Por Ramiro García Morete
Foto: Luciana Demichelis

“Nadie sabe lo que puede un cuerpo”. Como las frases que arrojan casualmente en sus charlas y luego se revelan en versos perfectos, Sofía Cullerés y Pilar de Larrañaga no sabían lo que contenían más allá de lo visible. Pero lo intuían. Aquella noche de invierno de 2014 las amigas llevaban a cabo otra reunión de “magias y catarsis”, vino mediante. Sofía no sólo cantaba folclore sino también tocaba el saxo. Pilar no había llevado el cello que ejecuta en el Teatro Argentino. Sin embargo, se les ocurrió enchufar un sintetizador que literalmente quemó los parlantes de la computadora de Sofía. Guitarra, bombo y otros instrumentos randoms sirvieron para encender la chispa. Unas canciones apiladas de Sofía eran el puntapié para probar algo nuevo cuando sumaron a María Marchiano en las teclas, entre playlist y pendrives que se pasaban para acumular información. Y para recortar. En cierto modo de eso se trataba. Un juego de espacios y selección. No sumar ni desechar nada que no potenciara una búsqueda que lentamente se fue perfilando a partir de looperas, synthes y los instrumentos originales que ambas ya traían. Aunque lo que de allí surgiera desafiara sus propios prejuicios. Aunque a pesar de las risas que sueltan al hablar todo estuviera imbuido de drama. Aunque tomara un buen tiempo y un cambio de formación (entraría Oscar en la batería) desde aquella noche en Antares donde pusieron nombre y figura a la idea, hasta entender un año atrás que era el momento de grabar. Piezas de pop oscuro y trágico sobre bases que oscilan entre el pulso acústico y algún tono de trip hop, cellos intensos y saxos procesados apoyando una voz histriónica y profunda. Todo ello contiene el disco debut y homónimo de Franca. Y posiblemente más… nadie sabe.

“El disco en verdad arrancó hace años –introduce Sofía respecto del material coproducido por la banda y por Gastón Le de Un Planeta–. Porque en sí sería meter todos los temas que estábamos tocando, aunque algunos no quedaron en la lista. Pero es lo que se estableció tímbricamente desde que empezamos a trabajar con Oscar.”

El proceso entonces nos remonta a esa búsqueda iniciada hace tres o cuatro años. “Buscamos despojarnos un poco de lo que nos rodeaba. Y ver qué hacíamos –explica Pilar–. En el camino salieron nuestros propios prejuicios: ¿qué estamos haciendo?, ¿pop? Salieron prejuicios y siempre peleamos con eso, con dejar ser a las cosas.”

“Al principio fue duro –asiente Sofía–. A mí me costó más, al cantar. En mi cabeza era muy importante salirme de mi costado folklórico y que dejara de ser lo único que me representara. Buscaba algo más versátil. Y después me di cuenta de que re escuchaba pop. Y que el pop es inmenso. Si yo la recontra banco a Madonna.”

Ambas dialogan y completan los conceptos de la otra con la misma fluidez que componen. “Lo que estaba y sumaba, eso quedaba –explica Pilar–. No buscar algo a propósito que no teníamos, sino potenciar lo que estaba. Sofía siempre cantó muchísimo, con esa cosa teatral y dramática que es fantástica.”

“¡El drama es lo que nos une! Escuchás Franca y es drama queen”

“¡El drama es lo que nos une! –resume entre risas Sofía–. Escuchás Franca y es drama queen”. Esa identidad no se acota a lo lírico o vocal. “Los temas fueron a esos lugares y todo acentuaba eso –cuenta Pilar–. Yo siempre tuve el prejuicio de ser cellista. Es un instrumento hermoso, me pongo la camiseta, pero a veces puede tener una cosa grasa. Y está bueno usar eso como sabiendo. ¿Es dramático este tema? Bueno, lo voy a apoyar o no de esta manera.”

Reubicar el sonido del cello y del saxo fue parte de un proceso que se completó con la entrada del notable baterista Oscar Trani y la conformación de un imaginario.

“Sofía habla en letras –define Pilar–. Yo soy una especie de colectora. Anoto las frases que me parecen maravillosas. ‘Fijate lo que dijiste’. A veces parece que hacemos temas y cosas dramáticas con boludeces, pero en realidad en lo que se dice yo creo que hay mucho contenido. Se traslucen cosas.”

“Creamos un universo, un personaje –explica Sofía sobre el nombre Franca–. Remite a la honestidad y a un personaje que todos deseamos ser de alguna manera y estamos en esa búsqueda. Que no tiene prejuicios, que anda muy abierto. En búsqueda de algo que va un poco más allá del cuerpo que usamos”.