Por Ramiro García Morete

“Baila primero. Piensa después. Es el orden natural“. Algo así parece que dijo Samuel Beckett. Algo así habrá pensado, precisamente, esta banda de guitarras que dos años atrás notó que esos dos o tres temas bailables que cerraban sus shows clamaban por convertirse en el eje y espíritu de todo el espectáculo. Tras el simple “Esqueleto” y la convicción de sacudirlo, Laika Perra Rusa llevó su experimentación y su lado animal a la pista (de despegue), viajó a décadas pasadas y aterrizó en tiempo presente con Marcha I, un disco breve y potente que invita a mover el cuerpo.

“Arrancamos a construir un vivo que tuviera la temperatura que nos imaginábamos y que conectara con el público de toque”, introduce Gido Dalponte, vocalista de la banda. “La intensificación del espíritu del baile en Laika (y quizás como rasgo de época) no sabemos bien a qué responde… quizás a liberar un poco de esa violencia que aparece todo los días, todo el tiempo.”

También guitarrista, vio como paulatinamente “los sintetizadores pasaron al frente. Por otro lado, un concepto que fue pilar en el armado de las canciones fue el de eliminar las guitarras rítmicas como sonoridad constante. Queríamos que la guitarra jugara a ser un sinte más. Para eso se elaboraron una serie de ruidos que permitían que aparezca más como un fx que como una guitarra rockera”.

Y agrega: “También grabamos muchas entrevistas y audios de movilizaciones que nos parecía que ayudaban a transmitir la idea total del disco. También le dejamos lugar a las percusiones y percusiones electrónicas. Quizás eso le quita la solemnidad a un disco como Marcha y lo hace más tropical.”

Generalmente, desde lo lírico, el beat bailable exige ser más conciso y directo. Dalponte adhiere: “Hay una intención muy concreta en el disco de decir las cosas de frente. Eso, sumado a cierta síntesis poética que buscábamos, nos dio como resultado letras cortas pero extendidas, loopeadas y variadas a lo largo de todo un track. Creo que en la repetición hay una riqueza que está oculta, y en cada vuelta vas develando un poco”.

Desde algunas referencias explícitas hasta el nombre (así le decían a la música bailable en esa década), hay mucha reminiscencia noventosa. La banda tiene sus razones por tal fascinación: “Nos resulta llamativo el eterno retorno. Como que estamos en un espiral donde las experiencias se repiten pero maquilladas, entonces, hacer un tema que describa los noventa funciona muy bien para hablar de 2018. A nivel sonoro, buscamos bastante en el pop de los ochenta y los noventa, sobre todo porque es lo que escuchamos de chicos y eso un poco queda dando vueltas, pero también en referencias a Mano Negra y la música combativa de la primera postmodernidad”.

Si embargo, el presente no está ausente cuando entonan “La revolución de la alegría cuesta cinco cero cero cero cero” y todos esos dolorosos ceros que ya sabemos que faltan. “Lamentablemente, no podemos cantar canciones de amor si todo se está prendiendo fuego”, responde lapidario.

En todo ese proceso, fue esencial el aporte del productor: nada menos que el gran Shaman Herrera. “El laburo con él fue de ordenar a la tropa para entrar a grabar. Funcionaba como director técnico en los ensayos y como gurú musical en el post de las reuniones. Fue muy enriquecedor el tiempo de ensayos compartidos, cuando ponía la lupa en algo muy puntual y nos hacía desarrollarlo para que de ahí florezca el tema. También nos animó a profundizar el trabajo con grabaciones y entrevistas. Descubrimos su costado fanático de Pink Floyd y nos cayó alta ficha”, relata el músico.

Mientras de fondo sonaban artistas como Hot Chip, LcdSoundsystem, Mitú y Alex Anwandter, la banda grabó el disco “en vivo, los cinco juntos, en Estudio Tolosa en septiembre de 2017; después seguimos el proceso en Ventana Roja, grabando voces y mil capas de sonido que hacen a la textura final”.

Como indica su nombre, se trata de un relato en partes: “Está compuesto de quince canciones: una salió en formato single en abril con Esqueleto; Marcha I y Marcha II están integrados por siete canciones cada uno. Ya estamos avanzando con la segunda parte como para lanzarla a principios de 2019”. Si bien las energías están focalizas en ello, la banda planea algunas giras y, por lo pronto, una fiesta de lanzamiento este sábado 11 de agosto a medianoche en Pura Vida (Diag. 78 e/ 8 y 61).