Por Ramiro García Morete

“Del polvo venimos y al polvo nos vamos/ es nuestro destino vivir como hermanos”. Por simple que suenen, algunos versos no son para nada ligeros. Lo mismo ocurre con el blues, que puede ser más o menos ligero en velocidad pero no en peso: siempre tiene cuerpo y peso. Como los temas que sonaban en la sala de Villa Crespo, allí por 2013, cuando al guitarrista Martín Ferbat se le ocurrió juntar al baterista Francisco Paz con el baterista Alejandro Tuccio para zapar un poco. Pappo Blues, Manal y una escuela donde la música suena viva, porque así es como avanzan y se mantienen los géneros. Y el blues (o el rock & roll o el boogie) suenan vivos y contundentes cuando la banda toma por asalto los escenarios porteños y de más allá. Y viva la tradición de cobijar breves pasajes de cotidianidad, existencialismo y retrato social propio de aquella primera escuela de rock argentino.

“De tanto ir al hospital, vas a enfermar”, cantan y en cierto modo, los tres amigos –o “hermanos de la música”– lo viven de ese modo: sin demasiados rodeos, pero con una dirección. Así fue que “de caraduras” grabaron su primer material, al poco tiempo de esas juntadas donde Martín dudaba si mostrar temas como “Despierta”. Y esa dirección se fue afirmando hasta depurar –sin perder textura– el mambo de una banda que en su último álbum alcanza su punto más alto. Desde el sonido valvular y resonante del trío y la mezcla cálida pero precisa, hasta el repertorio adecuado y el bello arte que incluye un tren. Así suena su blues, así viaja su mambo: como un tren que se bambolea y cruza surfeando el suburbio. Así suena El blues de Mambo Surf.

“Grabamos en cinta todas las bases en El Attic de Patricio Claypole –cuenta Ferbat, guitarrista y vocalista–. Terminamos de grabar algunas cosas en Ion y lo mezcló Pablo Barros en DDR. Se armó otro laburo. El primer disco sale a la cancha con lo que tiene. Lo grabamos medio de caraduras, con poco tiempo tocando. Estábamos más focalizados”.

Parte de esa focalización claramente está en el blues. Sin embargo, temas como “Vidita” evidencian que en sus asados no sólo suena Howlin’ Wolf o Bombino, sino que también puede escucharse el Trío Los Panchos. “Hay algunas licencias… A la hora de grabar nos damos licencias. A la hora de ir al estudio podemos meter violas, pianos o percusiones. Porque es un disco y se escucha de otra forma”.

Empujados por el sonido más visceral del boogie boogie en el vivo, Ferbat acepta “la palabra bailable. Nos copa eso”. Y piensa sobre el sentido de bailar esta música cuando las pistas son dominadas por géneros muy distintos. “La gente para bailar tiene mil estilos. Mainstream, reggaetón. Pero yo me siento orgulloso, y porque me hace bien tocar el blues y la raíz del rock. Es algo que nunca va a dejar de existir y mantenerlo es seguir haciéndolo. Veo pocas bandas tocando en vivo este tipo de música. Igual, no es que nos lo planteamos, es lo que escuchamos y ya.”

Con esa misma postura piensa sobre sus letras: “En general me llamo a la síntesis, a que no sea complicado, a que no sea largo. También es lo que me sale. Es como lo hago, si me quiero meter en otra, no sale”.

Además de la guitarra, Ferbat toca el bajo en Los Espíritus –banda que también comparte con Francisco–. Consciente de ello, delinea su perfil vocal. “Yo lo encaro desde un lugar musical. Yo no soy cantante. Hago letras y canciones. Y las canto porque no lo podría hacer nadie en mi lugar. Tampoco trato de exigirme. Con el tiempo fui tratando de mejorar. Creo que siempre.”

“Los siento como hermanos de la música –dice el músico sobre sus compañeros–. Tenemos mucho recorrido juntos, en el grupo y antes. Son hermanos que tocamos hace mucho y estar compartiendo con ellos es especial. Es sentirse más seguro a la hora de grabar o en vivo. Son amigos, nos juntamos a charlar o a hacer un asado. Por todos lados nos complementamos.”

El blues de Mambo Surf, que dura sólo veintiséis minutos, tendrá su presentación en La Plata este sábado a las 23 hs en Rey Lagarto (45 e/ 8 y 9) junto a Las Diferencias. Y el 29 de noviembre en el porteño recinto de Plasma. Mientras planean viajar a otras ciudades, celebran la pronta edición en vinilo.

¿Y que quedó del surf? Surf o no surf, esa es la cuestión: “Creo que el nombre tiene una connotación que no tiene que ver con el estilo, aunque la reverb se asomaba –dice el dueño de dos Teisco de los sesenta, aunque en vivo usa una strato–. Y mucho menos mambo. Tiene algo que ver con surfear su mambo y hacerse cargo de lo que es. Vos tenés tu ola, tenés que surfearla”.