Por Ramiro García Morete
Foto: Manuel Cascallar

“Cantamos en la oscuridad nuestra canción/ nombres de fantasía y un muy buen pan de tentempié./ Un adiós escrito en el teléfono/ antes de extrañarse como suele ser”. Pablo Matías Vidal ama los nombres de fantasía. Y jugar con las palabras, tanto que lo internarían de ver “el paladar de Gibraltar, el alma de Almería”. Pero también el muy buen pan de cada día y los juegos de sombras que el tiempo hace sobre lo cotidiano. Su mente va de un lado al otro, entre frases elegantes que ya no lo ubican –como antaño– en el centro de la historia. Y ese viaje por distintas geografías imaginarias o puntuales, Yucatán o Ensenada, entre Jeff Tweedy y Bochatón, lo hace a la par de una notable y sólida banda completada por la exquisita y criteriosa guitarra de Santiago Peri, la consistencia del bajo de Gabriel Ricci y el pulso preciso de la batería de Oscar. Más sólida aún en Asia Menor, inminente disco donde el conjunto acciona de modo más consistente y con menos capas. Un periodista (Martín Bidan) dijo algo así como que el álbum debut del grupo se iniciaba con un gran preludio instrumental como para decirle al Mago (apodo del cantante): pase, todo servido.

Este breve y consistente trabajo inicia, por el contrario, con un par de compases donde sólo suena la voz de Vidal y su guitarra. Enseguida se suma como un bloque el resto. Como si de eso se tratara: todos para uno y uno para todos. Pero ese uno no es el cantante: es la canción. “Cada vez que voy persiguiéndome/ sufro por no estar donde estoy”, canta Vidal, quien por cierto canta más libre que nunca. En la canción se encuentran Los Valses. Y la persecución se convierte en viaje, a la oscuridad o hacia el sol poniéndose en el Asia Menor.

“Es algo que se fue dando –expresa Peri sobre las geografías y lugares recurrentes en el disco–. Fueron apareciendo las canciones y al elegir las que iban a quedar nos dimos cuenta de que la geografía estaba presente, que quizá siempre lo está pero esta vez de manera más explícita. El concepto se fue armando sobre la marcha.”

Dentro de una estética propuesta por el álbum debut homónimo, Peri reflexiona sobre los lugares explorados musicalmente: “A este disco yo lo siento más rockero con respecto al anterior, un poco más oscuro. Que haya un tema del baterista Oscar Trani abrió un poco el juego también. Quizá el disco anterior era un poco más pretencioso y aquí estemos hablando de canciones más clásicas”.

“Si bien las canciones ya las veníamos ensayando, la idea era cerrarlas en los ensayos, grabarlas y presentarlo en el lapso de tres meses”, responde Peri ante los desafíos que representó el álbum producido por la misma banda. “Casi lo logramos, sacamos dos singles en ese lapso y después nos relajamos para sacar el disco entero de manera más prolija. El dinero y la logística a veces no ayudan del todo para lograr lo propuesto en tiempo y forma. Con respecto a la parte musical, fue bastante fluido todo.”

Peri asegura que “se hace más fácil cuando la canción es la que manda. Al no estar encasillada del todo en un género, eso te da la libertad de abrir la cancha. Si bien hacemos rock, al darle culto a la canción nos permite no quedarnos en un solo sonido”.

Sobre la dinámica de la banda, analiza: “Si bien somos una estrella de cuatro puntas iguales, claro que cada uno cumple una función a veces diferente a la del otro. El Mago es el que lleva las canciones… todo arrancó como un proyecto de él que hicimos propio. Gabo, además de ser un gran bajista, aporta mucho desde la parte técnica. A Osqui lo veo más fuerte en la parte visual del asunto, con una mirada muy particular que nos gusta a todos. Además de ser un gran músico, porque no sólo toca la batería. Y por mi parte tengo la ventaja de conocerlo al Mago hace mucho y eso me da el parámetro de qué hacer con mis guitarras en sus canciones”.

Asia Menor se publica este lunes 12 en todas las plataformas digitales. “La idea es mostrar el disco donde se pueda, viajar a Capital y a provincia, y más adelante mostrar algunas canciones nuevas a modo de EP”.