Por Ramiro García Morete

Hudson tiene algo de frontera, dice Bruno Pizzorno. Al menos para aquellos que reparten su vida y su tiempo entre Capital Federal y La Plata. Inclusive idiomáticamente, cuando no sabemos definir si “jadson” o “udson”. Y en una suerte de punto medio de la autopista se encontraba el coche de estos muchachos de Rauch que tras Mediterráneo y ciertas declamaciones poéticas y musicales en sintonía con sus tiempos buscaban algo distinto.

La banda de nombre largo y dramático planeaba algo diferente: un productor y compositor que completara las canciones coescritas por el mismo Pizzorno (voz), Pedro Bassagaisteguy (guitarra) y Fer Arreca (guitarra). Tras algunos intentos que no pasaron de ello, recurrieron a una infalible rueda de auxilio: los amigos. Como cuando entre un disco y otro emigraron tecladista y baterista, y los treintañeros de la banda sumaron a veiteañeros de su querido pueblo bonaerense: Nahuel Toucoulet (batería), Francisco Corregado (sintetizadores) y Julián Aizpurúa (bajo). Allí donde hace un tiempo “no nos iba a ver ni Montoto”, porque no estaban tan familiarizados con cierto rock. Pero a fuerza de letras lúcidas, un salto de producción, ciertas oscilaciones entre el pop y el rock con el indie como punto de partida, la banda no sólo es bien recibida en su pueblo, sino que editó el muy buen Hudson, que presentará por supuesto en Capital Federal (CC Matienzo), La Plata (Pura Vida) y Rauch.

Coproducido con Hernán Azcóniga, el álbum presenta algunas diferencias con el material anterior. “Se dio por las canciones”, explica el vocalista. “Quizá hay un corrimiento inconsciente del mote indie o la canción indie. Incluimos dos rocanroles, músicas que nos gustan, con alguna referencia más ricotera. Quedaron afuera dos baladas también. Pero básicamente son las canciones que nos salen.”

Esas canciones salen de modo colectivo: “Somos tres compositores, junto a Pedro y Fernando. Compongo canciones con ellos desde hace diez años, inclusive antes de la banda, cuando yo ni cantaba. Entonces la dinámica de composición colectiva va en paralelo. En este disco, Fernando y yo hicimos mayoritariamente melodías y letras. No sé qué parte escribí yo y qué escribió él. Está re bueno. Sino, se vuelve monotemático”.

“Tengo el corazón desamparado/ tengo que encontrar algún lugar mejor que/ en el que me levanto/ hoy”. A lo largo del disco se percibe la sensación de resistencia y esperanza en un contexto no tan ameno, hallando su punto álgido en el epílogo con la frase: “Chapemos a pesar de todo”. Pizzorno afirma. “Sí, hay algo de ‘jugarse vale la pena’. Es que también nos agarró. El tema más escuchado del disco anterior es ‘Bastidores’, que decía: ‘No todo es tan gris como te muestra la televisión’. Ahora la cantamos y no tiene nada que ver. Sabemos bien de qué estoy hablando. Y las canciones de este disco se generaron en este ambiente, este contexto. No estamos en un tubo de ensayo.”

“Soñé que vos soñabas/ que la línea C del subterráneo termina donde comienza el diagonal 73”. Las referencias al vaivén entre la capital nacional y la capital provincial inspiraron el nombre del álbum: “Hudson es un lugar de frontera, como una frontera desdibujada. La banda vive una mitad en Capital y la otra en La Plata. También el disco tiene cierta reminiscencia y un toque de nuestros años primeros en el rock. Un anclaje en los noventa, hay luces neón, hay referencia a Kerouac, ya que en esa década se volvió a rescatar la figura de los beat. Inclusive hay una canción llamada ‘1994’, que es el año en que murió Kurt Cobain”. Pizzorno cuenta que traban mucho conceptualmente y que la futura presentación (15 de septiembre en el porteño Matienzo) será “híper conceptual. Tiene que ver con la composición. Laburamos y quedan mil puntas”. Algunas cruzan la frontera y se vuelven realidad.