Por Ramiro García Morete

Al sur del mundo, Rodrigo decidió volver a Zona Sur. Viviendo en Río Grande, Tierra del Fuego, halló un libro sobre Juana I de Castilla. La historia de la mítica reina acusada de desequilibrio, quizá para quitarle su corona, disparó en el joven un puñado de canciones. Y la convicción de volver a aquellos barrios donde no sólo había formado Antibiótico durante el secundario, sino también donde era posible escuchar a Soda y Virus la misma noche, en La Casona de Lanús. O en Paradise, donde se cortaba la música y salían a escena Los Violadores. Quizá ese circuito donde el rock tomaba por asalto las discotecas lo emparentó con el influjo de bandas británicas como Stone Rores o Jesus And Mary Chain.

Todavía no se aplicaba el término “sónico” a una escena que dominarían, junto a Los Brujos o Babasónicos, ni imaginaban telonear un par de veces a Oasis o Depeche Mode. Por entonces el rock argentino germinaba lo que la prensa llamó luego “rock barrial”, pero a pura arrogancia y osadía sonora captarían la atención del siempre atento a la vanguardia Gustavo Cerati. Recuerdan aún con admiración esa noche cuando fueron directo del estudio a Obras para telonear a Soda y el cantante junto a Zeta les preguntaba por los sonidos de guitarra. En el barrio de Temperley se respiraba algo y se oía una batería. Al tocar timbre salió la hermana de Aitor. A Roberto ya le había dicho. E hicieron la banda que querían tener. Caso contrario, habrían hecho otra.

En los albores de los noventa grabarían Autoejecución, el mismo que hoy editan en casete y que seguramente suene en un documental sobre la banda que desde entonces editó clásicos de culto como “Vida modelo” y llevó varios de sus estribillos a las radios y señales de alta rotación. Con la voz al frente pero respaldada por guitarras estridentes y apelando a la fluidez melódica que los caracteriza, acaban de editar Resplandece para celebrar los treinta años de Juana La Loca.

“En estos momentos estamos haciendo un ciclo de cuatro fechas –cuenta Rodrigo Martin, cantante de la banda–. En cada fecha tocamos dos discos distintos de nuestra carrera. Estamos dentro del marco de los festejos de los treinta años y hemos llevado el show al interior. También estamos haciendo un documental con imágenes inéditas de la banda. Incluso con Billy Preston en Estados Unidos o con Jimmy Rip.”

Desde aquellos inicios al presente, jamás cambiaron algunas premisas: “Siempre buscábamos un sonido que estuviese un paso adelante con respecto al anterior disco. Y lo seguimos haciendo. Inclusive en Resplandece hay una búsqueda de sonido que no tiene que ver nada con Pastillas para el dolor (2012). Sigue siendo la misma banda, pero las fórmulas no se repiten. A mí me gusta reinventarme, no repetirme”. Con ocho discos, Martin considera que “cada uno tiene su personalidad concreta. Pero hay discos que me marcaron, como Electronauta, ya que era nuestra primera experiencia importante en estudio. Después otros discos los quiero por otros valores. Casablanca fue concebido experimentalmente: grabábamos sonidos en la chimenea, en el porche, en los altillos”. Ese disco fue precisamente el que siguió a un par de verdaderos hits, como “Sábado a la noche”. Sin embargo, el músico dice que esa exposición no los afectó “de ninguna manera. Seguimos haciendo la música que queremos. Proponemos nuestros baluartes y cuantas más personas las escuchen mejor”.

A la par de un inminente videoclip de “Fuera de vos”, la banda está grabando todos los recitales con la finalidad de editar un disco en vivo en 2019.

Este sábado 27, Juan La Loca compartirá escenario con 107 Faunos en Guajira (49 e/ 4 y 5). Semanas atrás, Gato (cantante de la banda platense) citaba a Rodrigo Martin aquello de ser fan de tu propio grupo. “Lo que quise decir es que, si te gusta una banda más que la tuya, hagas esa banda”. Con Aitor Graña en batería, Roberto Pascuale en guitarra, Diego Vieites en guitarra, Andrés García en bajo y Javier Lopez en syntes, Rodrigo Martin tiene su banda.