Por Mariano Camun

Las prioridades de Mauricio Macri siempre fueron más que claras. El ajuste debe caer sobre los sectores más vulnerables, a los que el presidente pidió “hacer un esfuerzo”. En medio de la crisis económica que sigue generando la pésima administración de Cambiemos, Macri siguió apostando al “aparentar”, al “qué dirán”, a la famosa “vidriera del mundo”, y decidió que Argentina fuese el país anfitrión de la cumbre que reúne a los líderes mundiales.

Para la organización de este evento no hubo austeridad. Gastó 112 millones de dólares, más otros 220 en armamento bélico para la seguridad, un monto que equivale a la construcción de 44 escuelas públicas y cuatro hospitales de alta complejidad, compromiso que el mandatario asumió durante su campaña electoral de 2015.

El presidente de la nación, luego de cumplir su capricho de niño rico (“quiero esto y lo voy a tener”), fue noticia e imagen mundial nuevamente, pero no por decisiones tomadas en el G20, sino por sus lágrimas “emotivas y desahogadas” en el Teatro Colón, luego del espectáculo de camaradería llamado Argentum que ofreció a los líderes del mundo, obra diseñada por Ricky Pashkus que tuvo un despliegue tecnológico, visual y artístico con un lenguaje electrónico, con 84 bailarines y 75 músicos en vivo, para cerrar en el momento justo al grito de “Argentina”, con la melodía del macrismo: “¡Sí se puede…!”.

Este tipo de sensaciones liberó a los fanáticos de Cambiemos a postularse nuevamente como el centro de la política nacional, sacando la chapa de que el llanto final es el nuevo comienzo de la campaña para la presidencia de 2019.

el llanto final es el nuevo comienzo de la campaña para la presidencia de 2019.

Veamos cómo se manejó esta nueva campaña. Los sentimientos humanizan y es algo que Mauricio Macri nunca pudo resolver en su gestión. No olvidemos el día que fue noticia la aparición del ARA San Juan, en la madrugada del 17 de noviembre, cuando el presidente compartió un comunicado y decretó tres días de duelo nacional. En su discurso, habló de un “enorme dolor” y catalogó la fecha como “el día más triste”. Pero esa misma noche el diario Perfil reveló que el presidente asistió a una fiesta privada donde se lo vio bailando y brindando en el campo Haras El Dok, propiedad de Diego Lerner, quien además es CEO de la firma Disney.

Otra vez la realidad política seguía abofeteando al líder argentino, la caída libre de su imagen ya era un desconcierto total, los números no acompañaban, su gestión era desaprobada por el 70% mientras que más del 60% admitía que jamás lo votaría en el próximo turno electoral.

Fue que entonces Durán Barba pensó: Mauricio debe emocionarse. Eso hizo al pie de la letra Macri y las cámaras de televisión fueron sus fieles testigos, que lo enfocaron desde que comenzó el “puchero” hasta que levantó el puño con lágrimas que nunca terminaban de caer. El llanto fue la punta de lanza de la nueva reorganización del PRO, y para eso necesitó de sus medios afines para salir con un nuevo diseño atractivo. Y quién mejor que el grupo Clarín y sus titulares de elogios. Apenas un rato después de que terminara la gala, ya hablaba del “desahogo” del presidente en plena cumbre, de “cómo sus pares lo aplaudieron”, del reconocimiento de los líderes del mundo.

Frente a ese escenario, la única forma de dar vuelta la página era apelar al “discurso emotivo”. La foto del G20, incluido el llanto, terminaron siendo clave en el relanzamiento del último año de mandato del presidente. El diario Clarín ya habla de “empate técnico” gracias al G20 con la “supuesta competidora” Cristina Fernández de Kirchner. Otro de los títulos es: “Mauricio Macri y su balance tras el G20”: “Nunca hubo tanta atención del mundo para Argentina como ahora”. La Nación habla de la exitosa organización del encuentro y el legado valioso que le dejó el G20 a Macri.

Las lágrimas fueron un valor político y simbólico según sus allegados, recordando casi por unanimidad al beso con su mujer Juliana Awada en el debate político contra Daniel Scioli.

Las lágrimas fueron un valor político y simbólico para Mauricio Macri según sus allegados, recordando casi por unanimidad al beso con su mujer Juliana Awada en el debate político contra Daniel Scioli.

Nadie llora porque sí, por eso nos seguimos preguntando: ¿Mauricio Macri lloró por el ajuste brutal que está sufriendo el pueblo argentino, o por cómo sigue creciendo la pobreza (pese a que prometió pobreza 0)? ¿Lloró por la malaria inmensa que están viviendo los ciudadanos por la tremenda inflación que no da respiro o en realidad el llanto se volvió posverdad y su única búsqueda fue relanzar una candidatura que de tantas mentiras y choques frontales necesitaba un poco de sensibilidad para darle lástima al pueblo que debe seguir haciendo un esfuerzo para contener sus fracasos?

Julio Cortázar explicaba el llanto con humor porque sabía que era cosa seria, porque las lágrimas invaden el cuerpo cuando los sentimientos rebalsan de sensibilidad el alma, pero mejor que explicar la interpretación es leer lo que expuso en su libro Historias de cronopios y de famas:

Instrucciones para llorar

“Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos”.

FIN