Por Ramiro García Morete

“Camino por la calle y me pregunto lo caro que es vivir en libertad”. Cada mañana, antes de las ocho, el inquieto Juan ya está levantado. Toma su viejo mate y, como le recomendó su tía, agrega jengibre y miel a la yerba. Aún falta para que dé clases de canto como desde hace diez años. Algo por lo que se inclinó ante las de guitarra, porque “es un instrumento que juega con la psicología y se ve todo”. La psicología, precisamente, debe tener una mirada distinta sobre las obsesiones. Pero, desde la perspectiva artística, tener recurrencias y tópicos constantes es el campo fértil de trabajo. Por eso, después del primer sorbo y tras espiar el arrollador avance inmobiliario que a través de dos edificios en obra asoma por la ventana de su tercer piso, Juan empieza a pensar. Si es que alguna vez se detiene este muchacho que de adolescente cantaba en El Espejo y que en su primera juventud acompañó brevemente a José Tedesco en Ovejero. Juan –de apellido Marano– toma alguno de sus cuadernos papel araña.

Tal como en ese grandilocuente manifiesto pletórico de simbología e intertexto que fue La Caída de los Ídolos (2015), Juan le busca sentido a las cosas. Y las escribe. Algunas de ellas cobran forma de verso o melodía. Entonces toma otro cuaderno y posiblemente su Washburn negra acústica, como también ha tomado de Nietzche o de Almafuerte. Al contrario que en la canción de Pappo –ese cover que grabaron y que junto al simple Houdini sirvieron de transición y constatación de la banda–, no quiere ver su cara y nada más. Ni está solitario. Lo que queda en ese segundo cuaderno llega a una sala donde Javier Rodó (guitarra), Sebastián Lucero (bajo) y Esteban Mateo (batería) le dan forma. Y esa forma, que contiene otras, se llama Vanakara.

Durante 2018 la banda editó “Houdini”, video y canción más aguerrida y directa que el primer disco, donde el rock y las baladas se entrecruzaban con incursiones electrónicas. “Eso fue un simple y ese universo queda ahí –comenta Marano–. Para nosotros significó una transición. Necesitábamos hacer una prueba. La situación económica hace que debas elegir bien.” Antes de hacer un disco corto, Vanakara prefirió contratar un managment y seguir trabajando con “La caída”, ya que “hay lugares a los que no viajamos. Este año vamos a tratar de girar con el disco, con ‘Houdini’, ‘Pobre Juan’ y las canciones nuevas”. Esos temas irán a parar a manos de un reconocido productor y anticipan un nuevo material. “Nos gusta hacer las cosas de una forma conceptual, pensar un universo nuevo… No será un simple, un EP o un disco. Hilvanar cuestiones ilustrativas, cinematográficas”, anticipa Marano, quien considera que como letrista le salen cosas oscuras. “A pesar de mis buenos intentos de ser optimista. En las canciones nuevas tratamos de ponerlo en contraste.” Esa música incluye “espacios para los acústicos, espacio de garaje y también esa situación intermedia, un rotito tranquilo”.

Tras haber surgido a partir de sus canciones, Marano ve con satisfacción la dinámica de banda. “Si bien la parte lírica dictamina qué color va a tener, lo instrumental tiene que ver con los chicos. Se agarran mucho del mensaje.” Desde Audioslave o Stone Temple Pilots a Cerati o el Indio, Vanakara busca su sonido.

Y, como todos, busca subsistir ante una crisis arrasadora. “La sufrimos mucho como toda banda autogestionada. Cuando tenés una discográfica podés tener espalda para soportar las vacas flacas. Pero cuando sacaste un disco que fue en otra Argentina y ahora sale catorce veces más, las bandas como nosotros sufren el famoso cambio. Fue un retroceso.” Lo que sí destaca es la lucha feminista: “Vanakara en las canciones muchas cosas las veía venir. Quien está atento a los movimientos sociales ve venir algunas cuestiones. Se visibilizó un gran problema social que había dando vuelta”.

Precisamente después de un disco que habla de la caída de los símbolos, Marano también reflexiona sobre el rock en la actualidad: “Puede que esté tambaleando el rock como género. Pero el género canción va cambiando. Cuando estuvo de moda la cumbia pop, eran canciones de rock pop. Yo creo que el género canción toca una fibra del argentino y latinoamericano. Que después puede amalgamarse de muchas formas”. A su vez “el rock siempre ha luchado contra las modas. No sé cómo terminará la batalla. En Spotify alcanzó una peli (Rapsodia bohemia) para aplastar el reggaetón. Los pibes no son tontos”.

Y en ese futuro incierto, de nuevos paradigmas, de cambios buenos y otros no, Vanakara planea “tocar mucho fuera y poco en La Plata, mientras terminamos el disco. Y empezaremos con otro. Viste que tenemos ese problemita con la ansiedad…”.