Por Ramiro García Morete

Una mujer se lleva unas telas de lo que, a ligera vista, podría ser un viejo local del barrio platense El Mondongo. Pero detrás de ese mostrador y expandiéndose desde la esquina hacia toda la manzana se erige un galpón tan inmenso como su historia, que contiene varias décadas y unos 6.400 metros cuadrados. En dirección diametralmente opuesta, a cientos de metros, residen las urdimbres. Allí llega la materia prima proveniente de Chaco, de Corrientes, hasta ese mostrador que incluye 33 telares, otras maravillosas máquinas suizas que consumen inmensas cantidades de energía eléctrica, vapor y humanidad. En 1952, Perón, con el esfuerzo de setecientos trabajadores, hizo de la fábrica SAISA S.A. la primera cooperativa textil del país.

Con puntos álgidos de producción que incluyeron un millón de metros mensuales, la cooperativa que había detenido sus funciones en 2001 y reactivado en 2003 tuvo una nueva crisis en 2015. La asunción de Cambiemos que impulsó tarifazos y el achicamiento del mercado interno pusieron en jaque a los más de treinta trabajadores que la sostenían. La productora local La Mula Cine asistió a cubrir la problemática sin saber que podría ser aquella la última línea de producción. Con la dura decisión de parar desde 2016, una decena de trabajadores aún resisten y se apoyan en el subalquiler de espacios de este gigante dormido.

Y tras la buena repercusión de un videominuto lanzado el año pasado, La Mula Cine estrena este jueves a las 19 hs el documental llamado C.I.T.A. Y la cita, por supuesto, es en 115 e/ 62 y 63, espacio donde sucede todo dentro y fuera del documental: la dignidad, el dolor y –por supuesto– la esperanza.

Tras un recorrido detallado por el lugar y sus labores, el presidente Sergio Yosco introduce: “Es una producción que demanda mucha energía. Eléctrica y gas para producir vapor. Entonces tienen mucha incidencia los aumentos de tarifas.” Y agrega: “Hace un año y medio que estamos parados. Algunos se fueron, otros se jubilaron. Éramos treinta y algo y quedamos once o doce”. Luego detalla: “Las máquinas son costosas. Pero son buenas y siempre estuvieron bien mantenidas. Maquinaria suiza con insumos y repuestos importados. Es un combo para que lleguemos a esta situación. Se explica por el contexto, por la economía del país”.

Sobrino de uno de los socios fundadores, Yosco trabajó en sus años de estudiante y regresó hace doce. Asegura que la situación “es comparable al 2001”. Y confiesa: “Estas luchas son desgastantes. Yo entiendo que es difícil. Pero tratamos de sostener. A los que estamos quedando nos moviliza otra cosa: el sentimiento hacia la cooperativa, participar, generar lazos con otra gente”.

Parte de esos lazos se dieron con La Mula Cine, un colectivo de cineastas formado en la UNLP. Marcos Pretti evoca: “Tuvimos la suerte de tener un gran compañero, Sebastián Rodríguez De Pino, que nos acercó la idea: venir a la Cooperativa, porque ellos están militando en una organización que se llama Matria Mondongo. Nos acercamos a mediados de 2015, por las problemáticas que estaban teniendo por la asunción de este gobierno y todas las políticas de desprotección a la industria nacional. En ese momento la Cooperativa estaba funcionando y produciendo. Todos los compañeros se brindaron abiertamente a que podamos filmarlos en su labor. Y tuvimos la suerte de filmar todo el proceso industrial, sin saber que iba a ser el último de la Cooperativa”.

“EL DOCUMENTAL TRANSITA LA HISTORIA DE LA COOPERATIVA POR LA VOZ DE LOS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS. Y ES ESA VOZ LA QUE EXTIENDE LOS VÍNCULOS CON El AFUERA, CON LAS POLÍTICAS, CON EL CONTEXTO”

Mientras Yosko asiente, Tadeo Suárez (también de La Mula) explicita los objetivos: “Visibilizar la problemática. Es angustiante y se replica en otros ámbitos, incluido el cine. En el Festival de Mar del Plata, para dar un ejemplo concreto, silenciaron a los ganadores y jurados. Eso habla del silencio y la oscuridad a los que nos quieren condenar. Pero estos son pequeños espacios de resistencia”.

Con el realizador portugués Pedro Costa como uno de los referentes, Suárez cuenta que narrativamente trataron de aprovechar el espacio para “trabajar la inmensidad en la cual están implicados los cuerpos trabajando. Con todo: con su conocimiento, sus emociones”. Pretti completa: “Lo que decidimos es nunca salir con la cámara hacia la Cooperativa. No hay una sola imagen siquiera de la fachada. Lo que se cuenta es siempre hacia dentro, y lo mejor que tiene –y agradezco a los trabajadores– es que se brindaron y se trabó una amistad, lo que dio un relato muy extenso y muy íntimo. Entonces, el documental transita la historia de la Cooperativa por la voz de los trabajadores y trabajadoras. Y es esa voz la que extiende los vínculos con el afuera, con las políticas, con el contexto”.

Pretti remarca el cerrojo mediático, por lo que expresa que “la idea es generar lazos fuera del país. Y que sea un documental que pueda girar en cooperativas, escuelas o cualquier agente que pueda hacer lazo. Porque acá estamos contando la historia de una cooperativa. Pero desde que asumió Macri se dieron de baja seis mil cooperativas. Estamos contando una historia de seis mil”.

Con una sonrisa, Yosco dice que vio un adelanto, pero nada más. “Me pareció espectacular, las imágenes y el sonido. Tenemos la expectativa de pasar un buen momento. Que venga mucha gente del barrio y gente invitada de otras cooperativas.”