Por Ramiro García Morete

“Vos sos la redención de domingo a la mañana”. Tenía pánico de cantar en público. Justo ella, que canta todo el día desde que tiene memoria y su voz cobija el candor mismo de una mañana. Pero le sudaban las manos y se aterraba por el sólo hecho de subir a un escenario. De nada servía la experiencia al frente de Lumilagro, y las últimas veces que había subido con Crema del Cielo la había pasado mal. Para colmo, el embarazo había propiciado una creciente sordera. Ahí afuera el mundo no ayudaba, con el despiadado avance liberal y meritócrata que tantos –pero evidentemente no suficientes– advirtieron. Los domingos a la mañana, como esa canción que entre una decena le obsequió Lucas Finocchi, de Mostruo, su hija Emilia –esa que anheló muchísimos años antes de nacer con “Canción de cuna”–, y su compañero Leandro Giordano le dieron cierta calma. Y el ámbito perfecto para decidirse finalmente a dejar “un registro prolijo”.

Entre la docencia de literatura, la crianza y las vicisitudes domésticas, Leandro asumió el rol de producción casi como una rutina hogareña. Pero con una pequeña ayudita de sus amigos el resultado sería un sencillo pero preciso álbum de canciones que por dulces no son ligeras. Como si esos perros, niñas, aves, libros y valijas que las recorren fueran signos cotidianos pero esenciales a los cuales aferrarse. Como si toda esa ternura no fuera posible de apreciarse si no se atraviesa el pánico. Como si a veces, por crueldad o por aprendizaje, necesitáramos recordar lo importante que es escuchar. Y Valeria Laferrara no sólo escuchó la voz de los otros, sino la suya. Esa que luce en Pánico y sordera y que mañana a las 21 hs presenta en Área Chica (119 y 34, boulevard 83 Nº 403).

“Yo no soy muy constante con nada. Ni siquiera sé decir cuánto duró Lumilagro, fue todo muy inestable”, confiesa. “Me di cuenta de que podía hacer algo lindo, que me gustara no sólo a mí, sino a otras personas. Cuando uno graba quiere que el otro la pase bien al escucharlo”.

“Se tiene que llamar como tu nombre”, le dijeron, casi como un paso simbólico. “Nunca había usado mi nombre. O era Valeiro o Lumilagro, más en joda”. Se trató de un proceso de asimilación: “Ahora le dicen procrastinar. Me considero un especialista en eso. Pero ya tengo 38. Creo que tenía la necesidad de un registro prolijo, cosas que estaban sueltas. Lo que hizo un regalo al cual le voy a agradecer siempre”.

Laferrara indaga en razones: “Me di cuenta de que desde que fui mamá me volqué a Emilia, a cuidarla. Y sin darme cuenta dejé todo: escribir y tocar. Y empecé a sentir pánico a la idea de tocar en público. El pánico y la sordera son dos cosas reales. Tuve pánico a mostrarme frente a alguien. La sordera me está atacando por una enfermedad que no es grave, pero tengo que usar audífonos, tengo que tratarlo”.

La presentación de mañana será a piano y voz. “No llegamos a armar banda. Pero la idea es poder armar una y salir a tocar”. Laferrara vuelve a elogiar al pianista: “Me re apoyo en el chabón, más allá de que sea mi marido y padre de Emilia, confío mucho musicalmente. Está re bueno compartir eso con la persona con la que tenés que pagar la luz y el gas”.

Hablando de pagar las cuentas, Laferrara reconoce la influencia de una coyuntura económica y social crítica: “Total y absolutamente, en medio de todo esto. Tres años atrás lo sabíamos. Toda esta crisis repercute en las relaciones, parejas, familia. Por eso es importante poder juntarte a ensayar. Y dejar de pensar un poco. Te redime por un rato, y al menos un rato está bueno”.

Respecto de la presentación de mañana, algunos temores parecen ser parte del pasado: “Ya estoy totalmente segura de que no habrá pánico ni sordera. Estoy cantando sin los audífonos, me escucho bien”. Claro que se la escucha muy bien. Y finaliza: “Incluso un poco sorda y con pánico, siempre voy a seguir cantando”.