Por Ramiro García Morete

Correo no deseado. Julián Graciano tenía escritas varias piezas desde 2014, pero, como en la alquimia, necesitaba los elementos necesarios. Y el bandoneonista no respondía. De nada sirve el papel en la música si no está eso que él llamará la tinta: los intérpretes. Quizá porque creció viendo a su abuelo en el patio tocar la guitarra o a su padre el bandoneón, o porque estudió junto a los mejores profesores de Berklee. Quizá también porque ni Coltrane ni Troilo podían hacerlo solos, Graciano cree en la idea de grupo.

Aunque toque la “guitarra definitiva”, con siete cuerdas e ideal para conciertos en solitario. No es así como suena en su interior, eso que no escuchó estudiando en otros autores. Porque para eso se trae música nueva al mundo: para soñar que se hará algo que nadie hizo antes. Soñar despierto y no como aquella noche en la que en las calles de Morfeo su vecino era nada menos que Bach. Pero al despertar, Johann Sebastian no asomó. Toda esa música dentro es como una carta sin enviar. Pero al poco tiempo respondió el bandoneonista. “Me había entrado en la casilla de correo no deseado… ¿aún estamos a tiempo?”, escribió Amijai Shalev.

En marzo de 2016, Graciano 4 Cuarteto (completado por la guitarra de Manuel Masetti Classical y el contrabajo de Pablo Andrés Giordano) ya debutaba, y a fin de año entraba a grabar Alquimia, un conjunto de logradas composiciones que equilibran la cadencia rioplatense y la consistencia de la música universal. Del papel a la realidad. El milagro, celebrará el autor.

Tras haberse presentado en escenarios como el CCK o La Usina del Arte, el combo se presenta este viernes 23 a las 21 hs en Espacio Cultural Fundación CEPA, Casa Pesci (53 Nº 506).

“Cuando uno analiza o estudia muchos interpretes –desarrolla el docente y músico– sentís en un momento que hay una necesidad de escucha, algo que no escuchás en los demás. Es lo que a mí me pasa. Escribir una música que uno necesita escuchar. Hay compositores a los que no les gusta escucharse. Me pasa lo contrario, porque es lo que quería.” Y define: “Es como un elemento de liberación natural. Necesitás bajarlas al papel, sentís la liberación”.

Graciano se muestra feliz por su cuarteto. “Necesitás del vehículo de los músicos. Cuando ellos interpretan es cuando plasmás. Y se produce ese milagro.”

Más allá de su formación académica, Graciano dice que “no iba a esquivar jamás el elemento de la ‘tanguidad’”. Y que la instrumentación escogida fue “volver a mi niñez”.

Los muchachos de antes no usaban gomina… ni celular. Sin telefonía móvil, Graciano dialoga con la contemporaneidad a través de piezas como “Punk tango”: “Es una cuestión de rebelarse contra ciertos cánones. Vivimos en un mundo tan conflictivo, dependiente y pendiente de la tecnología. El punk fue la idea de rebelarse. Con algo simple poder comunicarse y decir cosas”. Y agrega: “La vida es un equilibrio. Vos tenés que tener una necesidad de expresar algo. El momento del juego. Después te podes formar. Obviamente hay lugares que uno acompaña el concepto. Berklee te permite el ordenamiento. Necesitás ese orden para no estar colgado de una lámpara. Siempre es importante el estudio. Es la suma. Pero el patio no puede faltar, como juntarse a tocar con músicos. Está de moda usar looperas y creo que no suma. Me resulta egoísta. Es lindo interactuar con humanos. Tenés problemas para ensayar o peleas, sí. Pero así se formó la humanidad. Soy de la teoría de los grupos. Es fundamental. Desde lo económico hasta lo emocional”.

De cara a 2019, el cuarteto ya tiene diez piezas para editar un disco nuevo: “Nuevamente con coproducción de Fernando Richard. El objetivo es trabajar a la vieja escuela, buenos micrófonos y tocar lo mejor posible. Hacer la toma y que tenga lo mejor de cada uno”.

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