Por Ramiro García Morete

Quizá la historia sea ese espacio donde los eventos suceden recién cuando alguien los cuenta. Y la riquísima historia del rock en La Plata –esa ciudad de la cual algunos gobiernos sacan chapa sin acompañar con políticas– es harto conocida a través de nombres recurrentes. Sí: desde Virus y Patricio Rey, hasta La Cofradía y El Mató. Pero por alguna razón poco se sabe del verdadero punto de inicio, si es que la historia pueda marcarse con puntos estrictos. Antes de que Los Gatos quedaran inmortalizados con lo que se considera la primera canción de rock nacional –entonces no se le decía así–, hubo unos cuantos artistas en la capital de la provincia que animaron al exmúsico y diseñador Felipe Ibáñez a llevar ese rango más allá: Capital del Rock.

El realizador concreta un documental revelador sobre un período poco conocido de nuestra ciudad: 1966-1970. “Es la primera vez que se va a contar esta historia”, anuncia. Con la realización en cámara y edición de Ricardo Monteoliva (Televisión Registrada, Much Music, entre otras) y la colaboración del Jockey Club, Hemisferio (ex Chatarra), EMU (Educación Musical), como de instituciones y profesionales, el largometraje cuenta con las participaciones de los más importantes representantes de los orígenes del rock en la ciudad: Isa Portugheis (Diplodocum Red & Brown, La Pesada del Rock, Punch…), Daniel Sbarra (Dulce de membrillo, Miguel Abuelo & Nada, Virus…) y Cuqui Contardi (cantante de la primera banda de rock de la ciudad: The Cluster’s Four), visitamos a Rocambole (La Cofradía de la Flor Solar, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota…), el gran Bernardo Rubaja, Carlos Calandra, Mario Gimeno, Fernando Fava, Ramón Fernández Molina, Topo Berardi, Laura Lahera, entre otros.

Ibáñez tiene 45 años y tocó en algunas bandas a fines de los ochenta. En los noventa emigró a Europa con su profesión de diseñador y se dedicó allí a la comunicación y el desarrollo de muchos proyectos culturales. En 2013 regresó a la ciudad de su adolescencia con el deseo de llevar un proyecto que brindara soporte a las bandas locales para que tuvieran espacios.

“Que el Estado se hiciera cargo de contener esta cantidad de bandas. No tuvo mucho éxito con el estabishment político local.” Al tiempo entró en contacto con el recopilador Juan Ignacio Pilegi y Caio Armut –recordado referente de la escena y las calles platenses–. Ibáñez cuenta que eran tantas las bandas que lo abrumaban. Esa investigación lo contactó con Isa Portugheis. “Desde ahí tiramos el ovillo. Propone que filmemos el recorrido donde me cuenta algo de la historia. Luego aparece Daniel Sbarra y me cuenta cómo empieza a todo.” El ex Virus y Dulce de Membrillo le nombró The Cluster’s y con esfuerzo contacta a su cantante Cuqui Contardi. “Entonces me empieza a presentar a todos estos músicos.”

“Cuando arrancamos se nos inculcó que el rock comenzó con La Cofradía. Pero descubrimos que surgió cuando ya era la ciudad con mayor cantidad de bandas. La historia comienza con The Cluster’s Four. Formaban parte de la movida beat. Y a partir de ahí empezaron a armar espacios donde tocar. En discotecas, en fiestas. Es una historia alucinante… Los Cluster’s grabaron con EMI, con los ingenieros de los Beatles. EMI se los llevó a Europa y no volvieron más. Allí estuvieron girando y viviendo hasta entrados los ochenta”.

Mucho de ese material discográfico está perdido y no ha sido digitalizado. Ibáñez anticipa que “en la película van a escuchar el registro de los artistas. La música es preciosa en el sentido literal de la palabra. Suena mejor de lo que uno podría imaginar. Las bandas eran muy buenas. No olvidemos que Diplodocum fue la primera banda de Skay, Dulce de Membrillo la primera de Federico Moura”. Y agrega: “Las bandas de Buenos Aires estaban interrelacionadas porque era una ciudad tan explosiva. Almendra tocaba con Diplodocum. De hecho, el primer Marshal lo trajo Skay de Europa y hay una anécdota muy linda de cuando Almendra les pide ese equipo prestado”.

Todo rock es político

Dada la época y el valor contracultural del género, es imposible eludir la política: “Se trata bastante. Rocambole hace unas declaraciones muy tajantes y cada uno desde su lugar. Están los que van desde lo flower power hippie, de no violencia. Entonces las dictaduras les resultaban de una violencia moral y filosófica. Y estaban los que militaban. Hay una historia verídica. El hermano de Cuqui Contardi es desaparecido y su mujer estuvo detenida y luego liberada. A él lo tuvieron cuatro días. Inmediatamente después EMI les propone la gira por Europa. Son exiliados de alguna manera, pero con éxito. A Cuqui lo agarraron porque su banda posterior se llamó Dynamita. Una banda tremenda. Los metieron presos porque llevaban los instrumentos con pintadas que decían Dynamita. Entonces un vecino los denunció creyendo que serían terroristas o Montoneros… cosas que denunciaban los cómplices civiles. Todo es político en este movimiento. Eso es lo que le asusta al sistema”.

Muchas veces las polémicas en torno al nacimiento de un rock local tienen que ver con el idioma o el hecho de hacer composiciones propias. Un ejemplo es el rol histórico de Sandro, reconocido tardíamente como parte del rock nacional. Ibáñez cuenta que en general todos cantaban en inglés. “En los sesenta había algunas bandas que cantaban en castellano. Pero hubo dos bandas que grabaron primero un disco de música en castellano. Una es Patas Peludas (Tabaco después) y sacaron un simple que está en la película. El otro es un simple de La Cofradía de la Flor Solar. Son los primeros registros difundidos de rock grabado en castellano. De todas maneras, La Plata no tenía un interés en el idioma. Al principio, como arranca una banda adolescente. Tenían todos quince o dieciséis años.” Ibáñez cuenta que algunos siguen tocando. “Pero cuando les he preguntado por el presente, creo que no están muy vinculados con la escena actual. Creo que no puedo responder por ellos.”

Mientras Lali Espósito encabeza los festejos de la ciudad y los espacios son sistemáticamente clausurados, se vuelve un poco controversial la etiqueta de ciudad rockera que a veces el Municipio se arroga. “La marca Capital del Rock la quisieron robar y terminaron haciendo una imitación con una imagen parecida”, asegura Ibañez. Y apunta: “Yo creo que es totalmente hipócrita la gestión actual. Están cerrando espacios muy importantes y están dando muy duro contra toda la cultura en general. Sobrevive porque hay un under con un coraje tremendo por parte de los artistas que lo bancamos con nuestro bolsillo y laburo. Pero sin ningún tipo de apoyo público”.

Pero va más allá: “Cuando vas a presentar un proyecto, o te lo terminan robando o haciendo mal. He tenido muchos problemas. Creo que está en nuestras manos. Por eso es que empecé a hacer esto por las nuestras. Lo tienen que sustentar los artistas. Nosotros mismos nos tenemos que documentar. Contar la historia les guste o no. Porque no se ha contado nunca. Es un acto de justicia y es una declaración: que desde el under podemos cambiar las cosas. Y sin pedir permiso a esa gente”.

Si bien la película fue declarada de Interés Municipal, dice que no lo solicitaron y que recién después de anunciarse el estreno “se acercaron con una propuesta que diría inmoral”.

El 3 de diciembre a las 21 hs se estrena en el Teatro Metro (calle 4 e/ 51 y 53) el largometraje documental Capital del Rock: El origen del Movimiento – 1966 a 1970, acompañado de un concierto en vivo protagonizado por algunos de los pioneros de la movida.