Por Ramiro García Morete

“Cuando suena la campana te dejan solo y ni el banquito te dejan”, dicen que dijo Ringo. A Juan Pablo Pereira le gusta la analogía: su oficio es similar al de un boxeador. “Es la sensación de que podés practicar con una bolsa, pero cuando vas al ring enfrente tenés otro que practica igual que vos y si le pifiás recibís una piña.” Su trabajo es mental y ese otro no es el público sino lo imprevisto. Tiene que dominarlo y hacerlo moverse a su ritmo, casi como un boxeador va conduciendo a su oponente.

Aunque los oficios que le propone la estructura de su espectáculo sean bastante menos convencionales, como “planchador de lechugas”. Aunque no haya banquito pero sí miles de objetos incongruentes e imaginarios que los asistentes proponen para colmar el escenario. Una puerta dimensional, un árbol, un elefante o cualquier cosa pueden ser propuestos para una escenografía que, como un ring, se inicia desierto.

Pero tras aproximadamente hora y media de risas, despliegue y reflejos, las tablas quedan pobladas personajes con rasgos y situaciones insólitos pero reconocibles, propuestos por la audiencia y resueltos por una sola persona. No hay un banquito, pero sí un banco de información y formación que incluye una década en el Match de Improvisación actuando y dirigiendo, además de estudios dramáticos “convencionales”.

Porque la improvisación ya es una disciplina autónoma dentro de la actuación por ciertos rasgos deportivos, como Pereira dirá. Por eso entrena cada día, casi como una gimnasia creativa y mental. Le gustan los retos. Como cuando se animó al unipersonal con Sinapsis/sinopsis y fue creciendo al punto de tener esta semana su reto más grande tras haber agotado funciones en otras salas de la ciudad: el Teatro Municipal Coliseo Podestá. Este jueves a las 21 hs subirá al escenario y decir exactamente qué pasará sería mentir. Aunque uno puede presumir quién ganará.

“El espectáculo arranca con una cierta explicación para el público que no conoce la improvisación o su ejecución. Lo primero que se plantea es el espacio imaginario. Eso lo crea el espectador y lo puede llenar con objetos animados, inanimados, en un espacio definido que puede ser un sótano o un ascensor. Puede plantear como quiera. Todo lo que diga el publico es una obligación incorporarlo dentro de la estructura dramática, tiene que estar fluyendo ese espacio y esos objetos”.

La función del público es esencial: “Escribe frases, conductas, títulos, tips, nacionalidades, oficios inventados. Siempre se trata de salir del lugar común”.

Si bien “el humor es la base”, el artista considera que por momentos el verdadero eje es la memoria: “Hay momentos en los que tenés veinte datos en escena. Se trata de memoria y la capacidad de unir todos esos datos para generar esa historia, para que transcurran y estén presentes”.

Para ello entrena junto a su compañera Silvina De Michelli “desde una amplia gama de conceptos. Desde la composición de personajes hasta la velocidad de resoluciones dramáticas. Pereira recuerda que “la improvisación en la carrera es lo primero que hacés, como el método de Stanislavski. Lo bueno es que ahora es una disciplina en sí misma. Es muy loco, porque lo considero más complejo que el teatro”. Su paso de uno a otro se dio por necesidades personales, según relata. “Quería encontrarme en algunos lugares conmigo. Y estoy feliz y disfrutando muchísimo. Te quedan sensaciones extrañas. Terminás y no felicitás a un compañero.” Pereira cuenta que filma y mira los videos. Y que le gusta verse, pero a la vez es sumamente crítico. “Con el tiempo entendí que esto es crecimiento. No me castigo. Me relajo y trato de buscar los canales para avanzar con eso. Si eso se entrena, la cabeza empieza a transformarse.”

La improvisación requiere a veces despojarse de lógicas y razonamientos previos. ¿Cómo se procesa allí la coyuntura o los procesos sociales? “Soy un tipo ideológicamente fuerte. Pero trato de resistirme a poner opiniones de modo directo, que en todo caso son subjetivas. Porque pasan a estar preconcebidas y dejan de ser improvisadas”. Sin embargo, pone un ejemplo muy ilustrativo. Si le toca interpretar un robo, intenta no estigmatizar o demonizar. Cuando vos ejecutás esa impro ya estás dando una interpretación. Esa acción física tiene un sentido político. Sin dudas que robar es un delito. Pero hay circunstancias y circunstancias. O por lo menos lo pongo en discusión. Ha sucedido con un montón de ejemplos. Por ejemplo, no me interesa analizar por condiciones estéticas o físicas. Sí por conductas o estados. Eso es ideología.”

Si bien Pereira sostiene todo el show, hay intervención de Sivina Micheli, y el equipo se completa con Milagros Barcia como asistente de sala, Diego Aroza en iluminación, Sandro Goznalez en voz en off y Matías Rufach como agente artístico.

Para cerrar, Pereira regresa a la imagen del boxeador: “Acá hay que entrenar. Uno no nació sabiendo todo. Esto se entrena y se pone el cuerpo. Y se apunta a lugares que son irreconocibles para uno como artista. Ahí radica el conocimiento”.