Por Darío G. Martínez*

En otras de sus declaraciones antológicas, la diputada nacional Elisa Carrió invocó a la entrega de propinas y la dádiva de las changas. Una clase media abstracta tiene que hacer el esfuerzo de entregar parte de sus excedentes en forma caritativa, en virtud de colaborar con un prójimo que le satisface una necesidad. Pasó un tiempo de sus afirmaciones en TN, en el programa de televisión de Joaquín Morales Solá. Carrió se hizo meme, se viralizó, y parece que los efectos performativos de su palabra quedaron en el olvido. La propina se convirtió en loop, en fotomontaje con Carrió en situaciones hilarantes. El meme se disuelve, se difumina; los sentidos político-culturales que permitieron su emergencia perduran y se consolidan en el realismo capitalista vernáculo.

La propina y la changa como única estrategia económica se montan sobre la pregunta que formuló el sociológo francés Françoise Dubet: “¿Por qué preferimos la desigualdad?”. El interrogante deja en suspenso que las prácticas políticas favorecen la desigualdad, aunque en el plano enunciativo se sostenga lo contrario. Dubet señala: “Los individuos no buscan las desigualdades, pero sus elecciones las engendran”. Ensaya una respuesta posible al indicar que parte de este conflicto se anuda en una crisis de la idea de solidaridad occidental. El primer fundamento de la solidaridad es la interdependencia de las actividades económicas y sociales, porque no podemos hacer todo nosotros mismos. El segundo es de naturaleza política, porque los seres humanos aceptamos ser solidarios y renunciar a la violencia y dejarlo todo en manos del Estado. El tercer fundamento se inscribe en un registro más simbólico, de fraternidad, en los términos de Dubet, porque adherimos a mitos y relatos que nos definen como hermanos.

El punto de quiebre de la solidaridad se amplifica a partir de instalar un principio de igualdad de oportunidades meritocrática. Aquí es el terreno fértil del macrismo y de las expresiones de la diputada Carrió, donde la competencia continua se vuelve regla. Presentan de manera ingenua la creencia en la justicia meritocrática que impregna fácilmente todo el sentido común. La igualdad y el mérito pueden colaborar entre sí, no son antagónicos per se, porque si hay un otro que no se “esfuerza” no merece un reconocimiento. Así comienza a fracturarse la solidaridad, se instala la sospecha hacia quien no conocemos porque no lo vemos vívidamente esforzarse. Por lo tanto, es infructuoso que el Estado genere políticas públicas universalistas porque, en términos de la meritocracia, sólo se puede ser solidario con quien se conoce.

En la propina y en la changa de Carrió se esconde una escena de servidumbre. Sólo es posible donar una parte de nuestro excedente clasemediero a quien nos sirve, esa es la única solidaridad posible para esta diputada y su alianza gobernante. El Estado desguazado y la ampliación de derechos son hostigados por acciones políticas que tienden a relegar a la solidaridad, en abstracto, a acciones caritativas. Este es uno de los puntos de clivaje de la acción de gobierno de Macri. No fueron declaraciones que se desenganchan de todas las acciones donde Cambiemos continúa eligiendo la desigualdad.


* Investigador becario del Conicet-Comedi-FPyCS.