Por Ramiro García Morete

“El espacio en el que no estás”. El estudio y la casa son lo mismo. El espacio no es pequeño ni acustizado, sino amplio y más de una vez se filtra el trino de algún pájaro. Cuando no lo hace algún amigo que pasa con una cerveza a visitar. Quizá parece más amplio por el silencio de la madrugada o porque las ventanas dan al patio con pinos rociados por el brío de Villa Elisa. Ahí mismo, uno junto al otro, Buki y Piter terminaron de editar y componer el disco que habían grabado junto al Gato, Mauro y Facundo. Fue en enero y febrero, cuando tantos ensayos colmados de improvisación y conexión espontánea devinieron en un repertorio. Resonando como un ánima indefinida, unieron las partes y buscaron las palabras entre el vuelo de la imaginación y las escenas de la cotidianidad conyugal.

Pero lo cotidiano no significa vulgar. Entre amigos y gente de confianza, mientras quizá sonaba algún disco de St. Vincent o de Warpaint, decidieron desarrollar el extenso proceso dentro del círculo íntimo. Desde la producción y el master hasta el diseño. Como cuando transitaban admirados el renovador aire del Dice, esa usina de talento emergente y joven lejos del rock tradicional que tiene un poco harta a Buki. El estudio y la casa fueron lo mismo ya no como aquellos bocetos iniciales entre Gato y Buki, allí por 2009, cuando ella se quedó sin su proyecto Mc Coy, pero no perdió las ganas de hacer canciones.

Dos discos después el sonido de la banda ya no vino de las canciones específicamente, sino de los cuatro. Y de algo más que flota en el espacio. Ese donde la ausencia no es una carencia sino que da sentido: desde las líricas breves y económicas, los cortes y los pasajes instrumentales, la música del grupo oscila entre algo que flota pero a la vez está. Como cuando Buki optó por la idea de que el disco tuviera su tiempo, pero a la vez no se distendió hasta completarlo. Atmósfera y reverberaciones, bajos punzantes a lo Peter Hook, herencia del post punk y hasta el pop oscuro, Camión no evoca el fantasma del pasado sino el de la necesidad. “¿Qué va a quedar de esto?”, se preguntará Buki al hablar sobre los registros de los ensayos y esos momentos de espontaneidad explosiva. Fantasma es una potente y la vez inasible necesidad.

“Es muy atmosférico y tiene muchas partes, lo re pensamos”, introduce Laureana Buki Cardelino, guitarra y voz del grupo. “Al principio no sabíamos bien lo que teníamos. Pero una vez que sí, fue el que tuvimos las ideas más claras. Sabíamos que íbamos a trabajar con los silencios. Sabíamos que íbamos a hacer cortes que cambiaran el clima. Que la voz iba a entrar cuando fuera necesario, que fuera la verdad, no antes. Si la gente está acostumbrada a escuchar otra cosa, qué me importa”.

Buki destaca las bondades del registro casero: “Tenemos tres discos. El primero sólo lo grabamos en un estudio. Y es el que menos me gusta a nivel sonido. Los mares, estando en mi casa, suena diez veces mejor. Y este, mejor que el anterior. La master la hizo Mauro, el baterista. Para mí lo acertado de este disco es que nos la jugamos para hacer todo como nosotros queríamos. Y llamamos a Rocío Sibecas para hacer la tapa porque soy re fan y es mi amiga. Yo le tiré la idea y ella planteó lo de las manos. Fuimos armando una escena como las que hace ella en miniaturas con piezas de impresora 3D. Todo muy entre nosotros, el grupo que está acostumbrado a laburar y nos conocemos”.

Respecto de las letras, declara: “Me gusta que la canción y la forma de decir tenga que ver con lo que estoy diciendo y lo que está pasando con la música. Tiene que ser un combo que no sé muy bien de qué se trata, pero me doy cuenta cuando lo escucho, si hay algo que me hace ruido”. Autora de poemarios como Punta Lara, Buki no plantea inicialmente registros distintos entre su faz de poeta y compositora: “Te puedo decir que cuando me pongo a escribir por lo general me doy cuenta si es una letra o es algo que me puede servir para un poema. Como nosotros siempre hacemos lo musical entre todos, la letra es lo último que se cierra. A menos que el tema sea mío. Y nadie me dice nada. En la banda por suerte las cosas fluyen”.

Una de las letras del disco que dispara distintos sentidos es “Amiga”, que puede tratarse bien de una auténtica expresión de sororidad o más aún: “La angustia de vivir con este gobierno. Y encontrar el refugio en una amiga. Alinearse. Buscar una presencia que no es del todo. Porque hay una distancia que se recupera. Es misterioso. A esa clase de lugares me gusta llegar con las letras. Y cuando la música acompaña, mejor”.

Cardelino habla de su Piter (Juan Pedro Luzuriaga, sintetizadores) con admiración y ternura: “Es un genio. Es un chabón que tiene una visión y le gusta y tiene intención (confía en lo que ve) que la que va a tirar es para ayudarte. Es re lindo tocar con él. Es fácil. Más allá de que sea mi pareja, lo veo cómo se maneja. Tiene re buenas ideas, no “sabe” música. No sé cómo hace. Es como otro tipo de exquisitez. Tiene ideas muy rupturistas, arreglos que son una locura”.

El aire de Villa Elisa tiene ese no sé qué. Desde la mismísima Villelisa hasta Un Planeta, parece haber algo distinto en las bandas de esas latitudes. Cardelino lo piensa un poco. “Algo así decía Oscar Jalil (periodista). No sos totalmente de La Plata y está bueno. No se puede encasillar como rock plantese. Nunca lo noté, pero sí que las bandas del Dice son distintas a otras. Gente más joven, muchas pibas y pibes, no tan dominado por el varón. Y diferentes disciplinas. Y después el paisaje debe tener que ver. Terminás tocando con todos músicos de la puta madre. Se armó un microclima. Y por ahí vas al supermercado y está el tecladista de Virus…” Y remata con una risa: “¡Gracias Pro.Cre.Ar.!”.

De poder construir una casa a no vivir apretados, Buki no duda sobre la coyuntura: “Macrisis total. Siempre estoy charlándolo con Piter. Yo me angustio, me enojo, tuiteo. Igual soy de pensar que, al revés, más tenés que hacer en contextos así. Porque es súper necesario juntarse con amigos y producir. Que encima no te ganen en esa. Pero se nota. Te sentís atravesado”.

Desde un sonidista queriéndole decir “cómo debería enchufar un pedal” o infinidad de ejemplos, Buki sabe muy bien que “hay una cosa muy machista del rock. Muy conservadora. Súper. Me cuesta ver los cambios. Pero me fijo más en lo nuevo que lo que va quedando atrás”. Y hacia adelante queda presentar el disco, pero no ahora: “Estamos felices con la repercusión que tuvo en apenas una semana. Seguir metiéndole y salir con los tapones de punta el año que viene”.