Por Ramiro García Morete

La guitarra de Manza está desconectada. Cuando está en su cuarto y posa su mano con un mi o un la mayor –posiciones simples, generalmente– suele tener la guitarra sin el cable o directamente toma la acústica. Pero Manza (Mariano Esaín) jamás se desconecta de la canción. En la calle, cuando graba en su celular o en el estudio, no para de hacer o imaginar una canción. No es la canción perfecta. Descree de esa idea. Ni siquiera la canción desnuda. Porque antes que cantautor es músico. De rock, más que nada. Y entonces la concibe enchufada, sonando de tal o cual manera, resonando todo ello dentro de su cabeza y luego junto a sus compañeros, en la sala. Manza no se desconecta de la canción no porque sea necesariamente un obsesivo, sino porque no puede evitarla.

Puede sonar más punk o más folk o más pop, pero sobre todo tiene que sonar. La delicada orfebrería del sonido, materia prima de la música. Y decididamente Valle de Muñecas suena bien, de principio a fin: desde la guitarra desconectada, pasando por el estudio y el vivo, como un clásico cuarteto que completan Fernando Blanco (guitarra), Luciano Esaín (batería) y Mariano López Gringauz (bajo). Con casi quince años de recorrido y diez con esta formación, se ha constituido en una de las bandas más respetadas del llamado under nacional y un claro ejemplo del capricho que ello representa. Porque sin dudas las canciones de Valle de Muñecas poseen la calidad, consistencia y fluidez que ninguna radio de alta rotación podría negar.

Recientemente la banda editó en vinilo y casete un EP llamado Punk que tocará por primera vez en La Plata: “La tapa es como una fotocopia de Folk (2007)”, cuenta Manza. “Me gusta decirle punk, así como suena. Había un tema que no entraba en el disco anterior… a la vez hicimos una versión de Menos que Cero (su banda anterior), un tema de Mal Momento y una canción de Attaque… y cuando junté esas cuatro ideas dije: acá tenemos un material coherente”.

Más allá de esos dos discos que juegan con géneros concretos, la banda sabe manejarse dentro del terreno del rock pop guitarrero con tanta herencia americana como británica, pero siempre con pequeñas variaciones dentro del lenguaje. Casi como el fuego o el río, que son el mismo y a la vez nunca se repiten. Su mentalidad de productor es decisiva: “Nunca me consideré un cantautor. Me bastaría la guitarra acústica y la voz. Para mí es una parte importante cómo llega a banda. La electrificación de esa idea, la puesta en práctica en un estudio. Me dedico a producir, me apasiona. Es difícil que la componga en mi cama, es difícil que no me surja con ideas de cómo va a sonar la batería, el efecto de la voz, qué va a pasar cuando se vaya la voz y otro instrumento pase a frente”. Y extiende el concepto: “Más allá de que escucho muchos géneros, la música que me apasiona es el rock. Y posiblemente es uno de los pocos géneros musicales cuya evolución está basada en la producción, en cómo suena grabada. En el jazz, por ejemplo, o la música académica, quizá evoluciona armónicamente. Si vos agarrás un hit de rock de 1955 o de 2015 quizá la armonía no sea muy distinta. Pero sí el sonido”.

“Más allá de que escucho muchos géneros, la música que me apasiona es el rock. Y posiblemente es uno de los pocos géneros musicales cuya evolución está basada en la producción, en cómo suena grabada”

El lugar del rock y la guitarra en la música actual dispara algunas risas y reflexiones. ¿La guitarra siempre va a vencer? “No sé, pero vence en mí. Siempre hay lugar para la guitarra. Como el rock no ha tenido problema con sesiones de vientos u otros instrumentos, no como elemento principal, puede que la guitarra aporte a otros géneros. Por ahí con más pedales y todos los elementos que hay para modificar el sonido, sobreviva de esa manera. Sí veo que el rock de a poco se va corriendo del lugar de popularidad que tuvo tantos años. No sé si hay un fenómeno que se haya mantenido tanto. Y me parece lógico que se corra. Creo que va a tomar un lugar de culto, como el jazz, por una cuestión de edad. Más como arte que como una forma de entretenimiento. El rock siempre estuvo en el medio. Es más, inventó eso de conjugar arte y cultura de masas”.

Respecto de su rol de productor, varía dentro del seno de la banda: “Es más difícil. En realidad, con lo musical y lo técnico es lo mismo. Lo que cambia un poco es el aspecto psicológico. Al productor se le delega un poder de decisión. La banda confía en mí ciegamente. Cuando es mi propia banda, me delega la parte técnica, pero la toma de decisiones como en la sala, entre todos”.

La llave de los días mejores

“No hay lágrimas que se limpien llenando una hoja en blanco”, reza “Hoja en blanco” de El final de las primaveras (2015). ¿Para qué escribir, para qué hacer una canción?: “Nos gusta y la pasamos bien arreglándolas. Podría dar muchas respuestas y todas son obvias. Funciona como catarsis en muchos sentidos, al escribirlas como al ejecutarlas”. Y con tanto humor como verdad, se sincera: “También es incontinencia… porque me salen. Voy caminando y se me ocurre una idea. Hago canciones porque no puedo dejar de hacerlas”. ¿Y la canción perfecta? “No sé. Cuando se habla de ello, se habla de un género o estilo. La canción beatlera, por ese lado. Y no es el único tipo de canciones. La perfección pasa por otro lado, no por la cuestión formal o armónica. Tiene que ver también con lo que hablábamos sobre la producción y el sonido”.

Manza admira a esos autores que componen la letra de un tirón: “Me encantaría ser de los que abren una canilla y sale. Conozco un par… Si con la música mi proceso es súper intuitivo e incontinente, con la letra es lo contrario. Me gustan las letras que hago. Pero las corrijo mil veces hasta que no suenan como quiero sonar”.

El último larga duración de la banda se editó a fines de 2015 y se llama El final de las primaveras. Manza anticipa la interpretación coyuntural que podría sugerir. “Me lo han dicho. La verdad es que es una coincidencia. Me gusta que sea interpretable de distintas maneras. No sé si tengo derecho a definir y prefiero que tengan múltiples sentidos.” Y agrega: “Todos en la banda tenemos nuestra posición política. Pero también una voluntad de no hacer de eso una estética de la banda, sin que eso signifique que estoy más o menos comprometido. Y después, por supuesto, la realidad nos maltrata como a todos”.

Este sábado a las 20 hs la banda porteña se presentará junto a Los Valses (que presentan Asia Menor) y con apertura de la notable Carmen Sánchez Viamonte en Guajira (49 e/ 4 y 5).