Por Carlos María Ciappina

Traían ovillos de algodón hilado y papagayos y azagayas y otras cositas que sería tedio de escribir, y todo daban por cualquier cosa que se los diese. Y yo estaba atento y trabajaba de saber si había oro, y vi que algunos de ellos traían un pedazuelo colgado en un agujero que tienen a la nariz, y por señas pude entender que yendo al Sur o volviendo la isla por el Sur, que estaba allí un rey que tenía grandes vasos de ello, y tenía muy mucho.
Cristóbal Colón, 13 de octubre de 1492.

Hasta nuestro propio decoro, como pueblo viril, nos obliga a someter cuanto antes, por la razón o por la fuerza, a un puñado de salvajes que destruyen nuestra principal riqueza y nos impiden ocupar definitivamente, en nombre de la ley del progreso y de nuestra propia seguridad, los territorios más ricos y fértiles de la República.
Presidente Nicolás Avellaneda, 1878.

En Sudamérica somos todos descendientes de europeos.
Presidente Mauricio Macri, 2018.

Se cumplen 526 años desde que Colón arribó a América. A la vez se cumplen mil días desde que Milagro Sala fue detenida sin juicio previo ni el debido proceso. Cinco siglos separan dos hechos que están profundamente conectados. Empecemos por el principio.

La historia universal señaló prolijamente todo lo que no importa sobre Cristóbal Colón: que era un gran navegante (claro que sí), que era un gran escritor (por sus diarios de viaje), que tuvo un gran conflicto legal con los Reyes Católicos, que recorrió media Europa buscando que le financien el viaje, que creía que había llegado al Asia sin comprender que era un “nuevo” continente, que era genovés de ascendencia judía, o no. Toda esas larguísimas historias y relatos que se centraban en la figura del Colón genial, incomprendido y luchador dejaban en las sombras dos hechos claves sobre el significado del viaje del “Gran Almirante”:

  1. Cristóbal Colón era, por sobre todas las cosas, un mercader capitalista y el objetivo que persiguió fijamente en toda su empresa fue garantizarse el monopolio de la explotación de las riquezas que pudiera encontrar (en especial, el oro y las especias). Resulta extraño lo poco que se ha hecho hincapié en este hecho, pues el propio Colón en sus diarios se muestra una y otra vez como un desaforado que sólo busca riquezas que pueda llevarse a Europa.

2. Si bien es muy probable que otros (¿vikingos?, ¿isleños del Pacífico?, ¿portugueses?) hayan deambulado por lo que hoy es América, con la llegada de Colón se produce el “descubrimiento”. ¿Cuál? El descubrimiento de América por el capitalismo europeo. De eso se trata: de incorporar a la vorágine europea las enormes riquezas de un continente fabuloso.

Con la llegada de Colón se desencadena el mayor proceso de apropiación de riquezas de un continente por otro en toda la historia humana. América es, así, “descubierta” por el capital y a partir de allí se lanzan a la aventura depredatoria españoles, ingleses, portugueses, holandeses y franceses. Europa descarga sobre América toda su voracidad capitalista y los recursos del continente son absorbidos de un modo brutal por las necesidades de la economía europea: el oro, la plata, las maderas, luego el azúcar, el cacao, el tabaco. El capital lo devora todo. Sin América no hay “despegue” del capitalismo.

Pero un proceso aun más grave se desencadena como resultado de la llegada de Colón: Europa dictaminó muy tempranamente que este “nuevo continente” era un vacío cultural y humano. Setenta millones de indígenas distribuidos en cientos de culturas y cosmovisiones pasaron a formar parte de una “nueva” cuasihumanidad que debía servir para trabajar en beneficio de los europeos, para correrse y no estorbar o para morir bajo el hierro de la espada si no aceptaba este nuevo destino.

Si la llegada de Colón significó el inicio del mayor proceso de acumulación de capital de la historia de un continente sobre otro, la invasión desplegada por españoles, portugueses, ingleses, franceses y holandeses construyó (en todos los casos, no hubo excepciones) el genocidio más grande de la historia de la humanidad. Así, el capital europeo se expande de la mano de la rapiña y el genocidio de millones de seres humanos. No hay otro modo de definir ese momento. Y el hecho fundamental que justifica este genocidio es que estos seres humanos que habitan América –las culturas que el lenguaje eurocéntrico comenzó a llamar “precolombinas”– no eran en última instancia “seres humanos con uso de razón”. Ese vacío cultural, religioso, espiritual que Europa construyó como imagen de los pueblos originarios de América fue la base de la privación de sus tierras, de la extracción de sus riquezas y, finalmente, de su ubicación en un plano secundario de lo humano por los conquistadores europeos.

Han transcurrido 526 años, y sin embargo las repúblicas nacidas de la independencia (las excolonias británicas, españolas, francesas, portuguesas, holandesas) han avanzado poco, poquísimo, en la consideración, la regeneración y el reconocimiento de los derechos y los modos de vida ancestrales en toda América. Nuestro continente ha tenido, en general, un tiempo doble: los distintos gobiernos han sido veloces en encabezar procesos de modernización en la senda del “progreso” y han sido inmutables y lentos en la generación de procesos de reconocimiento cultural, territorial, económico y social de los pueblos ancestrales. Y en especial los gobiernos elitistas y conservadores han sido brutales con toda expresión considerada disidente y sobre todo con las disidencias de los pueblos indígenas.

Milagro Sala es, hoy, en nuestro país, la prueba viviente de lo poco que ha cambiado la situación de los que luchan por sus tierras, por un mejor destino, si provienen de los pueblos indígenas. No han probado ningún “delito”, no han completado ningún juicio, han seguido un proceso legal viciado de todos los atropellos; y sin embargo Milagro Sala lleva mil días presa. ¿Cual ha sido su “delito”? Su delito es terrible, amenazador y disruptivo: probó que en una sociedad gobernada hace 526 años por latifundistas y terratenientes, una hija de la tierra podía organizarse junto a los/as otros/as hijos/as de la tierra y construir un presente y un futuro mejor. Milagro es la expresión viviente de que hay otra realidad posible para los pueblos latinoamericanos, y eso, precisamente eso, es insoportable para las élites.

La historia del “descubrimiento” está a la vez lejos y cerca en el tiempo. El gobernador de Jujuy Morales y el presidente Macri siguen “descubriendo” América al modo de Colón. Y Milagro Sala resistiendo al modo de Tupac Amaru y Micaela Bastidas. Mil días, quinientos años. Se perpetúa la injusticia cada día que transcurre si Milagro Sala no es liberada.