Por Ramiro García Morete

Las Ellas son esta, esa o aquella. No tienen nombre pero sí identidad. Y a la vez son ellas pero podrían ser otras. Cada una tiene su historia. El punto –y quizá es la esencia de cualquier lenguaje artístico– es cómo se cuenta esa historia. Y en Las Ellas se cuenta a través de una obra de circo. “Cuando ponés que es una obra de circo, muchos presuponen que es algo divertido y para niños”, dirá Celina Bragagnolo, quien junto a Marina Coronel y Adela Deschamps es una de las creadoras y protagonistas de esta historia que se cuenta desde el diálogo, pero fundamentalmente desde el cuerpo y la destreza a través de tela, aro, trapecio y danza. En definitiva, de los elementos de una disciplina que también tiene su historia y, por supuesto, no se reduce a una carpa y un payaso.

Las Ellas forma parte de las producciones artísticas surgidas en el seno de Club Cultural Lucamba (67 y 117) a través de El Obrador Cultural y sus diversas compañías. Lucambaret fue el número de circo en el que, junto a otros artistas, unió a las tres protagonistas.

“Cuando quedamos nosotras, teníamos intención de hacer una obra que no fuera varieté”, evoca Bragagnolo. “Lucambaret –que se trataba de un cabaret venido a menos con mujeres que trataban de sobrevivir– era más que nada una secuencia de números. Lo que nosotras propusimos fue hacer algo un poco más con contenido y pensando qué queríamos contar”.

El proceso implicó más de un año y medio pensando “qué quería cada una de su personaje. Así, llamamos a una amiga que es dramaturga (Julieta Isla)”. Combinando audios de voz y pequeños textos, la historia muestra a tres mujeres que viven en un edificio “que no tienen nada que ver una con la otra, pero que terminan compartiendo algo que en principio es un lugar pero que además es el de ser mujeres”.

Y extiende: “Las Ellas es porque ninguna tiene un nombre en la obra. Como para también mostrar que puede ser cualquiera la que está ahí, no personalizarlo, como nos pasa a todos. Cada una tiene su lugar propio y no sé si sus traumas, pero sí sus cositas. Es como una foto de cada una. Tenemos diálogos y en ellos salta la personalidad de cada una. No es trágico, es de la vida cotidiana”.

Bragagnolo asume entre risas que hay que inventar desafíos para no aburrirse. Y uno tuvo que ver con la actuación. “Es difícil. No somos actrices, pero la tiramos a ver qué pasa. Yo trabajo de esto y estoy siempre sobre un escenario, siempre le ponés una intención. Aunque te toque o no decir algo. Con el cuerpo y los gestos también decís.”

Al igual que los personajes, “venimos de distintos ámbitos”. Coronel es investigadora y hace circo hace un montón de tiempo, además de haber hecho danza de chiquita. Deschamps es psicóloga y hace tela y acrobacia. Bragagnolo es la única profesional: “Estudiaba sociología, trabajaba en un Ministerio… Era una persona (risas). Toda la vida hice gimnasia artística y alrededor de 2001 comencé a tomar clases de circo en la escuela gratuita provincial”.

La pasión y el perfeccionamiento continuaron hasta un momento clave. “En el verano de 2005 decidí irme a trabajar a un circo. ¡Me pedí dos meses de licencia! Casi me echan y me hicieron recuperar cada una de las horas. Al siguiente año me llamó un amigo que había abierto una escuela municipal en San Martín. Así que renuncié al trabajo y ya no volví nunca más.”

Intérpretes: Celina Bragagnolo, Marina Coronel, Adela Deschamps.
Dramaturgia: Julieta Isla.
Sonido e iluminación: Santiago Cordisco Gonzalez.
Voz en off: M. Eugenia Molinuevo.
Seguridad y montaje: Esteban Trindade.
Vestuario: María Gianina Gioiosa, María Creimer.
Fotografía: Elisa Deschamps.
Colaboradores: Santiago Culacciati, Esteban Trindade.
Creación y puesta en escena: Celina Bragagnolo, Marina Coronel, Adela Deschamps.