Si bien sus letras no son explícitas, la banda tiene posturas políticas muy claras: “Nos interpelan siempre las luchas populares. Todas. Como portadores de un micrófono y referente de algunos pibes, me parece que está bueno que lo que nosotros vemos y creemos que podemos comunicar usar ese poder que tenemos para esa pequeña porción de pibes de esta generación para dejar un mensaje”. Rusconi expresa el lugar de la banda ante la lucha feminista: “Bancamos a pleno a las mujeres. Pero no nos metemos en la lucha porque somos hombres. Respetamos ese espacio y esa lucha, la apoyamos todo el tiempo y desde donde podemos. Es importante para nosotros respetar su espacio”.

Con la idea de hacer la presentación oficial en La Plata recién en el 2019, el cantante y guitarrista mira hacia la plaza que los vio crecer: “Más allá de que cuatro o cinco tocábamos, era un grupo de gente muy linda y que se sostuvo durante un montón de años. Lo más lindo es priorizar esa amistad. Y pase lo que pase el logro es seguir. ¿Nos fue bien? No sé, pero es otra fecha más. Y la próxima nos irá bien o mal. Siempre dijimos lo mismo: el propósito de esta banda no es millonario ni multitudinario. Sino que lo que nos alienta es conocer gente”.