Con 71 años de trayectoria y prestigio a nivel mundial, la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos “Pascual Grisolía” se encuentra en un déficit presupuestario que la ha obligado a reducir sus actividades. Desde la llegada del macrismo al poder, el avance sobre los espacios de cultura ha sido constante y, ahora, el proyecto de Presupuesto 2019 reduciría en un 67% los fondos para la histórica orquesta.

“Cada oleada del neoliberalismo en Argentina ha coincidido con un receso enorme para la Banda. Yo llevo veinte años dedicándome a esto, fue mi primer trabajo y es algo importantísimo para nosotros como trabajadores y artistas”, explicó Pablo Mirco, músico no vidente y miembro estable de la Pascual Grisolía, que ofreció su primer concierto oficial como conjunto nacional en 1947.

Pablo Mirco (músico no vidente y miembro estable): “Ya este año se cayeron todas las giras. El tema del traslado es un problema y estamos haciendo lo posible para no tener que pagar el micro nosotros, porque no hay plata para nada”.

Mirco conversó con Contexto sobre la gravedad que representaría el avance del Presupuesto del gobierno sobre el desarrollo de actividades de este espacio que sostiene alrededor de cien puestos de trabajo, entre músicos, directores, técnicos y asistentes. En lo concreto, el proyecto oficial prevé pasar de un presupuesto de tres millones de pesos a un millón.

“Ya este año se cayeron todas las giras. El tema del traslado es un problema y estamos haciendo lo posible para no tener que pagar el micro nosotros, porque no hay plata para nada. Lo más barato que podemos hacer es mover un camión para trasladar sólo los instrumentos”, expresó el músico.

Pablo tiene 41 años y pasó la mitad de su vida tocando el eufonio –instrumento de viento similar a una tuba– en las filas de la Banda Sinfónica, donde conviven hombres y mujeres de todas las edades, desde los dieciocho años recién ingresados, hasta quienes están a punto de jubilarse. Mirco comenzó como contratado antes de cumplir veinte años, tras estudiar años de piano y otras disciplinas.

“Esta banda representa mi vida, a partir de allí se me abrieron un montón de perspectivas sobre qué hacer con la música. Imaginate que para quienes tenemos una capacidad limitada es muy difícil trabajar de esto; el mercado es una jungla como en cualquier ámbito”, dijo.

“Nosotros tenemos que memorizar nuestras obras, tenemos que competir con músicos que pueden leer sus partituras mientras tocan, que pueden ver a su director de orquesta mientras tocan. Estamos en una enorme desventaja para hacer nuestro trabajo. La Banda es un espacio de suma importancia”, agregó.

Una de las postales más tristes que dejó expuesto el deterioro presupuestario fue un recital en el que estaba programada la participación del prestigioso músico Lito Vitale, donde la banda había trabajado durante meses un repertorio especial de clásicos de rock de Serú Girán y Pink Floyd, entre otros. Por no poder cumplir con el pago del contrato, el concierto finalmente se canceló.

“Eran obras que se arreglaron durante mucho tiempo. Los copistas pasaron las partituras a braille, luego lo ensayó la banda y el coro. Se estudió, se memorizó desde el comienzo del trabajo y a un mes de la función se canceló. Todo el trabajo y esfuerzo fueron en vano. Ahí es donde los números muestran las consecuencias a nivel humano”, expresó.

“Imaginate que para quienes tenemos una capacidad limitada es muy difícil trabajar de esto; el mercado es una jungla como en cualquier ámbito”

Mirco asegura que la llegada del macrismo se hace sentir desde hace rato en el cronograma de actividades e incluso en los espacios para ensayar. “El presupuesto viene bajando, los costos operativos suben. El transporte, el combustible. Se va relegando el programa, nos relegan la posibilidad de ensayar en salas de prestigio y en horarios acorde”, agregó Mirco, quien junto a la Banda recorrió provincias como Santa Fe, Neuquén, Entre Ríos y Córdoba.

Semanas antes, desde la Banda indicaron que habían tenido otros inconvenientes con la Dirección de Organismos Estables de la Secretaría de Cultura de la Nación, que había ordenado el desalojo de la sala de ensayo Carlos Gustavino, lugar de trabajo de la sinfónica durante dieciocho años. La orden fue en el marco de una serie de desentendidos en torno a obras de restauración del lugar, hecho que luego se demoró y dejó a la agrupación de músicos sin actividades.