Por Pablo Pellegrino

“Lo peor ya pasó” fue la entelequia repetida por la cúpula del gobierno luego de que anunciara el rescate del Fondo Monetario Internacional ante la crisis cambiaria y financiera del primer semestre. El propio Mauricio Macri y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, sostuvieron esa tesis luego de que la moneda nacional perdiera más del 50% de su valor.

Pero luego del rescate del Fondo y el anunciado ajuste para contrarrestar el déficit fiscal, las perspectivas económicas para 2018 son cada vez peores. El propio organismo de crédito bajó sus pronósticos de crecimiento para el país e incluso prevé una posible caída.

El jueves, mientras los medios especializados daban cuenta de las negociaciones que lleva adelante el presidente del BCRA con el FMI para subir la oferta diaria de dólares a fin de quitar presión a la divisa, en las pantallas de los bancos el dólar subía hasta los 28,70 pesos.

El incremento se produce a pesar de que hace pocos días la autoridad monetaria haya ratificado la tasa de política monetaria en 40%, que sigue siendo la más alta del mundo.

La cotización del jueves no es, sin embargo, la más alta: en el mes de julio, antes de hacerse efectivo el primer desembolso del Fondo por 15.000 millones de dólares, había llegado al máximo de 29,57 pesos.

Pero la presión sobre la divisa no dio tregua desde entonces, ya que desde mediados de junio el Banco Central no ha parado de perder reservas. En medio de la “turbulencia”, las reservas internacionales habían caído hasta los 48.400 millones de dólares, y con la llegada del rescate volvieron a subir por encima de los 63.000 millones, pero desde mediados de junio hasta hoy llegaron a los 57.600 millones. Es decir que en un mes el Central perdió casi el 10% de sus reservas.

También en junio la actividad económica empezó a mostrar los primeros impactos. El jueves, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos publicó su informe sobre Utilización de la Capacidad Instalada de la Industria, que reflejan el mal desempeño económico: cayó más de cinco puntos y se ubicó en 61,8%, el peor derrumbe desde la salida de la convertibilidad.

En el año 2002 el indicador se había ubicado en torno al 55%, pero de 2003 en adelante los números más bajos habían estado alrededor del 64%.

Sectorizados, los rubros que bajaron su capacidad productiva fueron la industria automotríz (47,7%), metalmecánica (53,6%), plástico y caucho (54,8%), textiles (55,4%). Otro de los que también cayó por debajo del 60% fue alimentos y bebidas, que según un informe de la Universidad de Avellaneda experimentó una fuerte pérdida de puestos de trabajo, baja en las ventas y un aumento exponencial en los precios, que superaron holgadamente la inflación.

Un relevamiento realizado por la Asociación de Empresarios Nacionales sostiene que las pymes también siguieron esa tendencia: seis de cada diez pequeñas y medianas empresas industriales se encuentran en un 50% o menos de la utilización de su capacidad instalada.

Según el informe que da cuenta de 324 casos principalmente del AMBA, “un 29,2% de las empresas industriales pymes despidieron trabajadores, un 20,2% ha indicado que suspendió y solo un 10% ha incorporado trabajadores”.

“El 65% de las empresas redujo horas extras o turnos de producción producto de la crisis, y posterior recesión, que provocaron las erradas decisiones en política económica vía la devaluación del peso, el aumento brutal de las tasas de interés, el acuerdo con el FMI y los cambios de gabinete del país (BCRA, energía y producción) todos vinculados a la dimensión productiva del Poder Ejecutivo”, sostiene el comunicado de la ENAC.