Mientras millones de personas se congreguen en las calles de todo el país levantando las banderas de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, en la Cámara Alta del Congreso de la Nación, a partir de las 9:30 hs, los 72 senadores tendrán en sus manos la posibilidad de consagrar un derecho que se ha convertido en la gran deuda de la democracia para las mujeres y personas gestantes, artífices de un grito que hoy replica en todo el mundo.

En este escenario adverso se espera que la movilización popular juegue un rol central sobre los senadores y que no todo esté perdido.

El proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo que tiene media sanción en Diputados llega al recinto del Senado en la previa con el rechazo de 37 senadores, mientras que son 31 los que han manifestado expresamente su apoyo y sólo dos los indecisos: el tucumano José Alperovich y el santafesino Omar Perotti. En este escenario adverso se espera que la movilización popular juegue un rol central sobre los senadores y que no todo esté perdido.

Previas similares se vivieron durante el debate por el matrimonio igualitario. Si bien este proyecto tuvo el visto bueno de la por entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner, se dio libertad de conciencia a los legisladores a la hora de votar. En Diputados el proyecto salió con 46 a favor sobre 29 en contra, pero en Senadores la oposición fue más férrea de la mano de Liliana Negre de Alonso, parte del Opus Dei, que terminó consagrando en comisiones un dictamen de rechazo al proyecto (como también sucedió con el divorcio).

La presidenta Fernández de Kirchner se mostró sorprendida ante este rechazo y los argumentos utilizados por la oposición al proyecto. “He escuchado que hasta se habla de una guerra de Dios y algunos incluso han planteado la posibilidad de un plebiscito, sin tener en cuenta que estarían plebiscitando el derecho de una minoría”, decía CFK.

En este marco, la movilización en las calles de la mano de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) tuvo un rol crucial, generando “ruidazos” en las grandes ciudades y construyendo consenso social. Sin embargo, el visto bueno de la presidenta fue determinante al transformarse en un compromiso político, dialogando con los suyos y llevándose consigo de viaje protocolar a China a dos senadoras que rechazaban el proyecto. El matrimonio igualitario finalmente, a pesar del rechazo en comisiones, fue aprobado en el Senado con 33 votos positivos, 30 negativos y 3 abstenciones. Las seis ausencias fueron claves.

Tanto el divorcio vinculante como el matrimonio igualitario contaron con el rechazo de la Iglesia, pero en ambos casos, a pesar de sus dictámenes y pronósticos negativos, salieron, con el compromiso tanto de Ricardo Alfonsín en la primera normativa, como de Cristina Fernández de Kichner en la segunda, y por supuesto con un consenso conseguido en las calles, movilización de por medio.

Mañana se esperan al menos dos millones de personas en las inmediaciones del Congreso, y otras tantas en distintos puntos del país de la mano de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, según anticiparon en la última conferencia de prensa. Desde esta colectiva afirmaron que, lograda la “despenalización social”, es tiempo de que los legisladores hagan lo propio y consagren una ley que legalice la práctica.

En este marco, ¿cuál es el rol que jugará el Ejecutivo de Mauricio Macri frente al derecho de más de la mitad de la población del país? ¿Asumirá un compromiso político como sus antecesores o su tibieza nos seguirá arrojando al aborto clandestino? Cambiemos en el Senado tiene veinticuatro senadores: dieciséis votan en contra, aportando mayoría a la negativa la Unión Cívica Radical, con nueve votos. En este marco, el presidente, quien se jactó de haber habilitado un debate inédito, puede tener una oportunidad para saldarlo y adjudicarse un triunfo cuando los ojos del mundo están proyectados hacia Argentina: cuarenta pañuelazos verdes en todos los continentes, contratapa del New York Times, la recomendación de Amnistía Internacional y las exigencias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y de la propia ONU podrían jugar a favor en un escenario tan adverso.

En este marco, ¿Cuál es el rol que jugará el Ejecutivo de Mauricio Macri frente al derecho de más de la mitad de la población del país?

Es difícil esperar buenas noticias de Mauricio Macri cuando su vicepresidenta es la primera opositora dentro del Senado, cuando el jefe de gobierno de Capital Federal, Horacio Rodríguez Larreta, se niega a ceder la Plaza de los Dos Congresos para la gran movilización del día de hoy, mientras blinda con vallas, policías y brigadas antiexplosivos desde anoche la ciudad, sin brindar garantía alguna al movimiento de mujeres.

Será la fuerza en las calles la que buscará torcer el brazo a los senadores para conquistar un derecho. Hasta ahora, el movimiento de mujeres viene haciendo historia, haciéndole frente a la hostilidad del Senado, creciendo día a día, generando lazos, alianzas y hermandad a cada paso; gritando que la maternidad será deseada o no será. Es hora entonces de que los 72 senadores escuchen a millones y de una vez por todas hagan historia, una más justa, donde las mujeres no seamos arrojadas cada 41 horas a la clandestinidad, sino que tengamos la seguridad de ser dueñas de nuestros cuerpos.