Por Ramiro García Morete

Cuando tenía doce años, posiblemente los compañeros de Tomás Vilche celebraran ciclos televisivos como Cebollitas o Chiquititas. Pero el preadolescente de Comodoro Rivadavia tenía pegadas en sus carpetas fotos de los Rolling Stones, los Ratones Paranoicos, bandas inglesas como Oasis o Blur y la inminente Turf. En el centro de todo se destacaba la cara de David Bowie, quien ese año había editado un álbum que fascinó al delgado gurrumín: Earthline.

Al parecer, siempre le atrajo todo lo que cruzara los límites de la Tierra y desde chico ya dedicaba horas y horas a escuchar discos. Aunque no entendiera algunas cosas como aquella etiqueta de “producido por…”. Pero cuando en 2002 dejó su ciudad y llegó a La Plata –aunque estudiaría Composición en la Universidad de Quilmes–, supo que ese vuelo espacial que le generaba la música se producía, precisamente. Y estaba listo para tripularlo y comandarlo si hacía falta.

Mientras la capital bonaerense daba luz a los años felices del indie, La Patrulla Espacial proponía un viaje de blues y lisergia por el espacio exterior.

Traspasando los veinte, formó con tres pibes más del sur la banda que mezcló Pappo Blues y Manal con Spaceman 3 y una lectura contemporánea. Mientras la capital bonaerense daba luz a los años felices del indie, La Patrulla Espacial proponía un viaje de blues y lisergia por el espacio exterior. Con su amada guitarra Parker Fly y una voz que uno asociaría a un señor corpulento de barba, editaría grandes discos hasta luego tomar su camino propio con los Bluyines. Con más rock stone que blues, pero siempre mirando al espacio interior y exterior, ya pocos le dirán por su nombre sino como lo bautizaron sus compañeritos al ver su carpeta: Boui.

“Me gusta más ese apodo que si me dijeran, por ejemplo, Turf”, bromea Vilche. Junto a María Coria fundó un proyecto a fines de la década pasada, cuando no hallaba lugar para sus composiciones en La Patrulla. Si bien tendría otros integrantes y nombre de bandas, Bluyines iba a ser y es la nave de Vilche. Muchas de esas primeras canciones dieron paso a otras a la hora de grabarse, hasta que finalmente lanzaron hace unos días “Rayo de luna”, un rock & roll volador y reverberante que anticipa Space Stone.

“Con el paso del tiempo escuchamos esos bocetos y nos dimos cuenta de que estaban buenísimos. Y es lo que hicimos el año pasado. Regrabar todo. Así que toqué todos los instrumentos y produjimos y armamos las letras con María. Es una forma de cerrar una primera etapa de los Bluyines”. Con algunos cambios de formación –la partida del baterista Imanol Sánchez, el tecladista Julián Rossini y el armoniquista Chavo Romero– y con Matías Lucero aún en bajo y Marcos Domini en guitarra, la banda/solista no dio rodeos en el nombre del nuevo álbum: “La idea era que el título fuera ese porque se definía como si fuera un género. A mí me gusta mucho el space rock, esa especie de banda que retoma el blues y rock más clásico y les mete una dosis de psicodelia. Pero no de solos y zapadas, sino psicodelia espiritual… Se me viene Spiritualized, precisamente. Y a la vez, en Argentina, decir stone marca algo muy genérico”.

Rockdelia guitarra

Si bien este material lo grabó solo, proyecta también un EP de cuatro canciones donde sí participa el resto. Como fanático de los Stones, Vilche gusta de jugar con el diálogo entre guitarras. “En cualquier otra de las grabaciones de los Bluyines siempre hay más de dos violas. O sea que eso no va a faltar. Al ser guitarrista, me gusta tener otro enfoque. Por ahí yo pienso una línea para que la toque Marcos y él la saca y le pone su propia marca”. Según anticipa, el EP en cuestión retomará el groove de temas como “El tiempo vuela”: “Tienen por ahí un beat más disco, más Miss you, que nosotros lo habíamos insinuado en algunas canciones, con bombo en negra. Jugué un poco más con eso. Siguen teniendo el juego guitarrístico…”

“A mí me gusta mucho el space rock, esa especie de banda que retoma el blues y rock más clásico y le mete una dosis de psicodelia”

Para Vilche, solo o acompañado, “la idea es no dejar de tocar, componer y grabar. Por suerte yo tengo un microfonito en casa y voy grabando demos, pedacitos de canciones todo el tiempo. Los Bluyines nunca fue pensado como banda sino que era un montón de pedazos de canciones que no iban a entrar en La Patrulla. No lo pienso tanto así, de salida y entrada. Sino que es como mi vía de escape a hacer mi música. Ahora estamos también un poco parados con los shows en vivo, porque estoy tocando en Bestia Bebé, que tiene muchos shows. Eso me gusta. Y en momentos libres no quiero dejar nunca de hacer mis canciones. Todo va yendo a la par”.

Vilche no se considera un obsesivo del sonido, pero “sí me interesa mucho la producción. Desde muy chico escucho música y me interesó. No sólo dentro del rock y el pop, porque también tomé cosas de la electrónica y cómo los tipos que no eran los músicos hacían sonar una batería más alta para generar ciertas cosas. O una banda de dos guitarras, una de una manera y otra distinta. Y empecé a buscarle el gustito. Más que nada para entretenerme yo cuando después lo escucho. Para que tenga algo que me llame la atención, para que aparezca un sonidito donde no había, para que tenga más riqueza la canción. Ornamentarla de un modo que me parezca apreciable. Pero tampoco me enrosco demasiado. Hoy por hoy trato de encontrar el género, lo colores que necesito para esa canción, y le doy para adelante”.

Escuchá Bluyines: https://losbluyines.bandcamp.com/.