Por Carlos Barragán

Hace algunas semanas, la Negra Vernaci me convocó para volver a hacer radio con ella. Y volví y me sentí muy contento porque parecía que no había pasado el tiempo. La onda con la Negra, con Tortonese y los demás estaba igual, como el cariño. Y en lo profesional también, según dicen los que no olvidan cómo andar en bicicleta. Volví sintiendo que recuperaba un poco de mi vida como laburante de radio sin generar conflictividades políticas, porque, si bien el humor siempre es político, se puede ser menos explícitamente peronista. Así que sentí que era una oportunidad de tener un trabajo más liviano, pero no calculé que la Negra venía criticando muy duro al gobierno. No quiero pecar de egocéntrico, pero supongo que llevarme a mí a hacer aire fue otra forma suya de criticar al gobierno, cosa que el gobierno no digiere. La radio entonces, y es una casualidad muy improbable, decidió que tenía que ajustar y pagarle menos a los trabajadores. Y claro, no eligieron los programas de periodistas gelatinosos, eligieron el programa de la Negra. Ella, con lucidez, dijo que hoy hay más plata por callar que por hablar, porque si te callás te dan más pauta. Y se quedó sin ese trabajo junto con Tortonese y varios más. Yo también volví a perder un trabajo que recién había conseguido. Pero la verdad es que no siento haber perdido nada. La valentía de Vernaci y su gesto de dignidad y compañerismo fue la mejor forma de volver a la radio, aunque fuese por un ratito. Mientras tanto, dos de mis compañeros de “Todos en Cuero”, Gaby y Salasa, se quedaron sin trabajo. Gaby porque borraron la programación de FM Delta, Salasa porque trabajaba con Vernaci. Anécdotas de la ruina colectiva. Es que aquel pronóstico de “se viene lo peor” ya empezó a llegar, este es el principio de lo peor. Menos trabajo, más represión, más aumentos, más cinismo, castigos a los sindicatos, más y más pobreza en un Estado que aplica la angustia sobre sus habitantes como en el viejo libro Un Mundo Feliz se les suministraba “soma”, la pastilla de la insensibilidad alegre. La angustia de los diarios de hoy es esta estupidez de la exmujer de un chofer que dice que su exmarido tenía anotados los bolsos con dinero que llevaba para un secretario. Un guión que el miserable muñeco inflable de Clarín ya utilizó varias veces. El guión esta vez incluye la indagatoria de Cristina y la amenaza de ser secuestrada igual que Milagro Sala, De Vido, Esteche y otros compañeros. Los sindicatos ahogados financieramente para doblegarlos es otra de las nuevas armas, junto con las armas de fuego que la traficante Patricia le vende al Estado nacional. Lo cierto es que no estamos en condiciones de que se reabran las empresas, de que bajen los precios de alimentos y servicios, no podemos hacer que Patricia devuelva los fierros, que los militares vuelvan a funcionar como antes, que las paritarias se respeten, que nuestros amigos y nosotros volvamos a conseguir trabajo, que los tribunales dejen de secuestrar opositores, y por supuesto que no podemos evitar que el periodismo con alcance masivo desista de callar, mentir y hacer propaganda para los ocupantes de la casa de gobierno. Lo que sí podemos hacer es escupir la pastilla de angustia que nos administran cada día. No por una cuestión de salud personal, sino porque desde hace un tiempo cada una de las medidas que toma el fascio gobernante es señal de su debilidad, de su caída, de su falta de futuro, de su malhumor y su desesperación. La censura a Vernaci para darle voz a otro periodista insignificante y sistémico es otra prueba de lo inseguros que se sienten. El régimen de estos delincuentes no tiene manera de sostenerse, y si su fantasía es que con balas van a poder continuar el plan de destrucción, se equivocan. Este pueblo aprendió que a las balas no se las combate con balas ni entregando su sangre, aprendió que los periodistas no los defienden, aprendió que el FMI mata, aprendió muchas cosas. Y hay que dejar la angustia porque el régimen en su momento más glorioso tuvo la voluntad de la mitad del electorado. Hoy, en su momento más patético, son muy pocos lo que lo apoyan, muy pocos los que volverán a votarlo, muy pocos los que están conformes con este presente. No dejemos que nos engañen los trolls, los medios mafiosos, y dos o tres termocefálos de nuestro entorno. Macri, sus secuaces y sus jefes saben que quedarse es más una quimera que una probabilidad. No les permitamos que se vayan como a ellos les conviene. Deben irse perdiendo una elección y para eso tenemos que ponernos a trabajar, porque es posible, porque es lo que va a suceder. Pero las bestias malheridas usan el máximo de su ferocidad y no hay que acercarse demasiado cuando dan sus últimos zarpazos. En sus momentos finales hay que ser más cuidadosos que nunca. Ni asustados, ni enojados: políticos.