Frente al desconcierto en gran parte de la sociedad y en el campo del análisis político, el apoyo de una enorme parte de la sociedad brasileña para el candidato de ultraderecha Jair Bolsonaro, contexto dialogó con el especialista en Teoría Psicopolítica Evandro Vieira Ouriques quien se desempeña como profesor de la Escuela de Comunicación de la Universidad de Federal de Río de Janeiro y director del Programa Internacional de Investigación de Teoría Psicopolítica (articulado con las UFRJ, UFRO/Chile, UNLP/Argentina, UOPORTO/Portugal y Groningen University/Holanda).

El especialista indicó que ahora el fascismo resurgió “bajo la forma del delirio neoliberal” y aseguró que los microfascismos encapsulados en “vida privada” allanaron el camino para el macrofascismo que representa Bolsonaro.

¿Cómo se entiende que un candidato como Jair Bolsonaro, que posee un discurso neofascista, misógino, homofóbico y autoritario, tenga tanto apoyo en la sociedad y posea amplias posibilidades a ganar las elecciones presidenciales en ese domingo?
La pérdida o la victoria de la mentalidad como la de Bolsonaro es más una crónica de una muerte anunciada. Si la era de la “antipolítica” ha sido astutamente promovida por la derecha, como piensa Atilio Boron, al lado de tantos, eso ha sido posible por la colaboración de las izquierdas. La gestión del PT y de los movimientos y organizaciones sociales en Brasil se recusaran a escuchar las advertencias y proposiciones de superación del cuadro amenazador formado por la creencia mágica de que, por un lado, bastaría el fin de las dictaduras militares para que la mentalidad dictatorial desapareciera, así como que políticas públicas sociales de acceso al consumo y al “desarrollo” insustentable (https://bit.ly/2ythqNM , https://bit.ly/2ythqNM y https://bit.ly/2ythqNM), articuladas con las políticas culturales de fortalecimiento de la “ciudadanía digital”, de democratización de la comunicación y de las políticas de identidad, garantizarían que se escucharía la voz de la democracia.

La idea de que la devoción al principio de que la cultura digital generaría “ciudadanía digital”, es emblemática, pues a pesar de las advertencias se supuso una esencia emanciparía de las redes sociales. Ni puedo imaginar el dolor que los colegas académicos y sociales sinceramente auto-críticos puedan sentir al verificar que la vuelta de la dictadura ha sido digital, con la inundación de un chorro de fake news incesante e repetitivo (firehose) dirigido al territorio mental de los sujetos, sin ningún compromiso con la consistencia o la veracidad. Es una ironía y al mismo tiempo un síntoma que las izquierdas sean destrozadas por la mentira, cuando ellas mismas han sostenido desde Nietzsche la verdad absoluta de la desaparición de la verdad.

Yo hice todo el posible por advertir directamente a la presidencia del PT, del cual no soy parte, como a Dilma Rousseff, en quien no voté en la primera vuelta de las elecciones de 2010, así como a amigos y colegas de los movimientos y organizaciones sociales comprometidos con estas intervenciones sin auto-crítica (en red) en los territorios en pos del digital y que para que el sueño brasileño no se transformase en una pesadilla era necesario que hubiese una política intensa y prioritaria de intervención sincrónica en red por los sujetos en sus propios territorios mentales (el concepto seminal de la Teoría Psicopolítica: https://bit.ly/2PN6tgl), o sea, en el flujo de estados mentales que se utiliza como fuente de referencia para la capacidad de juzgar (https://bit.ly/2OcXuEf), la capacidad de toma de decisiones, capacidad que nos instituye como humanos, pues la comunicación es la condición humana, y, por tanto, la apertura al otro, la conciencia de que somos incompletos y el juzgado compartido de la verdad conforman la verdad que ha sido recusada y que resurgió de la manera perversa que es el fascismo, ahora bajo la forma del delirio neoliberal.

Esto es algo que usted hace tiempo que viene denunciando.
Lo que he constatado en estos 50 años de dedicación a la emancipación lo que tengo verificado como tendencia histórica es los sujetos serán capturados por los mismos valores, o sea, estados mentales (complejos de pensamientos y afectos) que dicen querer superar en el plan que llaman dualísticamente de “social”. Esta ha sido mi propia histórica. Superar en red, o sea en la relación con el “otro”, con “mi mismo”, el horror que siempre apunté y condené “afuera”. Pongo comillas pues ha sido justamente el descubrimiento de la sincronicidad entre el “psíquico” y el “político”, en el sentido de poder vital, lo que me hizo constituir la Teoría Psicopolítica, que se distingue de la psicopolítica, como otros pensadores la tratan, por lo menos por dos razones: en primero lugar, la psicopolítica no es solamente la manera como el referido delirio neoliberal estructura su dominación pero la manera como se instauran todos los regímenes de servidumbre al largo de la historia; y, en segundo, una vez que es la manera como se instituyen la vía de emancipación es psicopolítica.

Por eso he demostrado ya en 2007 en el Foro de Profesores de Periodismo de Brasil-FNPJ la urgencia de la desobediencia civil mental (https://bit.ly/2AnIgb7) de los sujetos una vez que el mundo es construcción mental, mental en el sentido incorporado, como para Francisco Varela o Antonio Damásio. Antes, en 2004, frente a la generalización del odio, que ya había dominado los medios y en especial las redes sociales, mismo entre “progresistas” y “revolucionarios”, capturados por la “disputa”, ya estaba clara para mí, y por eso he creado en la Escuela de Comunicación de la Universidad Federal de Río de Janeiro la cátedra Construcción de Estados Mentales No-violentos en los Medios (https://bit.ly/2NUKHpm y https://bit.ly/2CA3Pqr).

En el año que se siguió, 2005, he demostrado la urgencia de comprender y experimentar que la a “diversidad cultural,” solo es posible cuando reconocemos de manera no-dualista la “semejanza” (https://bit.ly/2q7v3gS), experiencia sin la cual no se supera lo que permite el estado de excepción, y que es la marca del Occidente hegemónico: el dualismo, que produce sistemáticamente “otros” como externalidades absolutas, o sea, produce identidades para el exterminio (https://bit.ly/2yxmK2E), o sea, la “naturaleza”, la “mujer”, el “insurgente”, el “negro”, el “comunista”, el “homosexual”, o cualquiera que piense de manera distinta a lo que se quiere imponer.

Así es que en 2006 ofrecí a los colegas de la academia y a liderazgos sociales los argumentos que fundamentan el hecho de que la superación de la violencia, el lenguaje del odio, obliga invertir en una gobernancia académica y social enfocada en el valor estratégico de la no-violencia para el vigor de la comunicación (https://bit.ly/2JcdZz2), lo que inicia en el auto-examen en red de los estados mentales que se autoriza referenciar la acción, pues la filosofía es, como para Deleuze, acción, o como para Dewey, la manera que se re-califica la acción.

El dualismo que está en la base de la teoría social y de la filosofía hegemónicas es qué genera, como hablé, el proceso de construcción de identidades para el exterminio pero, al mismo tiempo, de “identidades para la salvación”. Si la mentalidad bolsonarista se presenta como la identidad para la salvación de Brasil en ese momento es porqué esta estructura de pensamiento dualista, en que por tanto resiste un hondo metafísico, se presenta no solamente en la manera sentipensante del fascismo pero también, y sé que es duro admitir eso, pero también en la manera que las izquierdas han enfocado la cultura digital y sus “milicias” así como sus intenciones teóricas y de intervención.

Cuando he co-organizado en 2008, por tanto hacen diez años, el I Foro de Medios de Brasil yo hablé con todas palabras que la emancipación que la tecnología digital ofrece, de la potencia de ciudadanía digital, por ejemplo a partir de los Puntos de Medios Libres, y que podrían formular y potencializar formas participativas y directas de gestión -y así transformar la calidad de los mensajes en las redes sociales y digitales en una nueva fuerza de las democracias- dependía y depende de la responsabilidad de los sujetos sobre sus estados mentales; sobre sus territorios mentales que determinan la calidad comunicacional o no de lo que se vive (https://bit.ly/2AnKY0r).

Los medios solamente son libres cuando la mente es libre (https://bit.ly/2CywwEd , https://bit.ly/2Jc0KOK , https://bit.ly/2D02g6e y https://bit.ly/2CZfUqu); libre del dualismo, libre del perspectivismo ontológico que generó la imposibilidad de sinergia, una vez que todo sería “disputa de narrativas”, lo que fortaleció siniestra e inconscientemente la misma “disputa” y “competitividad” que fundamentan el mercado, y así permitió el resurgimiento de los fundamentalismos, una vez que el ser humano no vive sin sentido _la teoría social abandonó la metáfora de la religión, la posibilidad del encuentro, antes mismo de comprenderla, una vez que solamente el ser humano se instituye, y lo hace así de manera no metafísica, en la escucha intrauterina y post-uterina de la voz de la madre, y de la voz de la función-madre, del padre, de la función-padre y de la función fraterna. El lenguaje, o sea la cultura, no es otra etapa, es una condición antropobiológica y filosófica.

Por eso la seguridad y la protección en que se instituye el ser humano es su predisposición fundamental, su figura de felicidad, y por eso la predisposición a la cual se dirigieron y dirigen las operaciones psicopolíticas que han construido el estado de excepción, que en una de las manos amenaza la seguridad y la protección a través del producción deliberada del miedo, y, con la otra, las ofrece mediante la obediencia -la servidumbre voluntaria que ha sorprendido las izquierdas en todo el mundo y mucho más recientemente los sextos verdaderamente liberales de las sociedades, cuando, como habló Mino Carta, “nada es peor que Bolsonaro y nada es más desolador que encontrar al gran líder popular brasileño encarcelado” (https://bit.ly/2J81PXG), y Jacques Poulain encabeza una Carta a los Brasileños: ¿Delate su justicia? (https://bit.ly/2S3dWtk).

¿Las intervenciones del presidente Macri también actúan en este sentido?
Cuando escuché el discurso del presidente argentino en el día 3 de septiembre constaté el mismo principio del cual estoy hablando: no hubo ninguna declaración respecto de lo que exactamente el gobierno de él haría. Alguien ha pensado que se trataba de un discurso sin sentido, improvisado. En realidad se trataba de un discurso muy bien organizado desde el punto de vista de las operaciones psicopolíticas. Se trataba de un discurso que se dirigió a la predisposición de los sujetos a la seguridad y a la protección. Todo el tiempo hacía referencia a que “los sacrificios que había que hacer hoy” eran en pos de un valor mayor que es la seguridad y la protección que al final obtendría el pueblo.

Todo esto se da en el marco de una corriente que, durante la primera mitad del siglo XX, ha sistematizado las relaciones públicas y la propaganda, justamente con base en los conocimientos del psicoanálisis, y articulado con la antropobiología filosófica y, por qué no recordar, el pensamiento de Reich.

¿En qué se basa esta corriente de pensamiento?
Tener en cuenta que la cuarta generación de la ciencia de la guerra, la guerra psicológica respeta los descubrimientos de las primeras teorías de la comunicación que sincronizadas con la antropología filosófica ya habían descubierto -en la primera mitad del siglo XX-, así como con el trabajo sintomáticamente olvidado de Wilhelm Reich, es vital para la renovación de la teoría social y de la filosofía y, por lo tanto, del pensamiento crítico que visa la emancipación del psiquismo y de las instituciones. Pues estos conocimientos han sido despreciados por las economías políticas y los estudios culturales y socioculturales, actitud que contribuyó para que tenga sido posible ofrecer un “judas”, un “culpable”, a la “indignación difusa” manifestada de manera contundente por brasileños y brasileñas en 2013: el PT y la corrupción, una vez que la corrupción es exactamente la destrucción del principio de la confianza en el cual el ser humano se instituye, y por eso horroriza a todos. Es importante desmitificar la idea de que la corrupción es el problema fundamental del ser humano, todo una vez que algunas personas que han condensado la monstruosidad humana como Hitler, Mussolini y Stalin no han sido corruptos, por lo menos no han sido condenados por eso.

Reich, en los años 20 del siglo pasado, fija-te, cien años ha demostrado que al paso que lo que primero surge en el ser humano es la sociabilidad natural de la cual depende radicalmente para instituirse, el fascismo es de carácter perverso-sádico, expresión, en mis términos, psicopolíticamente organizado por la estructura del carácter del “hombre medio”, como él llamaba estas personas que cultivan en red el peor de sí mismas y votan contra sus propios intereses, una vez que esa es la actitud emocional básica del oprimido de la civilización autoritaria, dualista, como hablé, con su manera mística y mecanicista de encarar la vida, y creen en una amalgama irracional de sentimientos de revuelta e ideas reaccionarias que suponen ser la más radical de las revoluciones. ¿Quién, en verdad, consideraría sano el médico que combate la enfermedad con insultos?

Esto es fundamental para comprender por qué Bolsonaro tiene una intención de votos tan importante en Brasil y por qué Macri ganó en Argentina. Y sobre todo, como hablé en el inicio, que se sabía cómo actuar frente a estos regímenes de servidumbre, pues sea quién gane, la tensión brutal continuará, y demandará, este es el desafío tremendo y la oportunidad extraordinaria, una visión emancipatoria que respete la centralidad de la mente, en el sentido sentipensante. De manera a que garantizamos más emancipación de lo que logró hacer en las experiencias de izquierda hasta aquí, por ejemplo en Latinoamérica.

¿Cómo se relaciona ello con los procesos políticos actuales?
El Estado de excepción como el de Argentina, Brasil, Paraguay y Ecuador o el de Norteamérica (este último se está viviendo muy claramente desde 2001 luego del atentado contra la Torres Gemelas) se basa solamente, reitero, en estos dos ejes: la amenaza a la seguridad y a la protección por un lado, y la oferta de seguridad y protección a cambio de la obediencia.

Por eso yo señalo que la vía de emancipación es la de la desobediencia. Pero una desobediencia muy específica. Una desobediencia frente a la mentalidad autoritaria que cada sujeto la tiene incorporada de manera casi siempre inconsciente. Esa especie de “fascismo de baja intensidad”, como dijo Rubio. Un “microfrascismo” que es al mismo tiempo macro y que por eso emerge en las relaciones familiares, en los equipos, en los grupos de trabajo, en las organizaciones y en los movimientos sociales, en la estructura económico-política. Un “microfascismo” encapsulado y así protegido del pensamiento crítico en la burbuja de lo privado. Precisamos romper psicopolíticamente esta burbuja con la ayuda de las teorías críticas y de las teorías decoloniales.

Pues ese status quo está basado en una concepción burguesa que la “vida privada” y la “vida pública” se pueden separar por una pared o por una puerta. Esta idea de que lo privado y lo púbico podían ser separados llevó a la teoría social y la filosofía hegemónicas a tener la certeza de que determinadas formas sociales, como el fascismo, ya no volverían. Por eso les causa una gran sorpresa ver que estas formas volvieron y que lo hicieron con extremada facilidad. Porque la realidad es que no presentan ninguna señal de estar superadas, sino que por el contrario, se está generalizando cada vez más en el mundo como un tsunami.

¿Cómo se enfrente ello?
La única salida es la superación del dualismo desde la renovación de la teoría social y de la filosofía. Continuar afirmando que los seres humanos no son capaces de controlar en red sus estados mentales, como afirma el axioma hobbesiano ahora con casi 400 años es legitimar la irracionalidad. ¿Cómo imaginar que un ser humano que no puede controlar en red la capacidad emancipatoria o sus estados mentales es capaz de al ocupar el Estado?

Esta es la pregunta urgente que respondamos, incluso metodológicamente, con la Teoría Psicopolítica. Pues si Rousseau estaba equivocado en aquel mismo siglo XVII de Hobbes asumimos con Spinoza, también en el mismo siglo, que el conocimiento seguro es lo que emerge del conocimiento de la naturaleza de los afectos, estos que están hoy descontrolados así por completo, o por lo menos por la mitad de los votantes brasileños.

Darme cuenta acumulativamente de que el PT y los movimientos y organizaciones sociales no irían priorizar políticas, programas y proyectos de cambio en red de la calidad emancipatoria de la cultura brasileña, y que el fascismo de baja intensidad estaba se profundizando cada vez más y más que hizo reiterar demostrar por escrito en 2011 porqué el sueño brasileño se iría transformando en una, literalmente, pesadilla (https://bit.ly/2D30Ub0 y https://bit.ly/2NYTV3Q).

Si ese no es el momento de hacer la auto-crítica van a ser entonces más difíciles los años que están a la frente. Pues con Haddad presidente o no, la verdad es que Brasil está dividido, como sabemos, sincrónicamente al mundo. Como se ha visto y estamos viendo en grande parte de la prensa conservadora mundial así como de liderazgos tradicionales de la derecha brasileña, sea de la política, como Alberto Goldman y Jarbas Passarinho (https://bit.ly/2O5xQk0), sea del empresariado, como el caso ejemplar de Ricardo Semler (https://bit.ly/2z2rbSd), han sido sorprendidas por la ascensión de las peores calidades del ser humano, cuya superación a través de la auto-coerción es justamente la señal del avance de la civilización como demostró Norbert Elías.

Lo más fácil, y que resultará en un revés más adelante, como han demostrado los años de gestiones de las izquierdas en Latinoamérica, es exteriorizar el “mal” en dirección al otro, en el caso en dirección a la extrema derecha, al fascismo, quizás derrumbarlos en esta elección y en la brutal tensión que necesariamente se sucederá. El camino más difícil, pero el que genera mayor garantía, es el de tomar medidas preventivas, estrategias de gobernanza, que puedan de hecho aumentar las defensas del Estado de Derecho contra la irracionalidad, que se manifiesta en la violencia, bajo sus aspectos de miedo y odio, hipocresía, cinismo, barbaridad, sexismo, fundamentalismo, extremismos, xenofobia, discriminaciones y acosos de todo tipo, ataques a los más frágiles, asesinatos, tortura, etc., en esta lista interminable de horrores como todos han sido obligados a testimoniar en las actitudes y discursos de los líderes de la mentalidad bolsonarista, que admira a Donald Trump pero es más semejante a Rodrigo Duterte.

Entonces, ¿se trata de un problema histórico?
Debemos vencer la fundamentación ontológica, epistemológica, teórica, metodológica y vivencial que separa de manera dualista el “micro-fascismo” del “macro-fascismo” que está permanentemente re-legitimado por los sujetos en sus relaciones que piensa ser “personales”, pues el fascismo se ve “afuera”, ese es otro equívoco dualista, una vez que el “afuera” también está “adentro” (hay que pensar de manera quántica), está encapsulado en lo que se piensa ser “vida privada”, este concepto burgués sostenido mismo por sujetos de las izquierdas.

El problema, como hablé, gracias por la escucha activa, es ontológico, epistemológico, teórico, metodológico y, por eso, histórico. Solamente con un cambio de la historia del pensamiento-afectos es posible percibir que la explotación del hombre por el hombre no es un problema “económico-político” sino un problema psicopolítico. Existe una mentalidad que posibilidad que una persona explote a la otra. Si hubiese un motor de la historia ese no sería la estructura de clases, sino la mentalidad que permite que clases se organicen en la explotación de unas sobre otras, cuando el desafío y la oportunidad es la comunicación entre las clases.

¿Ese problema también se encuentra inserto en los propios movimientos sociales?
Por completo. Por eso he creado el referido concepto territorio mental en 2009. Un ejemplo: al largo de los años por grandes líderes sociales decir, con toda buena intención, “vamos a dar la voz al otro”. Hasta en frases como esas aparece el germen de lo que ahora se vive con el delirio neoliberal bajo la forma grotesca de lo que emergió en Brasil. Porque la realidad, claro, es que no se da la voz a otro, se escucha la voz del otro.

Las economías políticas han olvidado la determinación mental -una vez que hay una infraestructura mental, como habló Harald Welzer- de la organización social; los estudios culturales han olvidado implantar políticas públicas de revisión psicopolítica en red de los territorios mentales de los sujetos que empoderaba en los movimientos y de revisar los contenidos autoritarios de la mente de ellos, intoxicados por los aparatos psicopolíticos de la cultura. Muchas veces hasta en las buenas intenciones el fascismo está presente.

La revuelta fascista siempre tiene su origen en la transformación de una emoción emancipatoria -como han sido las manifestaciones de 2013 y las buenas intenciones de los gobiernos del PT- en la ilusión, a través del miedo a la verdad, que es la condición comunicacional del ser humano. Las élites financieras y económicas, con sus empleados de alto nivel en el judicial, en los parlamentos y en los medios, no hacen más que aprovecharse de este hecho para sus propios fines, actitud que en verdad demuestra su ignorancia en relación a la imposibilidad del ser humano ser feliz a través del saqueo del otro, una vez que la condición de la vida y del mundo es el co-surgimiento, la co-dependencia. Cuando yo no sé quién yo soy yo sirvo a usted, mismo cuando te domino. Cuando yo sé quién yo soy, yo soy usted. Muchas gracias por esta oportunidad.