Por Juan Bautista Paiva

Los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018 realizados en la ciudad de Buenos Aires fueron los primeros Juegos Olímpicos de nuestro país. Un acontecimiento que excede el plano del deporte para ubicarse como un megaevento que conjuga múltiples dimensiones: económica, política, cultural y social.

Desde que Buenos Aires fue designada como sede de los III Juegos Olímpicos de la Juventud (YOG) en 2014 por el Comité Olímpico Internacional (COI), el gobierno porteño se encontró transitando un largo recorrido plagado de irregularidades en su rol de institución organizadora. En primer lugar, hasta el día de la fecha Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gobierno, no puede precisar cuál es el monto que destinó.

Una investigación realizada por el periodista especializado en deporte olímpico Ernesto Rodríguez da cuenta de que, cuando el entonces jefe de Gobierno de CABA Mauricio Macri y Gerardo Werthein, presidente del Comité Olímpico Argentino (COA), representaron al país ante el COI para ganar la sede, expusieron que habría un dólar cotizando a 4,50 pesos en 2018 –en aquel entonces estaba a 5,36 y el blue se cambiaba a 7,95–. Actualmente el dólar atraviesa una constante volatilidad y su precio ronda los 40 pesos. En este contexto, la ciudad le destinó un presupuesto que superó quince veces lo que prometieron Macri y Werthein al ganar la sede.

Es importante destacar que se ejerció sobre la credencial de prensa de Rodríguez una censura, ya que no fue aprobado su ingreso al Centro Principal de Prensa y la Villa Olímpica. Recién el 10 de octubre –a cuatro días de haber empezado las competencias y tras siete días de constantes reclamos y la solidaridad de muchos y muchas colegas– su credencial fue aprobada. No es casual.

Además de la falta de claridad en relación con el presupuesto y la censura de Rodríguez, hubo otros episodios que visibilizaron la perspectiva política del Gobierno de la Ciudad, que entiende el deporte como una mercancía y no como un derecho para la inclusión social. Desde las primeras jornadas se vieron interminables colas en las distintas sedes donde se desarrollaron las disciplinas, y cientos de personas se quedaron sin poder ingresar.

A esto se le debe agregar que el 12 de octubre se comunicó vía mail que no se entregarían más pases olímpicos, el sistema de entradas que el COI implementó de modo experimental en Buenos Aires. Se “invitaba” a seguir el evento por los canales de televisión oficiales y la web. Los días en que quedaría más expuesta la limitación que poseían los estadios, las interminables colas y la falta de infraestructura, el gobierno anunció que no había más pases.

Tampoco se puede pasar por alto que en el transcurso de los YOG el COA informó que Argentina tenía un nuevo secretario de deportes: Diógenes de Urquiza, quien se venía desempeñando como coordinador general del ENARD –Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo–. Urquiza es un exjugador de paddle y amigo del presidente Macri, con quien en 1987 fundó la Asociación Argentina de Paddle. Mac Allister deja atrás la Secretaría de Deportes con una gestión envuelta en problemas. Entre ellos, una investigación judicial por subsidios sin control, tráfico de influencias y contrataciones fuera del marco legal. A esto se le suma que desde abril hasta julio de este año muchos deportistas estuvieron sin cobrar sus respectivas becas de alto rendimiento que otorga el Enard para los y las representantes del país en las distintas disciplinas deportivas. Entre los afectados se encontraron el atleta Juan Manuel Cano y la nadadora Macarena Ceballos.

La forma mercantil, exclusiva y marketinera de entender el deporte por parte del Gobierno de la Ciudad se vio confrontada por el muy buen desempeño deportivo de los jóvenes. La delegación argentina, compuesta por 141 atletas, tuvo una excelente performance. Los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 fueron los mejores Juegos para Argentina en toda su historia. La delegación logró medallas en las disciplinas más antiguas y tradicionales, pero también en los nuevos deportes que ingresan a la grilla del COI: breaking, BMX, beach handball, básquet 3×3, volcadas.

Las dos medallas de plata de Delfina Pignatello en 400 y 800 metros libres vuelven a posicionar a nuestro país en una de las dos disciplinas olímpicas de mayor historia e importancia. Las piruetas de Iñaki Mazza en BMX o las volcadas de Fausto Ruesga son una invitación para que cientos de jóvenes se acerquen al deporte a través de nuevas formas. Los logros de la selecciones de beach handball, futsal, rugby o hockey demuestran que los clubes de barrio todavía son la base del olimpismo argentino.

Los resultados positivos dan cuenta de una nueva generación de deportistas que nacieron, crecieron y se encuentran dando sus primeros pasos como atletas de élite gracias al acompañamiento de las políticas públicas de un Estado que entendió al deporte como un derecho: la creación del Enard o el Enaded, para nombrar algunos casos. Desde diciembre de 2015, el deporte, al igual que otras áreas, sufre las consecuencias de las políticas de endeudamiento y ajuste. Sin la presencia del Estado no se puede formar un atleta olímpico. Los y las jóvenes no llegan a ganar medallas solamente por sus esfuerzos, sino por la contención de una estructura deportiva que les da lugar para desarrollar sus trayectorias.

Las marcas y los rendimientos de los y las atletas nacionales despiertan ilusión, sobre todo de cara a los Juegos Olímpicos de 2024 en París y 2028 en Los Ángeles, cuando esta delegación alcance la edad y la experiencia competitiva que le hagan encontrarse con su mayor rendimiento deportivo. Es una responsabilidad del Estado acompañar sus trayectorias para hacer crecer el deporte en todo el país. Además de ser deportistas, durante los doce días de competencia se transformaron en referentes para millones de jóvenes. Pero sin la presencia del Estado sus metas, objetivos y deseos no se pueden materializar.