Capusotto y el humor como tragedia

El dólar, la represión y los medios.

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Por Mariano Camún

El cielo gris y la lluvia como escenario de un mes de agosto que se evapora, dieron una máxima tensión, desconcierto y pánico ciudadano cuando la “moneda gringa” registró su mayor salto desde diciembre de 2015, al subir 15,6% y descuartizar al peso argentino y transformarlo en un tragamonedas falseado.

El billete verde sin esperanzas superó los 40 pesos y la desconfianza política y económica hacia el gobierno fue en alzas como los cuadros luminarios de las casas de cambio.

Una vez más para los amantes del humor tragicómico, el maravilloso Diego Capusotto ascendió al pedestal de la memoria ficcional transformándola en realidad. Sus sketch siempre diagnosticaron una mirada humorística de la realidad, aunque para él “la realidad no lo hace reír”, sus puestas en escena nos muestran una vez más las cosas que suceden.

Así ocurrió con el recordado capítulo sobre la paranoia que genera la divisa extranjera, donde un grupo de vecinos está esperando que lleguen las inversiones y vengan los dólares tan esperados.

“La verdadera realidad la venimos a decir nosotros”, argumentó el humorista en una entrevista a Página/12. “La gente no puede tener más de lo que tiene y nosotros venimos a sincerar esos escenarios”, insistió, y concluyó: “El humor sirve para apuntar contra algo que nos molesta y nos jode. En vez de ir a cagarlo a trompadas, se la devolvemos con ese lenguaje”.

Otras de las genuinas y contundentes afirmaciones conocidas por el capocómico, en una entrevista con Tiempo Argentino, definió a Elisa Carrió como “esos tíos borrachos que siempre van al asado familiar. Pero no es el tío borracho simpático que cuenta chistes: es violento y pesado. ¡Y no lo podés echar porque es capaz de venir con cuatro amigotes y prenderte fuego la casa!”.

Sin ir más lejos, recordamos a la diputada nacional cuando en una nota brindada a su canal predilecto TN había pronosticado por el mes de mayo que el dólar se quedaba en 23 pesos: “No vayan a buscar los dólares [a los bancos]. Se va al FMI para evitar la crisis, el dolar se va a quedar en 23, ahí va estar, que es el dólar conforme inflación”. 

Para darle más emoción surrealista al grave problema del dólar, Lilita reapareció en las redes sociales y en el último de su hilo de twits, acompañada de misticismo, concluye: “No se olviden que al final del túnel hay luz”, en sintonía con aquellas primeras metáforas que usó Cambiemos al comienzo de su gestión, en 2016.

Entre otras de las grandes parodias realizadas, no podemos escapar de una de las banderas levantadas por el gobierno de Cambiemos y ejecutadas por la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, y es sobre las protestas sociales y la represión como el mecanismo de defensa. Allí podemos ver las “historias pequeñas” que protagonizan las protestas.

Sin dar tregua, no hay opciones de olvidarse de los medios de comunicación en la era Macri y sus senderos hegemónicos que trabajan en trincheras armadas de noticias necesarias para darle oxigeno a un rumbo político sin brújula ni dirección. Las coberturas mediáticas trabajan a la orden del poder, y Diego Capusotto critica a los periodistas formadores de opinión en un sketch titulado “Vas a decir lo que necesito que digas”, donde se pone en la piel de un periodista un tanto inquisitivo. De esta manera desnuda a los medios dominantes que imponen los temas de agenda en la sociedad.

Diego Capusotto y Pedro Saborido han construido una forma de llevar adelante el humor y la sátira que superó la barrera de toda realidad, en diferentes formatos como la TV, la radio, el cine y hasta en las librerías, manejaron la cordura psicodélica para ser vigentes y diversos en un campo de lenguaje expresivo que lo transformaron en una cultura popular. Peter Capusotto y sus videos tuvo la grandeza de anticipar el futuro de la mejor (o peor) manera, a través de un sarcasmo lírico y a la vez vulgar, un reflejo itinerante de la sociedad que construyen e imaginan, cuando la realidad social se transforma en un sketch que no le escapa a la solemne argentinidad.