Por Ramiro García Morete

“Nos robamos un auto/ Manejamos sin parar/ El camino despejado/ El mar siempre está al final”. Casi jugando, un casi verano de años atrás, Sofía tomó la guitarra en el quincho de su casa. Sonaron los acordes de un tema que se llamaría “Costa Este” y en la ruidosa y enorme batería de su hermano se sentó Antonella. Casi de modo inconsciente, se subieron a una autopista de sonido que cruzaba coordenadas con el surf, el indie, el garaje y el low-fi, pero llegaba a un lugar propio lleno de mar, estribillos simples y suma espontaneidad.

Esa energía en tiempos de redes sociales y empoderamiento fluyó por un camino despejado que las llevó no sólo a escenarios del país, sino a realizar dos giras por Estados Unidos. Cuatro años después, con el amor mutuo intacto y planes de un disco experimental, La Piñas (Sofía Cardich en guitarra y voz y Antonella Périgo en batería y coros) dan esta noche su último concierto… al menos hasta nuevo aviso.

“Con Anto tenemos una amistad de oro –aclara, por si hiciera falta, Cardich–. No nos separamos ni nos peleamos. A mí me gusta viajar. En 2016 la banda tuvo una pausa porque me fui del país unos meses y ahora me voy de nuevo. Entonces es necesario poner los puntos en ciertas cosas para poder abrir nuevas puertas. Si queda todo flotando, uno no puede hacer otros proyectos. En lo personal, yo quiero seguir tocando y seguir conociendo gente que me llene en lo musical. Las Piñas es nuestro bebé por siempre y lo amamos. A mí no me gusta decir que es el final de nada, pero lo cierto es que no vamos a tocar por un largo tiempo”.

Mirando hacia atrás, la cantante intenta explicar cómo o por qué creció algo que inicialmente era un juego: “Encontramos un sonido particular. Las bandas más grandes eran re indie y nosotras teníamos una mezcla de eso pero con un sonido más despreocupado, más divertido. Además, no había otras bandas de chicas que hicieran exactamente lo que hacíamos. Entonces fue algo que se dio en ese momento en particular. También creo que nos supimos mover en las redes: cuando ninguna banda tenía Instagram, nosotras estábamos ahí y sabíamos comunicar el estilo”.

Desde el principio, el universo surf y playero fue más un disparador para montar un imaginario que un ejercicio de género: “El verano nos hace sentir bien. Y además porque las bandas que escuchábamos en ese momento eran de ese estilo. Decir surf es para que se entienda que no es indie ni punk. Hicimos una mezcla de la música que escuchaba Anto y la que me gustaba a mí. Medio surf, medio garage, medio indie low-fi. Y salió lo que salió”.

Con tres discos (El Perro Beach, Espanto Caribe y Pista de Fuego) el dúo –que supo contar con bajistas en vivo– planea un material nuevo a fin de año: “Lo vamos a hacer todo nosotras dos, queremos experimentar. Que salga como salga”. “Pero a los dos nos va a separar el mar irresistible/ Esta hora nos ha de separar, pero no eternamente.” Como aquel poema de Whitman en el que una gota del océano asume la distancia y a la vez la gran cohesión de todo, Cardich reconoce que el concierto de esta noche será una “fiesta con lagrimita”. Pero fiesta al fin.

Las Piñas se presenta este viernes 12 a la medianoche en el ciclo Psycho Fest, en Casa Un Clan (5 e/ 63 y 64) junto a Las Cosas que Pasan y Vurkina.

Link: https://laspinias.bandcamp.com/