Por Ramiro García Morete

Cuando Diego Trerotola –periodista, crítico de cine y apasionado agitador cultural, entre otras cosas– comenzó a escribir en Soy, no era usual. Nadie escribía sobre historietas o comics atravesados por la mirada LGBT. A decir verdad, no había mucha producción. Casi como una rareza, el reconocido Cúneo publicaba en el entonces joven Diario Perfil. A decir verdad también, la historieta y derivados ha sido siempre un lugar para lo “raro”. A pesar de ser históricamente subestimada por las expresiones elevadas, esta disciplina interpreta como pocas ciertas ideas esenciales del arte: contar los mundos posibles y los imposibles. La historieta es el mundo de la posibilidad. Tal como debería ser el mundo en sí.

Quizá los avances en esa materia y la visibilización progresiva –aunque aún no definitiva y por ende necesaria– de las disidencias de género y de sexo hicieron que esa producción creciera. Por eso hace tres años Trerotola pensó en llevar adelante Tinta Queer, “un festival centrado en la historieta que pretende hacer foco en una nueva visibilidad, nuevas imágenes y cuerpos; que acarrean nuevos modos de producción”. Y con la idea del nomadismo, porque “de mudar a mutar hay una sola letra”, este sábado llega al auténtico hogar del dibujo y la historieta local: Crumb, ubicado en Diag. 77 e/ 4 y 46.

“Es la primera vez que salimos –comenta Trerotola–. La idea siempre era que fuera nómade, nunca tuvo una sede sola. No queríamos la cosa estancada. Cualquier lugar que sea LGTBQ+ se puede transformar en gueto y queríamos que circule. Descentrar la historieta es una idea nuestra y salir de Capital nos parecía acorde”.

Y agrega sobre la ciudad de varias de sus bandas de rock favoritas: “La Plata es una ciudad que gráficamente es revolucionaria. Por la Facultad. Y en cuanto la diversidad sexual y de género, también es una de las más productiva en términos de visibilización queer. Más revolucionaria, más desobediente”.

El periodista analiza el crecimiento de la historieta independiente en la última década y la influencia de la web para que “no se persiguiera la historieta explícitamente disidente en términos sexuales o de género». En Estados Unidos, por ejemplo, son muy reaccionarios a historietas en términos sexuales”. Y extiende: “El mundo del comic es muy machista. No es que sólo hubiese varones, pero se imponían. Eso está cambiando mucho. Cada vez hay más historietistas editadas que llegan al libro, no sólo fanzines. Es muy reciente. No es que no hubiese. Pero eran generalmente marginalizadas”.

“En los últimos cinco o seis años, muchas personas lesbianas, gays y más empezaron a publicar con un perfil que escapaba al gaycentrismo”. Si bien es un campo amplio y difícil de reducir –mucho más desde una nota periodística–, Trerotola aclara: “El queer puede ser hetero. No es lo mismo ser heterosexista que heterosexual. Lo queer rompe la identidad estanca de LGBT. Lo queer no es orientaciones no heterosexuales. La historieta era disidente dentro de la cultura de la diversidad sexual. No se adaptaba al gaycentrismo. Existió la historieta gay y lésbica que no era queer. Marginalmente, había casos de publicaciones. Parte del imaginario del consumo gay. Estaba La Hiena, que era de erotismo gay reaccionario. Queríamos salir de ese lugar. A mí me interesaba otro tipo de historieta y empezó a aparecer”. En medio de todo ello, se encontró con el colectivo Secuencia Disitente, que esta edición presenta un zine.

Lo que sucederá el sábado 15 de diciembre entre las 17 y las 23 hs incluye una feria de fanzines, publicaciones independientes y otros materiales impresos y desviados. Por un lado habrá muestras de originales de Paula Andrade, Femimutancia y Pewén Bruno Viera. Por otro, las presentaciones con presencia de historietistas, dibujantes y guionistas de Diverses, de Agustina Casot, Alienígena, de Femimutancia, y Porni Pulpis, de Paula Andrade.

También participará Secuencia Disidente Zine, con material inédito de Elioh Kortsarz, Catalina Minteguía, Carlos Dearmas, Cons Oroza, Azul Obarrio, Tirremomo, Sa Costas, Patricio Oliver, Agustina Manso, SweetPea Momote, Daniel Perotta y Emmanuel Theumer, con tapas de Patricio Plaza y Luciano Vecchio e ilustraciones de Paula Suko y Agustina Casot.

Por si fuera poco, Rorschach – Grupo de lectura de historietas, presenta Lecturas queer de historietas: afecto y lectura desde la periferia, o cómo meter la historieta por el ano de las instituciones, con Facundo Nazareno Saxe, Bruno Percivale, Yanina Esquivel Zin y Pazchi Díaz.

“Me sigue sorprendiendo –cierra Trerotola–. Este año presentamos tres libros. Uno de Paula Andrade, que habla de la sensualidad de los calamares, un mix entre lo humano y animal, desde lo lésbico. Diverses, de Agustina Cassot, que trabaja con la multiplicidad de voces y discapacidad. Y Alienígena, con la sexualidad y lo extraño, lo monstruoso. La historieta no sólo tiene que registrar formas existentes, sino inventar otra. Que es un campo fértil. La historieta documental, de hecho, funciona como un dispositivo gráfico para pensar los cuerpos. No es realista. Inventa mundos gráficos extraños. Tres libros en un año. Cuando empecé, ni imaginaba. Estamos en un momento para celebrarlo. Salir de la zona de confort. Buscar otros ámbitos donde todavía no pisamos. Sentimos que podemos conectar. Porque hay un campo fértil”.

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