Por Ramiro García Morete

De pronto “empezó a sonar un tema de Charly en inglés”. Francisco Cadierno tenía doce o trece años y un amigo puso un disco de The Byrds. “Me siento mucho mejor” era en verdad “Feel lot a better”, pero a él lo maravilló el modo en el que García se lo había apropiado sin que pareciera forzado. Desde entonces, esa suerte de juego y proceso creativo estuvo rondando al escuchar una canción en inglés. Quizá en alguno de los largos viajes en fríos autobuses que este cellista y profesor de música hace para dar clases en Trenque Lauquen o Pehuajó. Fue sin embargo en un tributo a John Lennon del que participó su banda El Ataque de los Barriletes que sus adaptación de “She said, she said” realmente le gustó. Adaptación, que no es lo mismo que traducción. Porque ya saben aquello de “traductor, traidor”. Aunque la etimología también suma a traducción y traición el término tradición. Y la historia de la cultura popular es eso: una tradición de adaptación, asimilaciones y maravillosas inexactitudes.

Fue exactamente en el tedioso y platense verano pasado que Cadierno estaba algo cansado del cello. Y no estaba componiendo. Con un heterodoxo método que consiste aún en prender la compu y tomar mate, comenzó el proceso. Buscando traducciones y más que nada el sentido original de temas que le gustaban, comenzó un fructífero proceso. Temas de los Byrds, de Oasis, los Smiths y demás con anclaje social y político “conurbanizado” emergieron de modo prolífico. Tanto, que su amigo Nahuel Acosta, pianista y contrabajista, se ofreció a grabarlo. Y Julián Olmedo a filmarlos, con el mismo hábitat en el que habían nacido: una cocina, un mate, una criolla. Nombres como Tomas Vilches (Bestia Bebé, Bluyines) o Pablo Vidal (Los Valses) aportaron sus voces para una atractiva serie de videos cancioneros llamada Sesiones criollas. La misma que tendrá su noche especial este sábado 22 de diciembre a las 21 hs en Casa Unclan (5 e/ 63 y 64).

“Capital ya me pudrió/ quiero volver a ser yo/ buscando un lugar en el Gran Buenos Aires”, (adaptación de “Heart of Country”, de Paul McCartney). Así como el notable Acho Estol de La Chicana, Los Campos Magnéticos (proyecto que obviamente adaptaba a The Magetic Fields) o Pedro Bedascarrasbure haciendo “Güilco” (lúcidas versiones de la banda americana Wilco), Cadierno intenta expresar la diferencia con una simple traducción o cover, apuntando al factor idiosincrático como esencial.

“Para mí es como cuando un libro pasa a película. Que vos decís: che, en el libro pasaba una cosa y acá pasa otra. Sí, porque el cambio de lenguaje requiere otras cosas. Hay cosas súper simples y son intraducibles. Ayer estaba tratando de traducir ‘Dancing Queen’ de Abba. Y hay una simpleza, una inocencia y una majestuosidad en el estribillo. Y hay muchas cosas sintetizadas en esas frases y palabras que no le podes encontrar la vuelta fácil. Tenes que buscar por otro lado y agregar también cuestiones propias nuestras. Jugártela un poco más.”

“Bici rota saliendo de City Bell/ quizá me vuelva macho el estrés./ Y entonces se frenó ese hombre de bien./ ¿Por qué llorar por lo eventual/ cuando el cuero se siente tan suave/ en este asiento de atrás?/ Quisiera salir hoy/ pero no tengo nada que ponerme. Un pibe del montón/ que no sabe quién es/ escucha Morrisey/ y el tipo sabe ver muy bien” (adaptación de “This charming man”, de The Smits). Con sutileza, Cadierno y compañía juegan con situaciones reconocibles y personajes también. Porque hablando de hombres “encantadores”, hay una versión inédita de “Charmless man” de Blur: “Se lanzó en un club muy popular/ Alguna gente lo empezó a votar/ Esta es la historia, les voy a contar/ Del presidente que leía mal…”. Y eso no es todo, porque sus amigos y consumidores son muy bien representados en otro inédito que prepara para una potencial segunda temporada. “Life on Mars?”, esa notable balada de Bowie sobre la cultura de masas se convierte aquí en “No vuelven más”, donde una chica se sienta a ver tele y llega a creer que un pibe desapareció “por hippie”.

El juego –porque eso es, y bienvenido sea– no se trata sólo de reemplazar las letras de canciones conocidas, “porque sino es la canción de cancha. Tiene que estar ese elemento estructural de qué es lo que dice o cree uno que dice la canción. Hay temas que no hay una verdad absoluta de lo que representan. Primero encontrar eso y después la manera de traerlo para acá”. Y agrega: “A veces es toda una cuestión que no sabés si está bien o mal. Una línea delgada. Si te pasás mucho es un chiste, pero si no sos el Google translator. Ahí está lo difícil”.

El punto es posiblemente entender que esas diferencias idiosincráticas e idiomáticas a la vez potencian los puntos en común: “Las vivencias son universales. Hay una pared de títulos o de nombres que se pueden transponer totalmente. Porque esos temas ingleses o norteamericanos provienen de una cultura que se emparenta en un punto… no es que hablamos de canciones de una tribu africana”.

Como quien se va de viaje y al regresar halla su casa distinta, Cadierno se encuentra con sus propias canciones nuevamente. “Dejé de hacer traducciones ahora. Cambió totalmente el resultado de las canciones. Es como un buen ejercicio traducir. Me pasa a veces que uno tiene un sentimiento o algo que quiere decir, y encontrar la manera es lo más difícil. Y este ejercicio de tener que decir esto, pero en tu idioma, dio un entrenamiento. Estoy probando un método, que es salir más desde la prosa y tratar de traspolarlo a una canción.”