Por Mariano Camún

Con el nombre artístico Rosa María Martínez Suárez que eligió para su carrera, se ha hecho célebre por tener en su lengua (supuestamente) lo que la “gente se pregunta”. Adornada de vestidos y joyas inalcanzables, su visión de la realidad siempre estuvo cerca de la burguesía, aunque supo teñir su discurso para convencer a “la gente como uno…”. Como uno que nunca se sentó en una mesa, donde la servidumbre está a la espera de la orden de su anfitriona, quien dirige y manda a su placer, para ofrecer los platos de mariscos y vinos finos y espumantes de marcas registradas. Ellas, vestidas de “negro” y delantal blanco, son las sirvientas de los banquetes más especiales, donde las migajas nunca serán probadas. 

La mesa a la altura de su maquillaje muestra la pureza que sólo se puede ver en los almuerzos de las familias pudientes, aquellas que viven en barrios privados y que no pueden seguir sus actividades si no les sirven sus deseos.

Las descripciones de mundos inalcanzables, que sólo la TV puede mostrar, son las mejores reseñas que la cultura rock ha podido desentrañar a la hora de contar o relucir historias reales y dolientes. De esta manera podemos encontrarnos con canciones que se han transcrito en sus líricas, historias de los almuerzos de la señora Legrand y sus lujosas variedades alimenticias.

Así fue que La Renga, la banda de rock más popular en estos tiempos en nuestro país, en su primer disco Esquivando charcos (1991) creó la canción llamada “Buseca y vino tinto”, donde realiza una descripción bizarra de los almuerzos. En su tono barrial, la banda de Mataderos invita a morfar a la señora Mirtha una comida bien popular, preparada con tiras finas de mondongo –conocido como “la carne de los pobres”–, papas, porotos y condimentos varios. Un buen manjar para saborear en invierno, cuando el frío se hace sentir. 

“Buseca y vino tinto” (La Renga)

Sirvió un menú muy complicado/entre narcisos y playboys/ que vomitaba la pantalla argentina,/ aflojando el almidón del cogote/ para poder tragar./ Dio la receta rebuscada/ de una torta color caca/ para el té poder acompañar,/ aflojando el cinturón al chancho/para no reventar.

Y yo me quemo hasta los dientes/ mi manjar está caliente/ se cocinó la realidad./ Vamos todos a la mesa/ que esta noche vamos a cenar./ Buseca y vino tinto/ Esta noche, nena te invito a morfar.

Pidió postre con cereza/ delicada la burguesa/ y anunciaba un lindo comercial,/ que donaría las sobras/ y los huesos a la prosperidad./ Contrataron a dos chinos/ pa’endulzar el apellido,/ ay, divina alta sociedad!/ que eructaba con la panza llena de felicidad.

Y yo me quemo hasta los dientes/ mi manjar está caliente/ se cocinó la realidad.
Vamos todos a la mesa/ que esta noche vamos a cenar./ Buseca y vino tinto/ Esta noche, nena te invito a morfar.

Esta noche, Mirtha, te invito a morfar.

En su disco en vivo Bailando en una pata (1995) abre el show con esta canción saludando a sus seguidores con la frase: “Bienvenidos al banquete”.

Siempre con una mirada cercana hacia la derecha de la política, sus lineamientos discursivos estuvieron más cerca de los poderosos que del pueblo (o la gente de a pie, como le gusta decir a “la chiqui”), para no perder de vista nunca de qué lado degusta su paladar social. Un simple y torturador ejemplo fue cuando declaró en uno de sus almuerzos: “Yo estaba feliz cuando subieron los militares”. De esa forma, la conductora volvió a justificar el inicio del genocidio. Dando a su argumento la sentencia: “El daño que había hecho Isabelita no se ha escrito todavía”.

Cómo no recordar otro momento clave en sus encrucijadas políticas, cuando la conductora habló sobre el féretro del expresidente Néstor Kirchner al poco tiempo de su fallecimiento. “Es feo lo que voy a decir“, comenzó, y luego arremetió: “Lo que dice la gente, la calle […] es que el cadáver no estaba en el cajón“. “Otra cosa, que el cajón no era lo suficientemente largo, extenso, como para cubrir el cuerpo del presidente”, para luego rematar: “Es verdad”.

El cantautor Alejandro Lerner, compuso la canciónMediodías con amor” donde se burlaba de los almuerzos glamorosos de Mirtha Legrand. Hoy el músico no se hace cargo de la composición: “Ese tema lo compuse a los dieciséis años, con toda la bronca del momento”, explicó Lerner. “Viví mucho y aprendí. Ya no tengo ese sentimiento en mi corazón. Por eso puedo ir a almorzar con ella y sentirme feliz”. Lo bueno que tiene el arte musical es que todo queda grabado y, más allá de su arrepentimiento, el sentimiento lírico nunca se podrá borrar.

“Mediodías Con Amor” (Alejandro Lerner)

Mediodías con amor/ mediodías en la televisión/ mediodías de amistad/ la mentira y la verdad./ Sos realmente encantadora/ sos realmente encantadora/ seguí siendo así, tan encantadora.

Mediodias con amor…

Bueno, el mantel es de oro puro/ y la vajilla es de cartón/ no ensucien las servilletas/ que después las lavo yo.

Mediodías con amor…

No me enfoquen las arrugas/ ni las varices, por Dios/ que la gente nunca advierta/ cuantos años tengo yo.

Mediodías con amor/ mediodías en la televisión
(muchas gracias, realmente, muchas gracias).

Bueno, hoy tenemos en la mesa a un modelo y a un doctor/ y a un humilde basurero con su pintoresco olor.

Mediodías generosos/ el modelo es sospechoso/ mira al basurero mucho/ para mí que es medio… Vamos a un corte.

Mediodías con amor/cuanto mas raro, mejor/ pero come usted, ingeniero/ en su casa que le dan/ perdone que lo interrumpa/ premio Nobel de la Paz./ Los zapatos son de Francia/ y el corpiño es de Japón/ el vestido es de Rumania/ pero lo nuestro es mejor.

Mediodías de humildad/ la mentira y la verdad

No me enfoquen…/ Mediodías con amor…

Historias y más historias ensuciaron el mantel de la señora de 91 años, quien declaraba antes de celebrar las cinco décadas: “Yo me he aggiornado con el tiempo. Estoy actualizada, no me he quedado. Soy moderna, no soy antigua. Ser antiguo es lo peor que te puede suceder cuando pasan los años, cuando no vas evolucionando. He tenido una apertura en mi mente, en mi cerebro…”. 

Mucho no ha reivindicado estas frases, con sólo recordar la controvertida pregunta realizada al diseñador Roberto Piazza en uno sus almuerzos: “Roberto, te voy a hacer una pregunta muy delicada: la pareja de homosexuales, suponete que adopten a un chico, como tienen inclinaciones homosexuales, ¿no podría producirse una violación hacia su hijo?”.

Y la más cercana discusión se dio a la luz de una lucha genuina como la del Aborto Seguro, Legal y Gratuito, donde discutió con la actriz Jimena Barón, cuando notó el pañuelo verde en su muñeca, y desató un picante debate entre ambas: “Yo soy celeste pero te respeto. Respetame vos a mí”. “Es una cuestión generacional también”, quiso reforzar la conductora. Jimena le dijo que no creía que fuese así, pero que entonces era momento de “aggionarse”. “Yo tengo una forma de ser, soy católica, practicante, no voy a cambiar”, finalizó la diva. Indudablemente, eso de aggiornarse no fue una declaración sincera de la señora de los almuerzos. 

Pero como la realidad queda en la memoria, las canciones construyen su mirada para que no todo lo que se dice que brilla luego se transforme en oro. Por eso, “Reggae para Mirtha” (canción de la banda de rock Intoxicados, ya disuelta y con su líder y autor de la letra, Cristián “Pity” Álvarez, preso por un crimen a resolver) dejó una simpática mirada de la reivindicación que expresó la señora de los almuerzos en cuanto a que su adaptación a los tiempos le abrió la mente y su cerebro… En realidad, siempre “Le importó más su imagen que su forma de ser”.

“Reggae para Mirtha” (Intoxicados)

Yo ya sé/ que hay gente que/ le importa más su imagen que su forma de ser/ No se dan cuenta/ que parecen momias/ pero aparentan ser de 23.

Es que yo ya sé la gente que/ le importa más su imagen que su forma de ser/ No se dan cuenta/ que parecen momias/ pero aparentan ser de 23.

Cirujano estírela (un poco más)/ como cirujano yo se que usted podrá estirarla (un poco más).
Vamos cirujano estírela (un poco mas)/ Vamos cirujano yo se que usted podrá estirarla
(un poco más) un poco más. 

Son tantos años y tantas anécdotas que se han vivido en sus almuerzos, como los sabores que deleitan los invitados en su mesa, que no alcanzarían los condimentos y esencias para seguir describiendo tantos platos sin lavar. Lo que sí se puede sacar en conclusión, para rematar este ensayo de manteles blancos y servilletas sucias, es el refrán más acorde a su realidad: “Yerba mala nunca muere”.