Tras la puñalada recibida durante un robo mientras cumplía con su trabajo, el empleado de la firma Glovo Leandro García Etcheto tuvo que ser trasladado al hospital de Gonnet y enfrentar el hecho de que la empresa no sólo no se haría cargo de la situación, sino que además el propio joven debería afrontar los gastos como consecuencia del asalto. El episodio fue uno de tantos que llevaron a los más de setecientos “glovers” que hay en La Plata a organizarse para decirle basta a las condiciones de extrema precarización que impone la App que aterrizó en marzo en la ciudad con la novedad de “ser tu propio jefe”.

“Es una relación de dependencia encubierta. Somos monotributistas, no tenemos ningún tipo de cobertura. Te dicen que ‘manejás tu horario, sos tu jefe’, pero la empresa te controla la cantidad de horas que trabajás a través del sistema de puntajes de la aplicación, que después repercute en lo que nos pagan”, dijo a Contexto uno de los tantos trabajadores que transitan la ciudad con la mochila amarilla de Glovo a cuestas. A principio de mayo había iniciado su tarea como “glover” –nombre que la firma le da a los empleados–, con un piso asegurado de cien pesos la hora más las comisiones por pedido. Al tiempo, el piso fue eliminado debido a que la empresa anunció que habría un “aumento en la cantidad de pedidos”.

“Es una relación de dependencia encubierta. Somos monotributistas, no tenemos ningún tipo de cobertura. Te dicen: ‘sos tu jefe’, pero la empresa te controla la cantidad de horas a través del sistema de puntajes que repercute en lo que nos pagan”

Un salario inicial en el mes de abril podía ser de 8.000 pesos –4.000 por quincena– con el piso asegurado vigente, del que se debe descontar el monotributo. Con el retiro del piso, el aumento de glovers y el consecuente estancamiento de la demanda de pedidos, hoy un glover apenas puede llegar a los 2.500 pesos por quincena, en promedio. A ello debe sumarse la escalada inflacionaria resultante del aumento del dólar de este año.

“No sólo no aumentó la cantidad de pedidos, sino que la cantidad de glovers se duplicó, haciendo cada vez más difícil agarrar un pedido. Ellos toman cada vez más gente y especulan con que otros dejen el trabajo y tener siempre listo un ejército de pibes esperando para empezar a trabajar”, expresó el joven entrevistado.

Pero eso no es todo: el “glover” también tuvo que afrontar los gastos de que le roben la bicicleta con la que realiza los pedidos. Él, como tantos, pertenece a la enorme cantidad de jóvenes desempleados que ha puesto a La Plata entre las primeras ciudades del país en los índices de desocupación.

Esta semana, una comunidad de glovers decidió reunirse para discutir los principales problemas que ya se han tornado insostenibles en el desarrollo de esta tarea que para la corporación multinacional no ha significado la retribución de un centavo al Estado. “Nosotros no estamos pidiendo que salga plata del Estado, sino que haya una intervención y una regulación para que esta empresa se haga cargo de lo que corresponde por ley”.

“no estamos pidiendo que salga plata del Estado, sino que haya una intervención y una regulación para que esta empresa se haga cargo de lo que corresponde por Ley”

Entre los principales puntos de reclamo figura la demanda de un seguro cubierto por la empresa y no por sus trabajadores, ingreso mínimo de horas acorde al salario básico y un control de la cantidad de glovers que hay en la actualidad. Según informaron ayer a Contexto, a la ya saturada flota de repartidores, la empresa ya tendría listas para sumar unas “cien mochilas más por semana” a la ciudad de La Plata.

En tanto, los trabajadores de Glovo ya han unificado demandas con empleados de PedidoYa, otra aplicación digital de la misma modalidad, y han recibido el apoyo de ASSIM, el gremio porteño de motociclistas mensajeros. Además, analizan una posible medida de fuerza que incluiría retención de tareas o suspender los despachos de locales adheridos, como McDonalds.

Al igual que Rappi o Uber, Glovo se suma a las tantas experiencias de empleo que la combinación de avances tecnológicos y las transformaciones sociales han dado como resultado, en detrimento de los esquemas tradicionales de organización del trabajo asalariado.

industria 4.0: el trabajador sin derechos

Aspectos como estos han sido tratados por la investigadora Sofía Negri, quien definió que la industria 4.0, en su formato de plataformas digitales, se presentan como “novedosas aplicaciones [que] le dan al trabajador expulsado de la sociedad salarial la posibilidad de encontrar una nueva forma de explotación: ser proveedor de servicios”.

En su ensayo La resistencia de la sociedad salarial, Negri explica: “Con la flexibilidad como faro y apoyado sobre el aumento del desempleo, el capitalismo se propone revertir derechos conquistados en el siglo XX. La tecnología 4.0 le permite articular nuevas formas de poslaborismo para adaptarse a lo que mejor sabe hacer: desligarse de sus obligaciones como empleador”.

sofía negri: “La tecnología 4.0 le permite articular nuevas formas de poslaborismo para adaptarse a lo que mejor sabe hacer: desligarse de sus obligaciones como empleador”.

Asimismo, la fuerte manifestación de taxistas en la ciudad de La Plata ocurrida el pasado 1º de agosto instaló en el escenario político local la preocupación por la “uberización” del trabajo, ya denunciada en España.

Dispuesto a licuar los esquemas de organización gremial e intervención del Estado vigentes, este sistema es una nueva vía libre a la explotación de transnacionales a los sectores más vulnerables que, hoy por hoy, se enfrentan a un gobierno que prefiere eliminar el Ministerio de Trabajo para invitarlos a sobrevivir “entusiastas emprendedores”.