Por Ramiro García Morete

“Cuando tengas una banda, yo quiero tocar el bajo”. Los hermanos Valetti eran adolescentes y aún vivían en Río Cuarto. Santiago, versátil multiinstrumentista en la actualidad, no tocaba las cuatro cuerdas. Pero Bruno lo recordó tiempo y varias bandas después, cada uno por su lado, cuando vio que su hermano dos años menor tenía un puñado de canciones “armaditas como para ir a la Capital”. Ese era el plan principal. También sería una banda de ska reggae, o al menos eso figuraba en el logo. Pero la vida y la música se mueven. Fue La Plata la que los recibió en 2009 y las canciones las que hicieron que no se ataran a ningún estilo. Algo que a veces les hizo sentir a estos gringos de cabellos rubios y tonada amable extranjeros en una ciudad regida por estéticas marcadas.

“Siempre nos sentimos medio bichos raros”, dirán. Pero cuando enchufan los instrumentos siempre se sienten en casa. Por eso no detuvieron su marcha ante los cambios de baterista. Con el talentosos Seba Alonso incorporado a las baquetas, este 2018 encuentra Setenta Balcones reinventándose una vez más y a punto de grabar nuevo material.

“Estamos preparando un próximo EP”, cuenta Santiago. “El hecho de que haya un nuevo integrante te hace revisar todo, todo: el repertorio, el proyecto, los arreglos. Estuvimos con eso este año, salimos a tocar bastante rápido. Tuvimos lindas fechas y mientras tanto haciendo temas nuevos. Proyectándonos para seguir.” Bruno acota: “El cambio de baterista te hace revisar el sonido, es el 33% de la banda”.

Desde Completo (2012), pasando por Las Ganas (2016), hasta Mientras tanto en otro lugar (2017), la banda conservó su impronta de trío ajustado y potente orientándose cada vez más a la canción de rock sin ataduras. “Eso es algo que es un orgullo, que no nos puedan encasillar”, expresa Santiago. “A veces es un problema para entrar en algún lugar. O cuando te preguntan: ¿qué hacen? Y… bueno… rock”. Pero si creemos que tenemos una característica es el eclecticismo, donde lo que nos importa son las canciones en su fibra que nos emocione y estén buenas. Y a partir de ahí, que se disfrace del ritmo que quiera.” “Claro”, adhiere Bruno, “somos rockeros haciendo los ritmos que nos parecen para tal o cual canción. O porque escuchamos música muy variada”.

Ambos reconocen la meticulosidad para trabajar en la sala. “Manijas”, define Santiago. “Las canciones vienen más de la intimidad de cada uno. Esqueleto con letra y melodía. Y se prueba en la sala, muchas vueltas, a veces muchísimas. Opinando, armando y destruyendo. Y hasta que no cuaja todo, no frenamos. Somos muy perfeccionistas”. Al parecer, también son prolíficos en la composición, pero “hubo un momento en que eran demasiadas canciones. Y entendimos que nos debíamos centrar más en el show y la dinámica. En ver hasta qué punto funciona y hasta qué punto es goce para vos”.

Concentrados en el material que grabarán en octubre, con la idea de ir subiendo de a dos temas, tal como parecen indicar los tiempos, las próximas fechas son recién el 21 de octubre en Preta y el 23 de noviembre en Lugosi. Santiago reflexiona sobre el paso del tiempo y la voluntad de seguir adelante: “Lo pensamos mucho. Por ejemplo… El hecho de traer un baterista, sentarlo y decirle: ¿querés tocar con nosotros? ¡Tenés que decir algo! Le tenés que hacer que te crea. Vos tenés que replantearte el proyecto, la carrera. Dónde estás parado. Por supuesto que esas ilusiones que traíamos cuando vinimos a La Plata un poco suben y bajan. Te vas moderando. Pero hacemos el esfuerzo de volver a conectar con esas ganas. Por algo nuestro segundo disco se llamó así. Y cuando hacemos música es cuando sentimos que eso está intacto. Que nuestro proyecto va a seguir porque es una música muy pura, muy nuestra, que refleja eso, esa energía”.