María Herrera Magdalena vive en el estado mexicano de Michoacán e integra el Movimiento por la Paz con Justicia y dignidad. De sus ocho hijos, cuatro se encuentran desaparecidos –dos desaparecieron en 2008 y otros dos en 2010–. La búsqueda la llevó a conocer la oscura realidad que vive hoy el país azteca. “México es un gran panteón clandestino”, sostuvo en una larga entrevista con Contexto en la que remarcó la necesidad de que el Estado mexicano dé lugar a la creación de un Banco de Datos Genéticos para contrastar los restos hallados en fosas con las personas que buscan a sus familiares y que permita la intervención del Comité de Naciones Unidas Contra las Desapariciones Forzadas.

Las cifras oficiales hablan de 38 mil desaparecidos, pero Herrera Magdalena asegura que el número es mucho mayor. “En mi pueblo somos cincuenta las familias que tienen desaparecidos, y yo soy la única que hizo la denuncia. Si nos ponemos a pensar que eso es lo que pasa en todo el país, nos vamos a dar cuenta de que la cifra real es mucho mayor que la oficial”.

“Ahora yo soy una madre que busca a sus hijos desaparecidos, pero no quiero irme y dejarles a mis nietos un mundo en el que tengan que seguir buscando a sus padres”, afirmó.

¿Las dos primeras desapariciones en su familia se dieron en 2008?
De mis ocho hijos, dos me fueron arrebatados el 28 de agosto de 2008: Raúl y Jesús Salvador. Ellos fueron a Atoyac de Álvarez, en el estado de Guerrero, por su trabajo. Se dedicaban a la compra y venta de oro.

¿Desde un primer momento supo lo que pasaba?
Primero pensé que podían haber tenido un accidente y me dediqué a buscarlos por las carreteras en las que se suponía habrían transitado. Luego pensé que se trataba de un robo o de un secuestro y que de un momento a otro alguien se comunicaría para pedirme un rescate. No quería desprenderme del teléfono, esperando alguna noticia sobre mis hijos.

En un año y ocho meses nos gastamos todo el dinero que teníamos tratando de encontrarlos. Pagamos a detectives privados y a policías para tratar de conseguir algún dato.

Cuando me pasó esto yo creía que era la única persona a la que le había pasado algo así. Llegamos a los máximos niveles de las áreas de gobierno con nuestro reclamo creyendo que íbamos a tener alguna respuesta y lo que recibimos fue engaño tras engaño. Cuando vimos que había allí veintidós expedientes, entendimos que por esa vía sería imposible encontrarlos.

“Necesitamos que López Obrador nos ayude a buscar a nuestros hijos. Necesitamos saber la verdad, porque la verdad forma parte de la justicia. Necesitamos impedir que esto siga pasando, porque de nada nos sirve seguir sacando cuerpos de la tierra si siguen matando a nuestros hijos. México es un gran panteón clandestino”

¿En ese contexto ocurrió la desaparición de sus otros dos hijos?
En ese momento, en 2010, a dos años de las primeras desapariciones, otros dos de mis hijos decidieron continuar con el trabajo para poder conseguir dinero y sostener la búsqueda y también a sus familias, porque todos tenían hijos pequeños. Gustavo y Luis Armando salieron con rumbo a Veracruz para no ir al mismo lugar, porque Atoyac era muy peligroso. Pero no les dieron tiempo de llegar a su destino. Ese mismo día que salieron, los desaparecieron. Ellos viajaban con dos personas más y cuando los desaparecieron a Raúl y a Jesús Salvador los acompañaban otras cinco personas. Todos están desaparecidos.

¿Cómo afrontó una situación así?
En ese momento sentí que lo había perdido todo. Sentí que no sólo no podía hallar a mis hijos desaparecidos, sino que era incapaz de proteger a los demás. Ahí comencé a buscar otras formas para encontrar a mis hijos. Al primer lugar donde fui fue Morella. Allí se organizó una marcha con otras quince personas que también tenían familiares desaparecidos. Incluso en aquel momento no podía imaginar la gravedad del problema que se está viviendo en México.

En esa época me contacté con organizaciones de personas que vivían mi misma situación. Pero no fue hasta que surgió el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que encabeza el poeta Javier Sicilia, que encontré un lugar de acompañamiento. A raíz del asesinato de su hijo –junto a otros siete jóvenes más que fueron masacrados en Cuernavaca Morelos–, Sicilia se decidió a sacar a la luz lo que estaba sucediendo en México.

Después de un largo caminar, decidimos formar un grupo en el que nos dedicáramos a buscar a nuestros hijos. Yo quería salir por todo el mundo a buscarlos. Lo que te pasa cuando te llevan a un hijo es terrible. De ahí surgió la idea de formar un colectivo con todas las asociaciones civiles del país y empezamos a involucrarnos con personas de la Defensoría de Derechos Humanos, a conocer la Comisión Mexicana de Derechos Humanos, etcétera.

Una vez que logramos articular con todos esos colectivos, decidimos llamarlos Enlaces Nacionales conformando una red en todo México. Ahora se están generando los Enlaces Internacionales, dado que esta problemática se está dando a conocer fuera de México.

“Televisa o TV Azteca jamás pasan un informe sobre lo que realmente está pasando en nuestro país. Nos entretienen con cualquier tipo de programas para mantenernos ciegos y que no veamos la realidad. Eso hace que en el propio México mucha gente desconozca lo que está pasando”

¿Han conformado un equipo de trabajo con apoyo de profesionales?
Con el apoyo de las Universidades hemos logrado formar un equipo maravilloso. Tenemos antropólogos, sociólogos y vínculo con otros grupos que van acordes con las necesidades que vamos teniendo dentro del colectivo, como es el caso de Psicólogos sin Fronteras, y hemos construido un vínculo con diferentes organismos de derechos humanos de distintas partes el mundo.

En este tiempo de lucha surgieron las brigadas de búsqueda de nuestros hijos. Las madres de casi todo el país salimos a buscar a nuestros hijos cada vez que vamos consiguiendo algún dato o alguien nos brinda alguna información. Hemos rescatado de debajo de la tierra infinidad de restos. Pero, ahorita, nuestra angustia es que no hemos podido darles identidad porque nos hace falta crear un Banco de Datos Genéticos.

¿Piensa que con la llegada de Andrés Manuel López Obrador al gobierno recibirán más apoyo?
Con los dos gobiernos anteriores nunca tuvimos ningún avance porque se lavaban las manos diciendo que la desaparición de nuestros hijos fue causada por grupos del crimen organizado, pero a mis hijos los desapareció el crimen institucionalizado, y lo mismo sucedió con la mayoría de las víctimas. Son ellos mismos, los que están dentro de las estructuras del gobierno, quienes favorecen, apoyan y les dejan las manos libres a toda esta gente para que actúe. Nosotros les hemos llevado datos, información concreta, y no han hecho nada. En la primera desaparición de mis hijos, Jesús Salvador y Raúl, sabemos que fue la Policía Ministerial la que se los llevó con acuerdo del comandante en turno. Ellos articulan con los grupos delictivos.

Ahora, con el cambio de gobierno, tenemos un pequeño aliciente. Esperamos que trabaje con la dignidad que reclamamos como mexicanos. No es un cheque en blanco el que le estamos dando al nuevo gobierno. Vamos a seguir vigilando que haga bien las cosas y vamos a reclamar que lo haga de la mano de las madres de las víctimas.

¿También le reclaman al gobierno mexicano que acepte la intervención del Comité contra las Desapariciones Forzadas de Naciones Unidas?
Sí, porque en nuestro país se ha implementado una guerra y no se la ha querido reconocer. Mientras el problema no se reconozca, no habrá solución. No ha habido ningún caso que sea revisado debidamente y que haya tenido solución.

Necesitamos que López Obrador nos ayude a buscar a nuestros hijos. Necesitamos saber la verdad, porque la verdad forma parte de la justicia. Necesitamos impedir que esto siga pasando, porque de nada nos sirve seguir sacando cuerpos de la tierra si siguen matando a nuestros hijos. México es un gran panteón clandestino.

“Hemos rescatado de debajo de la tierra infinidad de restos. Pero, ahorita, nuestra angustia es que no hemos podido darles identidad porque nos hace falta crear un Banco de Datos Genéticos”

¿En su visita a Argentina se reunieron con organismos de derechos humanos?
Aquí en Argentina nos reunimos con las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo y con diversos colectivos de derechos humanos. Eso es fundamental para poder tener visibilidad, porque en México las grandes televisoras como Televisa o TV Azteca jamás pasan un informe sobre lo que realmente está pasando en nuestro país. Nos entretienen con cualquier tipo de programas para mantenernos ciegos y que no veamos la realidad. Eso hace que en el propio México mucha gente desconozca lo que está pasando.

El caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa tuvo mucha repercusión a nivel nacional e internacional. Ese caso fue la gota que derramó el vaso, pero la realidad es que no son 43, ni 38 mil como dicen los números oficiales. En mi pueblo somos cincuenta las familias que tienen desaparecidos, y yo soy la única que hizo la denuncia. Si nos ponemos a pensar que eso es lo que pasa en todo el país, nos vamos a dar cuenta de que la cifra real es mucho mayor que la oficial y que el número de 38 mil es muy pequeño comparado con la realidad.

¿Dónde encuentra fuerza para seguir con esta lucha todos los días?
Estamos trabajando para cambiar esta situación, porque ahora yo soy una madre que busca a sus hijos desaparecidos, pero no quiero irme y dejarles a mis nietos un mundo en el que ellos tengan que seguir buscando a sus padres.